P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

por Javier Bauluz

No sé quién era quién,  pero yo me sentí como un alienígena al salir, con mi hijo de 12 años, de la película de dibujos animados con el título de este post. Menos mal que no duró unos segundos más, ya que sino hubieramos sido atropellados en la misma puerta del cine. Acababa de encender un cigarro y observaba a los niños, jóvenes y adultos que había a mi alrededor. Unos ligaban, otros jugaban o paseaban por la plaza peatonal. Paz y tranquilidad de sábado tarde en Gijón.

Fue entonces cuando lo ví. Un joven negro con una expresión extraña venía corriendo hacia nosotros. Busqué la causa de su carrera y antes de que nos rebasara rozandonos, ví al policía. Iba subido en una potente moto e intentaba dar caza al ciudadano mientras por la acera sorteaba como podía a los sorprendidos y alarmados peatones,  grandes y pequeños. La moto pasó rápido a nuestro lado mientras el supuesto peligroso delincuente doblaba la esquina a 10 metros. Confieso que por unos segundos me quedé desconcertado, no sabía si estaba en la película y quién era monstruo o alienígena.

Tras comprobar que mi hijo y los hijos de los demas estaban vivos, le dije a mi niño: “¡vamos!”,  y como buenos periodistas corrimos tras ellos.  Al doblar la esquina vimos al joven que volvía corriendo en nuestra dirección por la acera de enfrente, al fondo el policía, parado e intentando girar la gran moto.  Después aceleró, saltó sobre la acera, esta vez sin peatones, y continuó la persecución. Levanté la cámara y disparé antes de que la moto bajara de la acera y girara la esquina. Corrimos otra vez y vimos al policía local parado en una bifurcación. Del hombre que huía ya no había ni rastro.

Me pregunté que terrible crimen habría cometido aquel hombre perseguido para ser objeto de una caza tan denodada y peligrosa para los ciudadanos inocentes.  Por desgracia estoy habituado a cambiar los conceptos, monstruos por alienígenas y viceversa, así que nos encaminamos a comprobar si mis sospechas podían ser absurdamente ciertas. Tras andar menos de cien metros nos encontramos en el Muro de la playa con varias motos, coches y policías, ademas de pequeños grupos de personas reunidos. Fotografié a un policía metiendo bultos en su coche.

Preguntamos a varias personas si habían visto que había pasado. “Vino a la policía a detener a los inmigrantes que venden cds en mantas y estos huyeron corriendo. A uno de ellos lo atropelló ese Mercedes grande. Dió una voltereta y  quedó en el suelo. Cuando los policías se acercaron a cogerle se levantó y salió corriendo a duras penas. Una moto salió a perseguirle”. Por eso llevaba aquella cara extraña el alienígena o ¿era el monstruo?. Iba conmocionado, pero el miedo le daba fuerzas para correr.

El hombre del Mercedes hablaba con los policías, supongo que del “incidente” y de la delantera de su coche abollada y del parachoques desencajado. Más problemas para el más que posible pasajero de patera. Sobrevivir al mar para dañar a un Mercedes y morir atropellado no es un buen final.

Pero ¿por que se jugó la vida dos veces más hoy?. ¿Por qué huyó cruzando el tráfico? ¿Por qué, ya atropellado, encontró fuerzas para levantarse y correr? ¿Por qué con la moto detrás siguió huyendo? ¿Por qué?. ¿Por qué tenía tanto miedo?. La mayoría de los ciudadanos, mientras compran los cds piratas, creen que cuando los inmigrantes salen corriendo con sus mantas perseguidos por la policía, es para evitar que les requisen sólo su miserable forma de vida. Tal vez creen que también les pongan una multa o que los tengan enchironados una noche, para que aprendan que la propiedad privada, intelectual, es tan sagrada como el Mercedes posiblemente asegurado  a todo riesgo gracias a una “barata” póliza. Aunque tengan hambre, sed y lleven años pasando miedo, angustia, frío, dolor y soledad en su largo camino hasta el paraíso de Gijón y no tengan papeles para trabajar con derechos.

La realidad es otra. Y no por menos conocida menos real. ¿Pero, a quién le importa?. Son alienígenas, ¿o son monstruos?. Desde hace años trabajo sobre la inmigración y cada día veo más claro que, tal vez ellos sean alienígenas, pero los monstruos somos nosotros. Ese hombre pobre escapaba de los seis meses a dos años de carcel que le podrían caer, según el artículo 270 del Código Penal. Además de poder ser deportado y de una impagable multa que equivale a 12 a 24 meses más de cárcel.

Según cuenta Público: “Un año de cárcel por vender DVD falsificados en la calle. Es la pena que acaba de cumplir Alioune, un mauritano de 27 años que hace 10 días salió del Centro Penitenciario Madrid 6-Aranjuez: “Han sido los peores 12 meses de mi vida”. Es una locura que se les sancione con la cárcel”, dice Marta Malo, de la organización Punto Mantero. En países como Italia, la sanción es sólo económica. La SGAE aboga por la cárcel porque “no es lo mismo vender CD que tomates”. En el caso de Alioune, la pena que le impuso el juez fue de seis meses de cárcel y 12 de multa. Al no poder pagar la parte económica ganaba entre 150 y 200 euros al mes y enviaba 40 a su familia, su encierro en el centro penitenciario se amplió seis meses más. Él era una de las 63 personas que cumplían penas de prisión por delitos contra la propiedad intelectual.”

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Con vistas a la cercana reforma del Código Penal, un grupo de jueces  y ongs ha solicitado reducir las sanciones y despenalizar el top manta porque consideran “desproporcionada” la condena y abogan por considerar esta actividad como una falta en vez de un delito, cuando la mercancía no supere los 400 euros. También sugieren que las penas sean de multa, sanciones administrativas o servicios a la comunidad. Por otro lado hay una campaña de recogida de firmas que reclama “que se otorgue de oficio el indulto particular total a todas las personas que cumplen pena de prisión por mera exposición o venta al por menor de copias pirata”. Además ante el previsible gran número de sentencias por llegar reclaman que “el Ministerio de Interior sobresea los expedientes abiertos”.

No sé que habrá pasado con el huido, tal vez haya sido detenido en el hospital, si fue allí tras darse cuenta de que estaba herido. Tal vez tenga que pagar los daños del coche, resistencia a la autoridad, dos años de càrcel o ser deportado a la miseria de su país. Y todo por querer comer y trabajar con derechos. Sé que con esta pequeña historia se cuenta parte de la gran historia de la inmigración y nosotros.

Y a mí no me extraña que el alienígena negro huyera como alma que lleva el monstruo en que nos hemos convertido.

PD. Aqui podeís ver la versión de mi hijo en su blog y la de un diario al que informamos

“Es indecente usar el derecho penal para defender la propiedad intelectual”