P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

  • Adriana Espinosa asegura que acudió “por curiosidad periodística” y para hacer un trabajo académico.
  • Registraron su casa, se llevaron su ordenador y analizaron sus archivos personales.

Una estudiante Erasmus acude a una manifestación en Turquía al mes y medio de llegar al país. Cuatro semanas después, descubre que podría ser condenada a “cumplir hasta cinco años de cárcel o pagar hasta 50 millones de euros”, según la ley, por delito de propaganda del terrorismo. Ése es el resumen del calvario que está viviendo Adriana Espinosa, sevillana de 24 años que está terminando Periodismo y que espera en España a que se celebre su juicio a principios de julio.

Adriana Espinosa, estudiante de periodismoEn conversación telefónica con P+DH, y por si alguien necesitara alguna explicación de qué hacía Adriana en una manifestación, la estudiante aclara que acudió por curiosidad periodística para “un trabajo para la Facultad sobre la libertad de prensa en Turquía” y que se trataba de una pequeña concentración pacífica “de unas 100 personas en apoyo de los derechos del pueblo kurdo”, al que pertenecían sus compañeras de piso, convocada por un partido político legal, el DTP. Si bien es cierto que algunas facciones de esta formación están supuestamente vinculadas con grupos que la Unión Europea y el estado turco considera terroristas, la concentración transcurrió sin ningún tipo de incidente y “se disolvió cuando la Policía dio la órden”.

La vida siguió normalmente y Adriana incluso se fue de viaje a Siria. Pero al volver, el portero de su edificio le contó que la Policía había registrado su casa, había detenido a sus compañeras de piso y se había llevado documentos de su ordenador. Documentos que las autoridades turcas “han considerado propaganda del terrorismo” a pesar de que “fueron descargadas de páginas legales, porque las ‘ilegales’ están bloqueadas en Turquía”, matiza Adriana.

Así se lo hicieron saber un mes después, cuando fue llevada por la policía ante un fiscal. “Me interrogaron, sacaron un dossier con fotos mías en la manifestación y datos de mi familia”. Adriana estaba acusada de “dirigir, coordinar y participar” – acciones que se consideran equivalentes en el código penal turco para estos casos – “en manifestación ilegal”.

Miedo a partir de entonces. Que personas bien informadas le confesaran que este tipo de espionaje a los estudiantes “es común” y que era posible que tuviera el teléfono y el correo electrónico intervenidos provocaron su decisión de abandonar su piso, perder el contacto con sus compañeras – a una de ellas “la ví alguna vez, pero no me acerqué a hablar con ella” – e incluso no decirle nada a su familia. Dejó de publicar en su blog. Volvió a España.

Se encuentra en Sevilla. Se ha decidido a contar su historia para reclamar protección a la Universidad y denunciar una persecución policial injustificada. “Algunos amigos me dicen que esto me pasa por moverme y meterme en líos; pero digo yo que no podemos encerrarnos y vivir en islas privilegiadas sin tener un mínimo de curiosidad por el mundo”.

Adriana ha hecho pública su propia narración de los hechos, con detalles que alguien perfectamente podría llevar al cine para hacer un thriller de éxito. Veremos con qué final.