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Las organizaciones de derechos humanos sospechan que “pudo haber al menos dos muertos más” en los altercados de aeropuerto hondureño de Tegucigalpa

El tumulto, las tensiones, los disparos, los heridos y los muertos. “Todo pasó en una hora terrible y angustiante” pero previsible. Y de hecho prevista, según Mery Argucia, portavoz de una de las principales organizaciones de derechos humanos en Honduras, COFADEH . “Hubo un aviso previo a todos los médicos forenses y a los funcionarios de la morge para que estuvieran preparados. A los que no estaban en turno, les pidieron que estuvieran localizables en casa. Alguien previó que esa noche iba a haber trabajo“.

Los manifestantes se acercan a la barrera formada por soldados en el aeropuerto de Tegucigalpa (Foto: James Rodríguez)

Los manifestantes se acercan a la barrera formada por soldados en el aeropuerto de Tegucigalpa (Foto: James Rodríguez)

“Yo estuve en el aeropuerto. Fue algo multitudinario y pacífico. Pero de repente un avión pasó por encima del aeropuerto y la gente pensó que se trataba del avión del presidente Zelaya. Los manifestantes, sobre todo los jóvenes, se acercaron mucho a los militares, que cortaban el paso hacia las pistas de aterrizaje. Los militares se pusieron nerviosos y empezaron a disparar indiscriminadamente. El pánico se propagó rápidamente. Muchos corrimos para ponernos a salvo”.

En este vídeo publicado por la BBC se aprecia cómo el Ejército comienza a disparar, mientras que los manifestantes gritan a varios metros de distancia desde la valla, donde se han abierto algunos agujeros.

Casquillos de bala recogidos por los manifestantes (Foto: James Rodríguez)

Casquillos de bala recogidos por los manifestantes (Foto: James Rodríguez)

“El Ejército dice que no disparó balas convencionales sino de goma, pero dispararon ambas cosas. Hemos documentado la recogida de 20 casquillos de balas convencionales”, comenta Argucia. Las fuerzas de seguridad hondureñas niegan que se disparara con fuego real y, por tanto, niega que una de esas balas acabara con la vida de Isis Obed Murillo, el único muerto confirmado en la manifestación. Pero las organizaciones de derechos humanos sospechan que Isis no fue la única víctima mortal de la tarde del domingo.

Luis R. A. tiene 21 años y afirma que mientras a él le limpiaban las heridas sufridas en la manifestación en un hospital de Tegucigalpa, a su lado murió una mujer que sangraba abundantemente por la garganta. Es el testimonio que intenta contrastar Mary Argucia y su equipo, que no ha encontrado rastro de esta mujer en ningún registro hospitalario ni en las morgues de la ciudad. Tampoco hay rastro de un niño de 8 años al que varios testigos en la manifestación “dicen haber visto caer al suelo herido mortalmente en la cabeza, mientras trataba de huir en una estampida. Otro testigo que lo cargaba en sus brazos dijo que estaba muerto. Lo hemos estado buscando en todas las áreas de cirujía en los hospitales infantiles y no lo hemos encontrado.”

Las organizaciones hondureñas han recibido apoyo exterior. Una delegación de activistas humanitarios procedentes de Guatemala, y encabezados por la Premio Nobel Rigoberta Menchú, se han sumado a las denuncias y reprocha al Gobierno hondureño “la militarización del país y el uso indiscriminado de la fuerza sin control, que ha derivado en la violación de derechos humanos tan elementales como el derecho a la vida”. Además de las producidas durante la manifestación, se culpa al entorno golpista del asesinato del periodista Gabriel Fino Noriega, ametrallado el pasado 3 de julio “por enemistades personales” según la versión oficial. Además, se han producido “180 detenciones vinculadas con el toque de queda” que rige en todo el país a partir de las 9 de la tarde.
Repasa la cobertura en directo de P+DH de los acontecimientos del domingo.

Las fotografías de este artículo pertenecen al reportaje Tragedia en Toncontin’ de James Rodríguez, periodista gautemalteco que está haciendo un excelente trabajo sobre el terreno.