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Entrevista a Andy Worthington, autor del libro The Guantánamo Files

Por Carlos Sardiña para P+DH

El periodista británico Andy Worthington es probablemente uno de los mayores especialistas del mundo en la prisión militar de Guantánamo, un tema sobre el que escribe regularmente en su blog y en publicaciones como The Guardian, Huffington Post o AlterNet. Desde 2006, no sólo ha investigado la vida de los 774 prisioneros retenidos en el limbo legal de la base estadounidense en Cuba, una exhaustiva investigación que recoge en su libro The Guantánamo Files, sino que también ha hecho un seguimiento casi diario de la “guerra contra el terrorismo” en sus vertientes legal y política, documentando rigurosamente las violaciones de los derechos humanos cometidas en su nombre.

En esta entrevista en exclusiva para P+DH [periodismo + derechos humanos], y que publicaremos en dos partes, nos habla de temas como el futuro de los prisioneros de Guantánamo, las similitudes y diferencias entre George Bush y Barack Obama en el trato de los prisioneros de la “guerra contra el terrorismo” o el marco legal en el que el gobierno de Estados Unidos sigue librando una guerra contra un enemigo desconocido y difuso en la que, a efectos prácticos, no existe la presunción de inocencia.

P. En su discurso de investidura, Obama dijo que consideraba “falsa la disyuntiva entre la seguridad y los ideales” de su nación, y una de sus promesas electorales más importantes fue comenzar una nueva época de respeto al Estado de derecho y los derechos humanos. Sin embargo, la propuesta de “detención preventiva”, expuesta por primera vez en un discurso pronunciado en mayo, y la noticia de que la Casa Blanca está redactando una orden ejecutiva que “reafirmaría la autoridad presidencial para encarcelar indefinidamente a sospechosos de terrorismo” sugieren que Obama está dando marcha atrás en algunas de sus propuestas. Con respecto al tratamiento de los prisioneros de la “guerra contra el terrorismo”, ¿cuáles son las principales diferencias entre la administración Bush y la de Obama?

R: Hay, por supuesto, numerosas diferencias entre la administración Bush y la de Obama. No me cabe la menor duda de que Obama está totalmente decidido a cerrar Guantánamo antes de enero de 2010 y a mantener la prohibición de la tortura que la administración Bush manipuló y dejó de lado de una manera tan indignante, y tengo bastante confianza en que la administración no va a tener muchas dificultades para decidir que debe repatriar a más de la mitad de los 229 prisioneros que quedan o encontrar nuevos países en los que puedan vivir.

Sin embargo lamento profundamente que la administración mantenga demasiadas opciones disponibles y se niegue a adoptar la única política aceptable: juzgar a los prisioneros en tribunales federales o ponerlos en libertad. Como he dicho, me horroriza el proyecto de aprobar una ley que justifique la “detención preventiva” (que es lo que, de hecho, ha estado ocurriendo en Guantánamo durante siete años y medio) y también lamento profundamente que el gobierno y el congreso parezcan estar decididos a reactivar las comisiones militares, como ya expliqué con detalle en un artículo.

A decir verdad, hay otras muchas decepciones, aunque creo que a menudo el gobierno se mueve en la dirección correcta, y no cabe duda de que Bush y Cheney le han dejado un descomunal quebradero de cabeza. Para no extenderme demasiado, me centraré especialmente en la negativa de la administración a aceptar el fallo de un juez que determinaba que el derecho de habeas corpus (el derecho a cuestionar ante un juez los motivos de una detención) es aplicable a los prisioneros extranjeros “entregados” desde otros países a la prisión estadounidense de la base aérea de Bagram, en Afganistán (sobre lo que he informado aquí y aquí), y la clara incapacidad del Departamento de Justicia para modificar sus postura sobre las peticiones de habeas corpus de los prisioneros (a raíz de un trascendental dictamen del Tribunal Supremo del pasado mes de junio) con respecto a la de la administración Bush. Como consecuencia de ello han llegado a los tribunales algunos casos evidentemente imposibles de ganar, como demostraron recientemente los casos de Alla Ali Bin Ali Ahmed, uno de los diecisiete prisioneros capturados en una residencia universitaria de Pakistán, y Abdul Rahim al-Ginco, un sirio al que torturó al-Qaeda acusándole de espionaje antes de que lo encarcelaran los talibán y al que el ejército estadounidense “liberó” y envió a Guantánamo.

También debo decir que, en conjunto, la administración Obama no ha puesto en duda los fundamentos de la “guerra contra el terrorismo” de la administración Bush, que se basaba en difuminar intencionadamente las diferencias entre los talibán (un gobierno, por muy despreciable que fuera) y al-Qaeda (un pequeño grupo terrorista). Básicamente, los terroristas deberían haber comparecido ante tribunales federales para ser juzgados como delincuentes y los soldados deberían haber sido retenidos en calidad de prisioneros de guerra, protegidos por las Convenciones de Ginebra, hasta el final de las hostilidades.

De haber sido así, ahora no estaríamos discutiendo si es legítimo continuar reteniendo a prisioneros relacionados con una operación militar determinada –derrocar a los talibán e instaurar un nuevo gobierno en Afganistán– cuyo objetivo se alcanzó hace años. Sin embargo, tal y como están las cosas, la administración Obama ha renunciado al uso de la expresión “combatientes enemigos” para referirse a los prisioneros de la “guerra contra el terrorismo”, pero no ha acabado con la lógica falsa de retener a prisioneros sin considerarlos sospechosos de un delito o prisioneros de guerra, y eso es precisamente lo que debe hacer, y también asegurarse de que no vuelva a suceder jamás.

P: Ahora que Obama va a cerrar Guantánamo, ¿qué futuro les espera a sus prisioneros? ¿Podrías explicar brevemente las diferentes opciones que el gobierno estadounidense ha planeado para ellos?

R: En un importante discurso sobre seguridad nacional pronunciado el 21 de mayo, el presidente Obama demostró una desconcertante habilidad para mantener demasiadas opciones sobre la mesa al presentar cinco posibles procedimientos para los prisioneros de Guantánamo: excarcelación o traslado, juicios en tribunales federales, juicios en una versión remozada de las comisiones militares (los “juicios a terroristas” que puso en marcha Dick Cheney en noviembre de 2001) y detención indefinida. Tras el discurso de Obama y el anuncio, hecho al mismo tiempo, de que uno de los “detenidos de alto valor”, Ahmed Khalfan Ghailani, presunto cómplice de los terroristas que perpetraron el atentado contra las embajadas africanas, sería juzgado en un tribunal federal de Nueva York, expliqué que “el establecimiento de un sistema de dos niveles –de tribunales federales por un lado y de comisiones militares por el otro– tiene todo el aspecto de ser una receta para el desastre”. Pero me preocupaba todavía más la posibilidad de la detención indefinida y entonces escribí que “pediría a cualquier ciudadano que crea que, en los países que blanden con orgullo el estandarte de la civilización, los seres humanos tienen el derecho fundamental a vivir como hombres y mujeres libres, a menos que sean arrestados, acusados, juzgados y condenados por un delito, que se oponga a la idea de que cualquier tipo de ‘detención preventiva’ sea nada más que la traición más radical a nuestros valores fundamentales”.

P: Obama encargó al secretario de Defensa Robert Gates que revisara las condiciones en que viven los presos de Guantánamo para garantizar que el centro cumple las prescripciones de la Convención de Ginebra. El Pentágono entregó un informe en el que concluía que la prisión cumple las demandas de la Convención. Sin embargo, periodistas como Jeremy Scahill han mostrado que algunas de las prácticas más brutales empleadas en el centro no han cambiado desde que Obama hizo su promesa de convertirlo en un lugar más humano. ¿Qué ha cambiado en Guantánamo desde que Obama accedió a la presidencia?

R: Ha habido algunos cambios positivos. Tal y como expliqué en un artículo escrito en febrero, después de que el Pentágono publicara su informe, “Gitanjali Gutierrez, una abogada del Centro para los Derechos Constitucionales, señaló que las autoridades de Guantánamo ‘han incrementado recientemente las posibilidades de recreo e interacción social de los presos’ y Candace Gorman, abogada de dos de los prisioneros, corroboró estas afirmaciones al describir en su página web, The Guantánamo Blog, una visita a su cliente, Abdul Hamid al-Ghizzawi, el 4 de febrero”.

Gorman escribió: “En el campo 6 han puesto en marcha ‘veladas de cine’. Imaginad mi sorpresa cuando el señor al-Ghizzawi mencionó una película que había visto una semana antes de mi visita. En realidad, le interrumpí en medio de la frase y le dije: ‘Disculpa, ¿velada de cine? ¿Cuándo ha empezado eso?’. Entonces él me explicó que les ponían una película por la noche a la semana desde hacía un par de semanas.

”Naturalmente, le pregunté si había alguna otra novedad y me dijo que habían desmantelado las cuatro jaulas que componían la zona de recreo del campo 6 y ahora había una gran jaula y otra pequeña. Ahora pueden salir ocho hombres juntos a la jaula grande y la pequeña está reservada para los presos castigados. Es muy triste que eso suponga una mejora importante, pero lo es. Brinda a los hombres una oportunidad de hacer vida social, una oportunidad de formar parte de la humanidad, en lugar de verse atrapados en un aislamiento total.

”El último cambio del que me habló fue la inauguración de una zona de recreo nueva, totalmente fuera del campo 6, en la que pueden ver las montañas a lo lejos, los árboles, el cielo, el sol (durante cuatro horas cada cuatro o cinco días). La zona de recreo del campo 6 se limita al patio, por lo que está rodeada por los muros de hormigón de la instalación, que tienen una altura de varias plantas. Todo lo que podían ver en esa zona al aire libre era el suelo cubierto de arena y el edificio de hormigón.”

Sin embargo, como también señalé en su día, esos cambios “no abordan en absoluto otros enormes problemas relacionados con el trato de los prisioneros y que no se pueden eliminar con un breve respiro del aislamiento prologando que ha hecho que muchos de ellos padezcan graves problemas psiquiátricos”. En concreto, esos problemas tienen que ver con el aislamiento habitual al que la mayoría de los prisioneros están confinados durante la mayor parte del día y que las autoridades no consideran “incomunicación carcelaria”, y con la cruel alimentación forzosa de los prisioneros en huelga de hambre (de la que informé recientemente aquí), así como con la violencia que ha denunciado Jeremy Scahill.

P: Obama suspendió provisionalmente, a fin de revisarlas, las comisiones militares creadas por la anterior administración para juzgar a algunos presuntos terroristas, pero finalmente decidió mantenerlas, aunque con algunas modificaciones, a pesar de que había prometido cerrarlas durante la campaña electoral. ¿Por qué crees que decidió seguir adelante con ellas? ¿Cuáles son las diferencias entre las comisiones durante la administración Obama y la de Bush?

R; Creo que ya he respondido a esta pregunta anteriormente, pero me gustaría recalcar que los cambios propuestos son meramente cosméticos, porque siguen dando cabida a algunas declaraciones obtenidas bajo coacción y a rumores, y porque todo el sistema de comisiones está irremediablemente deslegitimado y no es adecuado para el propósito con el que fue creado. Obama está actuando de una manera cobarde al no cerrar las comisiones y al no confiar en los tribunales federales para que hagan un trabajo que han hecho muy bien durante los últimos quince años, cuando se han ocupado de más de un centenar de juicios relacionados con el terrorismo.

La segunda parte de este entrevista, en la que Worthington habla sobre los casos de presos de Guantánamo que podrían ser liberados en España, se publicará esta misma semana en P+DH.