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El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, y el director de la FAO, la agencia de la ONU encargada de cuestiones alimentarias, Jacques Diouf, han hecho este fin de semana una ‘huelga de hambre’ de 24 horas. El objetivo de ambos es llamar la atención sobre la Cumbre mundial de seguridad alimentaria que comienza hoy en Roma, con poco apoyo internacional y mediático pero con datos de malnutrición sin precedentes: más de 1.000 millones de personas pasan hambre en el mundo.

El director de la FAO concede una entrevista durante su ayuno (foto: FAO)

El director de la FAO escenificó su ayuno en su sede de Roma. A las 8 de la tarde se acomodó en la sala de entrada de las oficinas, se puso el pijama y se cubrió con un abrigo, una bufanda y un sombrero para soportar el frío del edificio, que por la noche no tiene calefacción. Luego improvisó una cama con colchones de gomaespuma, según un comunicado de prensa. “He dormido bastante bien”, dijo después Diouf.

Esta inusual inciativa pone en evidencia dos caras de la misma moneda. La primera es la del debate sobre si es procedente ético que los líderes mundiales, de quienes se espera una solución, se valgan de una cómoda ‘huelga de hambre’ de 24 horas como herramienta de marketing para protestar contra el hambre. La segunda es la de la evidencia de que esto es síntoma de que Naciones Unidas ha perdido el pulso: ni los principales gobiernos ni los grandes medios de comunicación les tienen como referencia para conformar el debate internacional. Solo les queda llamar la atención.

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En Roma no estará Obama (que acaba de esterilizar junto a China otra cumbre, la del cambio climático), ni Sarkozy, ni Brown, ni Merkel, ni casi nadie que pueda hacer algo por el supuesto objetivo de esta reunión: destinar 29.500 millones de euros cada año a ayudar a los países pobres a ser autosuficientes en el ámbito alimentario.

Es probable que los medios de comunicación no centren su escrutinio y presión sobre una enésima declaración de intenciones sino en otros aspectos más ‘digeribles’. En el año 2002, este mismo encuentro pasó a las hemerotecas no por su incapacidad de llegar a ningún acuerdo ejecutivo sino por el menú del banquete de sus asistentes, compuesto de 19 platos entre los que se encontraba una jugosa “ternera de Kioto bañada en algas y condimentada con espárragos y salsa de sésamo, tacos de atún con aguacate, salsa de soja y shiso, sopa de almejas, congrio con azucenas y vinagreta de soja, langostinos, rollitos de anguila a la plancha envueltos en bardana, boniatos, gobio frito en aceite de soja”.

Los resultados políticos, mientras tanto, quedan en segundo plano. En 2002, según se recoge en FAO.org, “se adoptó por unanimidad una declaración que pide a la comunidad internacional cumplir el anterior compromiso [de 1996] de reducir el número de personas hambrientas a alrededor de 400 millones para el año 2015”. En 2009, según el borrador de las conclusiones preparado para esta semana, el acuerdo será mantener vivas las intenciones de hace 13 años a pesar de que la situación ha empeorado dramáticamente y no habrá cifras concretas para las ayudas a la alimentación. Eso sí, ante el escándalo mediático suscitado, este año las autoridades comerán pasta, ensalada de aceitunas y, de postre, macedonia. Vino del país.