P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

A las 16 horas, 53 minutos y 8 segundos del 12 de enero los haitianos vivían en el infierno. Escombros, basura, aguas infectadas, pobreza, enfermedades, hambre y violencia en un país en el que no hay Gobierno. Los jóvenes juegan al fútbol en los descampados para olvidar el dolor. Un señor vende algo de agua por la calle, cargando con la garrafa sobre su cabeza. Sólo 2 de cada 10 personas tienen para comer. Sólo uno de cada dos niños tiene un colegio donde ir. Así era Haití el 12 de enero, a las 16 horas, 53 minutos y 8 segundos. Un segundo antes de que la tierra temblara.

“Una ventolera” sacudió el coche de Vicente. “Al cabo de unos segundos las paredes empezaron a caer una detrás de otra. Todo se cortó de repente”, cuenta en una carta a su familia, “pero pude hablar con el jefe de misión, que nos mandó volver al hospital, que es lo que estaba deseando”. Vicente Rey, pamplonés, es logista de Médicos Sin Fronteras y trabajaba en uno de los tres hospitales que la organización mantenía desde hace años en Puerto Príncipe.

“El hospital me pareció entero, aunque dentro se habían desmoronado las paredes. Una chica del equipo, completamente histérica, me consiguió decir entre los nervios que todos los pacientes habían sido evacuados y que estaban sacando a los últimos niños de la pediatría. Después de una corta conversación con el jefe de misión montamos las tiendas de emergencia para los que pudieran llegar”. Y llegaron.

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Mientras tanto, en los otros dos puntos de la ciudad también gestionados por la ONG, el centro de salud de Martissant y un hospital especializado en traumatología, la solución era parecida: destrozado el edificio, los pacientes fueron trasladados al exterior, donde se recibía además a un reguero confuso y malherido de personas que iba llegando desde el centro de la ciudad. Tres semanas después, en Martissant se siguen limpiando heridas y haciendo vendajes a 80 personas cada día. Entre sus camillas han nacido, desde el 12 de enero, 25 niños.

Los equipos se dispersaron también entre el resto de centros médicos de la ciudad y de las poblaciones cercanas. En el distrito de Carrefour, mientras los ingenieros especializados constataban que lo que había quedado en pie del hospital de esa zona podía caer en cualquier momento, se instalaron los equipos en una escuela cercana. Se realizaron 90 cirugías en apenas 24 horas. En otros barrios, como Delmas 77, las clínicas móviles hacen las veces de hospital de campaña.

Loreto Barceló estaba en China. “Acababa de participar en dos operaciones de emergencia en Sumatra y El Salvador y ya me tocaban vacaciones”. Tuvo que dejarlas cuando se constató que lo de Haití desbordaba el dispositivo local. Nos atiende por teléfono desde Puerto Príncipe a sus 8 de la mañana. “Acabamos de distribuir el trabajo; ya están los equipos en marcha”.

La ciudad es un problema. “Lo diferente para mí en este caso es el medio en el que se ha producido: un gran núcleo urbano”, cuenta Loreto. “En el campo, las áreas son abiertas, los accesos son más fáciles. En la ciudad no puedes ni hacer unas letrinas y los hospitales móviles están rodeados de edificios donde se está haciendo limpieza de escombros”.

“Trabajamos desde el minuto 1, porque estamos allí desde 1991”, nos cuenta Carlos Ugarte, portavoz de MSF. Es un error pensar en el médico sin fronteras como un hombre blanco, trabajador circunstancial y ajeno al país donde trabaja. En el momento del terremoto, de los 740 personas de MSF en Haití, 700 eran haitianos. Ocho de ellos murieron en el seísmo. “Seguimos sin saber nada de seis más”. Un grupo de cooperantes belgas hizo una pequeña comprobación entre las casas de 75 compañeros haitianos de MSF: solo uno seguía teniendo su hogar en pie. Loreto nos cuenta que “muchos compañeros locales han perdido a parte de su famila, o su casa, y siguen trabajando. Paradójicamente, a la vez que prestan ayuda, ellos también están siendo atendidos porque lógicamente la situación les está generando muchos problemas de salud mental”.

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Han pasado 21 días y, según Carlos Ugarte, “desde el punto de vista médico, la situación sigue siendo crítica. Seguimos en fase de cirujía, es decir, atendiendo a todas esas personas que deberían haber sido atendidas el mismo día de la catástrofe, porque requieren amputaciones u otro tipo de operaciones urgentes”. “Hay gente que está siendo operada por segunda vez”, apunta Loreto desde Puerto Príncipe, “ya que tienen fracturas o lesiones tan graves que les obliga a pasar de nuevo por quirófano”. Con material y formación, el equipo de Loreto está ayudando al personal del Ministerio de Sanidad de Haití a que se haga gradualmente responsable de la situación en los centros públicos. Pero el Gobierno no es capaz ni de proporcionar agua. “Todo depende ahora mismo de la ayuda internacional”, dice Ugarte. “Calculamos que estaremos unos 6 o 7 meses atendiendo a pacientes directamente afectados por la catástrofe”.

El problema logísto, aunque se ha reducido, no es menor. Todavía duelen las vidas que se hayan podido perder por la falta de coordinación en el reparto de ayuda y por las prioridades de Estados Unidos al gestionar la única pista de aterrizaje del aeropuerto de Puerto Príncipe. Médicos sin Fronteras ha denunciado que hasta 6 aviones cargados de material sanitario procedente de los centros logísticos de Panamá y Europa han sido desviados a República Dominicana, desde donde la carga tuvo que ser trasladada por carretera. Según Aitor Zabalgogeazkoa, director general de Médicos Sin Fronteras, “cinco personas murieron en uno de los hospitales gestionados por MSF por el síndrome de aplastamiento, una dolencia que puede tratarse con máquinas de diálisis que no llegaron a tiempo a Puerto Príncipe”.

Síndrome de aplastamiento

Niños con sarampión porque nunca fueron vacunados. Epidemias de meningitis, diarreas, difteria y problemas psicológicos muy graves. En Haití, el ‘milagro’ del rescate no termina cuando las personas salen vivas de entre los escombros, porque eso no le garantiza que vaya a poder vivir mucho más.

“Al salir de las ruinas con los músculos y los tejidos aplastados y dañados, muchas toxinas salen, por ejemplo, de la pierna y se acumulan en la sangre, tanto que a veces los riñones no pueden eliminarlas todas y la única solución pasa por la diálisis”, comenta desde Puerto Príncipe en su blog el nefrólogo Stefaan Maddens. Diálisis en un país en el que, un segundo antes del terremoto, la cobertura sanitaria gratuita no existía para el 95% por ciento de la población.

El equipo de Maddens, que con la logística de MSF puede atender a 35 personas al día, se sorprende de que “tantos días después del desastre todavía se encuentren pacientes aplastados. Hemos visto cómo una gran cantidad eran remitidos a nuestro centro con el síndrome varios días después del seísmo. Para la mayoría de estas personas, esto significa realmente la salvación“.

A las 16 horas, 53 minutos y 9 segundos, líquido inflamable cayó en forma de terremoto sobre el infierno de Haití. En ese mismo segundo, un grupo de personas ya sabía que cuando aquello dejara de moverse, podrían comenzar a ayudar. Porque ya estaban allí.

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Algunos datos

Con las aportaciones de los socios y de los donantes de emergencia, MSF, desde el día del terremoto:

  • ha tratado a más de 11.200 pacientes
  • ha realizado más de 1.320 intervenciones quirúrgicas.
  • ha desplegado un equipo de 1.125 haitianos y 360 extranjeros en 20 localizaciones diferentes.
  • ha enviado 31 aviones con 940 toneladas.
  • ha perdido a ocho cooperantes, fallecidos en el terremoto, y no saben nada de seis más.
  • ha contado con el apoyo de Greenpeace, que le ha cedido uno de sus barcos más grandes cargado de ayuda y combustible.