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Por Mari Luz Peinado

El pasado 10 de septiembre, Brice Hortefeux, ministro del Interior francés, protagonizaba una escena que probablemente todavía le da dolor de cabeza. Durante un acto político, un simpatizante de su partido de origen magrebí quiso hacerse una foto con él. Una acompañante de Hortefeux quiso bromear y dijo, refiriéndose al joven: “Es nuestro pequeño árabe”. “Cuando hay uno, está bien. Cuando hay muchos es cuando hay problemas”, respondió el ministro. En ese momento – grabado por las cámaras de televisión y difundido por los medios de comunicación franceses – Hortefeux encendía sin saberlo una mecha que llega hasta hoy.

Entre las miles de personas que se indignaron con el comentario del ministro del Interior estaba Nadia Lamarkbi, periodista francesa de padres marroquíes, que supo que era el momento de hacer algo porque “la imagen de los inmigrantes cada vez es peor en Francia”. Habló con sus compañeros. Se pusieron manos a la obra. Así nació la idea de este primero de marzo tan especial en Francia. El día sin inmigrantes.

’24 horas sin nosotros’ es el lema con el que el colectivo presidido por Nadia anima a los inmigrantes franceses y a sus descendientes a no participar por un día en la vida económica del país. Eso significa no consumir, no asistir a clase, no abrir sus comercios y no ir a trabajar. “Queremos que la gente se dé cuenta de que nuestra presencia es imprescindible, que se plantee qué pasaría si no existiéramos”, cuenta Nadia. Entre los objetivos también está desterrar la idea de que los inmigrantes sólo viven de ayudas sociales. “Vamos a demostrar que somos importantes en la economía francesa porque nosotros también consumimos y producimos”, asegura Karima, una de los miembros de la organización.

La iniciativa tiene una inspiración clara: la jornada que protagonizó la comunidad inmigrante de Estados Unidos en 2006. Entonces salieron a la calle para protestar por el endurecimiento de la legislación para los inmigrantes. En esta ocasión, lo que los organizadores han hecho ha sido llamar a la desmovilización. “Lo difícil va a ser medir cuánta repercusión ha tenido porque no es una manifestación sino todo lo contrario” dice la presidenta. Para dar un poco más de visibilidad a la acción, algunas ciudades como París sí que albergarán concentraciones.

Pase lo que pase al final, Nadia y el resto de los organizadores pueden estar más que satisfechos. Hace un mes no imaginaban que su iniciativa tendría tanta repercusión en los medios de comunicación franceses y que incluso traspasaría fronteras. Asociaciones de Grecia, España y, sobre todo, Italia, han apoyado la idea y también han llamado a los inmigrantes de estos países a solidarizarse. “Italia es especialmente activa pero allí no han pedido que la gente deje de trabajar porque saben que es muy difícil. Lo que harán es llevar un lazo amarillo en señal de solidaridad”.

Y esto es sólo el principio. Los organizadores esperan que el llamamiento se repita todos los años y que los países que no han podido preparar la jornada esta vez puedan participar en el futuro. “Muchas organizaciones de diferentes países se han puesto en contacto con nosotros para coordinar las próximas acciones. Además, estamos preparando una intervención en el Parlamento Europeo”, explica Karima.

La jornada de hoy pretende ser todo un símbolo de fuerza para los inmigrantes residentes en Francia en un momento especialmente complicado: el debate sobre la identidad nacional ha copado la portada de los periódicos durante el último mes y la polémica iniciativa para prohibir el burqa en lugares públicos ha vuelto a poner de manifiesto los problemas de integración de la tercera generación de inmigrantes. Esos que son franceses y no lo son al mismo tiempo.

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