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Pierre Galand, ex senador belga y presidente del Tribunal Russell sobre Palestina.

entrevista por Eugenia Redondo

Pierre Galand no espera a que nos sentemos para comenzar a hablar. Se siente cansado, apenas ha dormido durante los tres días que ha durado el Tribunal Russell sobre Palestina que ha presidido con tesón. Pero también está muy emocionado. “Ha sido histórico”, nos explica desde la sede de la organización ACSUR- Las Segovias, una de las anfitrionas del evento, con una taza de té en la mano y bajo la atenta mirada de un mapa de Israel y Palestina, que pareciera que había sido colocado allí a propósito. Nos habla del buen ambiente que se ha respirado esta semana en Barcelona, pero pronto entra a la carga. Si con alguien ha sido especialmente duro el Tribunal, cuyo leitmotiv ha sido luchar contra “los crímenes del silencio” es con la comunidad internacional, en especial con Europa, una Europa que Galand pinta como pusilánime y culpable del sufrimiento de los palestinos por omisión.

Me va a perdonar por la insolencia, ¿pero dónde quieren llegar ustedes con un Tribunal sin ninguna validez jurídica?

Todos los que nos hemos adherido a esta iniciativa partimos del convencimiento de que la única forma de resolver este conflicto es acudir a la legislación internacional. Es verdad que esta no tiene ningún poder vinculante, pero la historia de este Tribunal tiene que ver con el respeto del pueblo por las leyes internacionales. Éstas son la única herramienta de la que disponemos para prevenir la guerra, la única forma de luchar contra la incapacidad de la sociedad internacional de vivir junta y coexistir. Fueron las armas que utilizamos en Europa para luchar contra el fascismo y el autoritarismo; también fueron el instrumento para acabar con el apartheid y el colonialismo y a veces la sociedad internacional no recuerda esto y no sabe qué se puede hacer para combatir las injusticias.

Pero los organismos habilitados para aplicar la ley internacional no han conseguido nada, ¿cómo va a hacerlo el Tribunal?

El primer Tribunal Russell fue instaurado para juzgar los crímenes de Vietnam. El mundo fue siendo testigo del nacimiento de un nuevo tipo de guerra, donde los estadounidenses estaban utilizando armas ilegales, fósforo blanco, armas bacteriológicas contra la población civil. Lo único que los estadounidenses no utilizaron la bomba atómica y la única razón por la que no utilizaron esta arma para terminar la guerra fue por la presión internacional que les forzó a llegar a una negociación. Aquel Tribunal, presidido por Jean Paul Sartre, estaba convencido de que ésta era la única salida y la presión pública internacional fue decisiva para conseguir que fuera así. En el caso de Israel y Palestina, hay muchas herramientas de la ley internacional que se pueden aplicar.

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Y aquí es donde peca la comunidad internacional

Efectivamente. Porque ya hay resoluciones que obligan a Israel a tomar medidas como derribar el muro de Gaza, pero Israel, no sólo las ha desoído, sino que ha seguido construyendo ese muro hasta el punto que hoy llega hasta la ciudad de Jerusalén. La resolución de la Asamblea General es fantástica. Son 52 páginas de observaciones concretas de los crímenes realizados por Israel en los últimos 60 años. Todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad menos Estados Unidos firmaron esta resolución, y no porque no estuviera de acuerdo, sino porque decían que no creían que la ONU fuera eficaz haciendo cumplir las resoluciones.

Pero esto es cierto. ¿Nos encontramos ya ante una ONU incapaz?

Sólo tiene influencia desde el momento en que los países respeten lo que allí se hable y no lo están haciendo. En el Tribunal Russell sobre Palestina hemos discutido qué pasa con las resoluciones de la Asamblea General y la incapacidad de las Naciones Unidas y de la Unión Europea de impedir a Israel continuar con la guerra, algo que ya está siendo motivo de división entre los socios europeos.

¿Y la Unión Europea? ¿Tiene herramientas para cambiar las cosas en Oriente Próximo?

Cuando Bush hizo su primera Guerra de Irak, la Unión Europea no estaba de acuerdo. Después llegó la segunda y sólo Francia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo dijeron se opusieron, ya que todavía había alguna capacidad de decir no. Pero cuando llegó la guerra de Afganistán ya no existía esa capacidad. Hoy hay algunas reservas para hacer la guerra contra Irán. Pero mañana no sabemos si habrá capacidad para negarse a estas guerras. ¿Qué podemos hacer específicamente antes este conflicto que pervive desde hace sesenta años? Todas las iniciativas que se han propuesto han quedado en papel mojado y no se ha mostrado ningún interés por ponerlas en práctica. En la legislación europea está contemplado incluso que Israel no puede vender productos de la colonia en Europa, pero lo hace. Pero es que además Europa ayuda a Israel cuando pone dinero para ayudar a los palestinos, para construir hospitales y colegios, o para reconstruirlos cuando Israel los destruye.

Es decir, que sin reconocerlo, Europa se posiciona en favor de Israel

Si Israel puede cometer estos crímenes contra los palestinos es porque recibe la ayuda de la comunidad internacional. En la guerra contra el Líbano, Alemania mandó submarinos nucleares cuando en Europa existen tratados que prohíben mandar armas a los países en guerra. Y no son los únicos europeos que han vendido las armas con las que Israel ha atacado a los palestinos.

Las motivaciones de otros países que apoyan a Israel, como Estados Unidos, las conocemos de sobra pero, ¿qué gana Europa haciendo esto?

Europa ve a Israel como un país europeo, como un miembro de la familia, pero en Oriente Medio. De hecho tienen relaciones con Israel como si fuera un miembro, acuerdos comerciales especiales. El discurso es que ellos son una democracia que forman parte de la familia y, como es de la familia, tiene derecho a violar los Derechos Humanos. Esto no se le hace a otros países como Argelia o Zimbabue, a los que se han impuesto sanciones. De hecho, se han impuesto sanciones a Haití, el país más pobre del mundo, por no ser una democracia. Su discurso se es: “si eres Argelia, Zimbabue o Haití, tienes que respetar las reglas, pero si estás dentro de la familia, podemos aceptar algunas excepciones”.

Con Palestina pasa lo mismo…

En Palestina se impusieron unas elecciones y cuando los palestinos votaron, no aceptamos los resultados. Les dijimos, “no, lo siento, no podemos aceptar a ese interlocutor” (refiriéndose a Hamás). Eso no se lo dijimos a Israel. Ellos votaron a Lieberman y nadie dijo nada. Lieberman es ahora un interlocutor válido que es bien recibido en Bruselas. Nosotros hemos construido una guerra desde nuestra visión colonial contra otro mundo y creemos que Israel juega un rol por nuestra seguridad, que es un elemento que tenemos para maniobrar contra los otros.

Esto me recuerda mucho a la política de seguridad que se ha vendido desde Estados Unidos. ¿Cambiará algo ahora que se ha marchado Bush y parece que Obama ha rebajado el discurso?

Obama se vendió como un new deal para América, pero no es más una campaña de marketing. Si Monsanto no cambia; si todas las grandes multinacionales no cambian; si el control de armas no cambia, ¿cómo puede Obama cambiar el mundo él sólo con su maravillosa personalidad? Es una estrategia de marketing bastante estúpida. Es verdad que al igual que Bill Clinton, Obama tiene una agenda muy buena, pero a Obama le ha pasado lo mismo que su antecesor, que tuvo que ir tachando punto por punto al enfrentarse contra la realidad norteamericana. Al final, cuando Estados Unidos mira al mapa, ve a Israel como su principal aliado y la cuestión palestina es menor. Sus miradas realmente están más puestas en lo que pasa en Irán y Afganistán, e incluso en lo que haga China.

¿Y qué ve Europa?

Para nosotros es distinto, porque si miramos el mapa del Mediterráneo, el de Israel y Palestina es un conflicto crucial para nosotros y para nuestra relación con el mundo árabe. Sin embargo, para Estados Unidos ya no son los árabes, sino países islámicos. Así que esta es una guerra, no contra los árabes, sino contra los integristas musulmanes. Ya no es una cuestión de los israelíes contra los palestinos, sino del mundo occidental contra Hamás y los integristas. En realidad, es una estrategia muy inteligente que Europa debe desmontar. Porque no es una cuestión religiosa, sino de derechos humanos. Tenemos que hacerlo con la opinión pública por un lado, y con las figuras que tienen la responsabilidad de guiar a nuestra comunidad en el parlamento, en los estados, en la Comisión y el parlamento. Y creemos que el Tribunal Russell ha sido un paso para que esto ocurra.