P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

Una mujer sentada frente a las ruinas de un edificio tras el terremoto de 8,8  en Talca, Chile, Feb. 27, 2010. (AP Photo/Sebastian Martinez) #

Una mujer sentada frente a las ruinas de un edificio tras el terremoto de 8,8 en Talca, Chile, Feb. 27, 2010. (AP Photo/Sebastian Martinez)

Más fotografías.

Recursos informativos por Ramón Salaverría


Por Alberto Arce

El pasado 27 de diciembre escribía el siguiente texto desde el Hotel Palestina de Bagdad, un lugar prácticamente vacío en el que los guardias se mostraban totalmente relajados, los controles de seguridad eran prácticamente inexistentes y la sensación de normalidad contaminaba la precaución natural que cualquier extranjero debe mantener en Bagdad, sea cual sea la circunstancia. Ayer, menos de un mes más tarde, un terrorista suicida se inmoló frente a la puerta del establecimiento, entre el edificio y el paseo de Abu Noass, punto de referencia de la prensa internacional que recala en la ciudad y teóricamente una de las zonas más seguras de la capital iraquí. Junto al Palestina, los hoteles Sheraton, Al Hamra y Babel han sido también seriamente dañados por una cadena de atentados suicidas que ha dejado 36 muertos, decenas de heridos y un mensaje claro, dirigido al gobierno iraquí en primera instancia: “ninguna zona de Bagdad es segura” y secundariamente a las decenas de periodistas que ya tendrían incluso habitación reservada para la cobertura de las próximas elecciones: “sabéis lo que os espera cuando lleguéis a Bagdad”.

Iraq Bombing

Una madre iraquí con sus hijos frente a su casa destruida por un coche bomba en Bagdad, Irak. 25 enero de 2010. (AP Photo/Hadi Mizban)

La calle Al Saydoun, en Karrada, con terrazas repletas de estudiantes que comen y beben zumos podría recordar a Beirut. Por primera vez, tras viajar desde Basora hasta Bagdad, las mujeres descubiertas son casi tantas como las cubiertas y los tejanos y zapatillas deportivas superan ampliamente en número a los vestidos tradicionales, mayoritarios en el sur del país. Ali Kareem, estudiante de Dirección teatral en la Academia de Bellas artes de Bagdad señala una manzana de construcciones de planta baja: “Son los locales de la comunidad homosexual de Bagdad”. – ¿Y nadie les ataca? . – “No. Ya no”. Assim y Bilal, compañeros de Ali en la Universidad y estudiantes de diseño y escultura, respectivamente, con los que se comparte terraza, aseguran que esa época ya ha terminado. Hay alcohol disponible, terrazas repletas y normalidad casi absoluta. “Sabemos lo que puede pasar en cualquier momento. Pero también que cada vez sucede con menos frecuencia”.

Caminamos hasta Abu Noass, el paseo más transitado frente al río Tigris, en Bagdad. Allí ha sobrevivido una estatua, la del poeta que loa el amor homosexual durante el califato de Harum al Raschid. Se trata de uno de los parques más bellos y pacíficos de la ciudad y parece imposible ahora, con el aire de normalidad que se respira, que en el peor momento de la guerra sectaria que partió la ciudad en varios pedazos hace un año medio, el Ministerio de Sanidad abriese un recuento diario de cuerpos torturados y asesinados que aparecían flotando en el río, frente al lugar en el que nos sentamos a disfrutar de un pic-nic.

En la actualidad, Abu Noass está ocupado una mañana cualquiera, un viernes cualquiera de diciembre por pandillas de jóvenes y familias que disfrutan de la comida en alguna de las terrazas abiertas, parejas de enamorados que pasean cogidos de la mano y partidos de fútbol bajo el sol del templado invierno iraquí en los que un equipo juega con la indumentaria del Real Madrid y el contrario lo hace con la del Barcelona. Sólo rota la calma por helicópteros norteamericanos a los que nadie hace el más mínimo caso – son casi siete años de costumbre- y que despegan desde la Zona verde, situada al otro lado del río, frente a los hoteles Sheraton y Palestina, no sólo totalmente vacíos en la actualidad sino sometidos ya a mínimas medidas de seguridad. Ni siquiera es posible ver las armas, apoyadas en el interior de las cabinas, de los guardias que registran con desgana a quienes entran, cargados con mochilas, al recinto que los hoteles comparten con dos canales de televisión locales.

Ali, Bilal, Assim comen al aire libre y bromean. felices pero no quieren confiarse: “No queremos que transmitas una idea equivocada, el hecho de que estés aquí con nosotros sigue sin ser normal. Eres extranjero. Así que no te separes de nosotros y quédate callado siempre que alguien te pregunte cualquier cosa. Déjanos hablar a nosotros”. Tienen la misma edad. Entre los 20 y los 25 años. Prácticamente no recuerdan el régimen anterior. Y se sienten relativamente libres. “Nosotros no hemos podido elegir y hemos vivido casi toda nuestra vida en guerra hasta un punto en el cual dejas de pensar en ella y te limitas a vivir el día a día. Quizás tardemos un poco más de lo necesario en acabar nuestro estudios porque es necesario trabajar al mismo tiempo pero hacemos teatro, pintamos, vamos a exposiciones, escuchamos música y nos divertimos”.

La definición de Ali de su vida diaria no difiere de la que podría hacer cualquier estudiante de otra universidad en cualquier país mientras espera ilusionado a que se abra de nuevo el teatro del Colegio de Bellas Artes, a punto de ser remozado totalmente por un programa de cooperación del ejército norteamericano. Algo que no parece provocarle ninguna contradicción. “Sí, una vez les pregunté a los soldados que entraban en la Universidad por qué habían asesinado a tantas mujeres y niños iraquíes. No me respondieron. También les pregunté por qué entraban armados en la Universidad. Me respondieron que por seguridad. ¿por la vuestra o por la mía? Silencio. Sólo pienso que deberían irse cuanto antes. Sí, si quieres puedo decirte eso. Pero también que tengo miedo de lo que pueda suceder cuando se vayan. Lamentablemente, no confío en los iraquíes“.

U055038_010

Una mujer iraquí llora frente a su casa destruida después de un atentado con bomba en Bagdad, Irak, el lunes, 25 de enero de 2010. Tres coches bomba aparcados explotaron cerca de tres populares hoteles de Bagdad donde se alojan periodistas occidentales y hombres de negocio. (AP Foto)

Probablemente no exista una relación directa entre la ejecución, pocas horas antes, de Alí el Químico, primo de Saddam Hussein y responsable del exterminio masivo de población kurda durante la campaña militar de Al Anfal a finales de los años 80 por parte del régimen de Saddam Hussein y la reciente cadena de atentados. Pese a su coincidencia. Ali “El Químico” llevaba condenado a muerte casi tres años y todos los analistas daban por hecho que su ejecución no se consumaría.

Los ataques han tenido lugar de manera demasiado ajustada en el tiempo para considerarse una represalia planificada. Pero es casi seguro que la reciente decisión tomada por la Comisión de la Justicia y la Responsabilidad del gobierno iraquí (antiguo Comité de des-baazificación) de no permitir a casi 500 candidatos concurrir a las elecciones legislativas del próximo 7 de marzo acusados de pertenencia al partido Baaz, anunciada hace varios días y que levanta un gran polémica, si puede encontrarse en la base del ataques que devastaron Bagdad ayer. Si alguien pensaba que el enfrentamiento sectario podía darse por finiquitado, probablemente se equivocaba. Es fácil y recurrente culpar directamente a Al Qaeda de cualquier explosión. Corre, en cambio, en boca de todos los iraquíes, el previsible repunte de la violencia antes de la convocatoria electoral y no hemos sido testigos más que de su primera manifestación, que tras un mínimo análisis de contexto, podría perfectamente ser atribuido a la insurgencia suní, la llamada “resistencia”, agrupada bajo diversos nombres y alianzas a grupos supervivientes de la estructura del antiguo régimen baazista.

El pasado diciembre Hassan Oleiwi, dirigente del Partido Comunista de Irak en la ciudad de Najaf respondía a mi pregunta respecto al origen de la situación actual de la siguiente manera: “No habrá paz interna hasta que las milicias chiítas no acepten las reglas del juego político democrático y los antiguos baazistas regresen de algún modo a la vida pública, con una constitución que se respete y un parlamento fuerte”. Y cuando se le preguntaba, pocos días antes, al alcalde de Rumeitha, una ciudad situada en el sur chiíta del país si creía posible la reconciliación con los sunitas y los supervivientes del antiguo régimen, en tanto miembro del Partido del gobierno Al Dawa y político más votado del pueblo, respondía lo siguiente: “El partido Baaz debería ser legalizado de nuevo y debería participar del proceso político. Son parte de la población. Todos los profesionales e intelectuales del partido que no tengan las manos manchadas de sangre deberían regresar a sus puestos y reincorporarse a la Administración. Por ejemplo, la mayoría de los diplomáticos y muchos profesores universitarios. Es lo mejor para el país. Integrar a los que piensan diferente en el sistema democrático y no mantenerlos en la clandestinidad y las armas. Toma el ejemplo del Ejército del Mahdi, antes eran una milicia feroz, ahora son un partido político más (Saderistas), y no precisamente quienes están desestabilizando al país. Definitivamente, mi opinión es que el Partido Baaz debería ser legalizado y reincorporado al Parlamento. La democracia iraquí se haría más fuerte”.

El alcalde de un pequeño pueblo puede permitirse expresar opiniones como ésta, que no son compartidas por los miembros del gobierno, pero han sido escuchadas en repetidas ocasiones a lo largo de las semanas de estancia en Irak. A medida que aumenta el nivel de responsabilidad decrece la relación entre posicionamientos políticos de la ciudadanía y decisiones en consecuencia del régimen político existente.

Resulta especialmente sorprendente que se prohíba presentarse a las elecciones al actual Ministro de Defensa, Abdel Qader al-Obeidi, responsable de la exitosa transferencia de la seguridad de manos norteamericanas a manos iraquíes a lo largo del último año. El motivo: ha mostrado en público su apoyo a Iyad Alaui, principal adversario del Primer Ministro Al Maliki en las encuestas. En el Irak actual, incluso las leyes de reconciliación y memoria histórica respecto al pasado se utilizan, casi siempre, para la defensa de intereses privados. El precio, como siempre, lo pagan quienes pasaban por la calle en ese momento.


  • 54 inmigrantes indios viven acampados en el monte de Ceuta desde hace casi un año y medio
  • Reclaman al gobierno que les permita cruzar a la península para regularizar su situación

Las huellas de las pisadas sobre el monte del Renegado se pierden entre los árboles hasta desembocar frente a un viejo archivador de oficina sobre el que reposan el retrovisor de un coche y una cuchilla de afeitar. A pocos metros la chapa de un capó amarrada a plásticos y cartones protege un colchón. La imaginación es el único recurso que hace al monte un lugar un poco más habitable para los 54 inmigrantes indios que desde hace casi un año y medio acampan en él.

Antes vivían en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta pero lo abandonaron cuando comenzaron los rumores sobre su repatriación. “Vimos como otros indios, bengalíes y africanos salían deportados. La policía puede venir a por tí las 3 o las 4 de la mañana y ahí acaba todo. Nosotros no queremos volver así”, dice Gurpreet Singh, Babú como le conocen todos, un joven de 24 años que maneja con soltura el español y actúa como portavoz del grupo.

IMG_6431

Dos inmigrantes indios en un campamento del monte de Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

5 años perdidos

La historia de Babú es, con otros nombres y fechas, la de sus 53 compatriotas. Volver es el fracaso del que huye desde hace 5 años cuando salió de la India donde quedó su familia embargada tras ayudarle a costear los 15.000 euros de un viaje que le iba a llevar directo a Europa. Pero desde que cogió el primer avión de Nueva Delhi a Burkina Faso el tiempo comenzó a dilatarse.  Babú enumera cada uno de los puntos de la ruta como si fuese la tabla de multiplicar. “Llegué a Burkina Faso, después Koulikoro y Gao en Mali, Gardaia, Argel y Maghnia en Argelia, Rabat, Tánger, Oujda, Nador y Castillejos en Marruecos”. Recordar el camino es más fácil de lo que fue recorrerlo.

Pasó dos años sometido a las extorsiones de las mafias, detenciones, cárceles, expulsiones que le hacían volver sobre sus pasos y caminadas por el desierto. “Estuvimos 7 meses en el Sáhara, fue muy difícil, casi no comíamos ni bebíamos nada, nos daban arroz mezclado con tierra y agua con gasolina. morir a dos compañeros, los metieron en bolsas de basura y los abandonaron en el desierto”.

IMG_6443

Raja Singh se afeita la barba en el campamento del monte. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

En diciembre de 2006, tras pagar 3000 euros cruzó la frontera de Ceuta escondido en el salpicadero de un coche. “Estaba muy contento, pensaba que podría trabajar y ganar dinero para mi familia. Pero no. Aquí estamos otra vez atrapados, delante tenemos un mar que no podemos cruzar y detrás Marruecos donde no queremos volver”. A la frustración se suma la impotencia a la que se enfrentan cada vez que llaman a los suyos. “Mi familia vendió nuestra casa y ahora viven con mi primo. Siempre me dicen que cuándo habrá una solución y no sé qué decirles. Me preguntan que cuándo iré a la península y sólo sé decir que no lo sé, es difícil llamarles”. Satnam Singh tenía 17 años cuando salió de la región de Punjab.

No hay papeles en Ceuta

Para ellos como para el resto de inmigrantes que aguardan en el CETI, Ceuta es un limbo jurídico en el que sólo les queda esperar el día de regreso a sus países. La orden de expulsión se convierte un billete de vuelta que puede tardar meses o incluso años en ejecutarse. Como les ha ocurrido. En el mes de diciembre 31 de los 54 indios habrán completado 3 años en España.

IMG_6438a

Raja Singh se afeita la barba en el campamento del monte. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Legalmente, a partir de entonces podrían solicitar el arraigo social. Sin embargo, “los trámites aquí son muy difíciles, tendrían que demostrar vínculos familiares que en su caso no existen o presentar un informe de los servicios sociales favorable pero ellos no reciben atención municipal. Además, se les pide una oferta de trabajo con contrato de una duración mínima de un año. Si les dejaran cruzar a la península cumplir los requisitos sería más sencillo, allí tendrían más posibilidades, por ejemplo, de encontrar empleo” aseguran desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Asimismo, al tener una orden de expulsión, su solicitud de arraigo probablemente no sería admitida a trámite por lo que ya han solicitado a la Administración que la sustituya por el pago de una multa que rondaría los 300 euros, pero de momento no han obtenido respuesta.

La Asociación Elín que les asesora e imparte clases de español recuerda, además, que en Ceuta los inmigrantes no pueden inscribise en el padrón municipal. “Este es un caso excepcional en España. No se les reconoce un derecho tan básico como el empadronamiento que les acceso entre otras cosas al servicio sanitario y que sí tienen en el resto del país”.

Una maraña legal que para Babú tiene una traducción más sencilla. “En una ciudad como Barcelona, Jaén o Pamplona si no trabajas puedes buscar en otro sitio. ¿Por qué no en Ceuta? ¿Por qué no podemos pasar? No somos igual que los inmigrantes de la península. Llevamos 5 años de nuestra vida esperando llegar a Europa y esto no es Europa”.

IMG_6346bn

Campamento del monte del Renegado. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Para él y sus compatriotas, el tiempo, el esfuerzo y las deudas que adquirieron en sus países para costear el viaje, y que ahora no pueden pagar, son su carta de presentación cuando reclaman al gobierno español que les deje atravesar el Estrecho. Esperan una medida de gracia como la que se tomó hace dos años en el caso de 37 bengalíes que tras una protesta de seis meses en el monte fueron enviados Madrid donde regularizaron su estancia. “Estamos en la misma situación, a ellos les dieron los papeles ¿por qué a nosotros no?”. La misma pregunta que se hacen en Melilla 63 bengalíes que cada fin de semana acampan en el centro de la ciudad.

Pero el trámite de las expulsiones continúa. “La ley es la ley y ellos tienen que irse, la Administración están trabajando en su repatriación. Ahora los indios han dejado de llegar. Si con este trabajo de deportación se consigue que por aquí no entren, se están haciendo las cosas bien. Desde el CETI no podemos hacer más que decirles que tienen la puerta abierta para cuando quieran volver y dejar el monte” dice Valeriano Hoyos, director del Centro de Estancia Temporal.

IMG_6530

Tres inmigrantes indios lavan la ropa en la playa Benítez. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Yo a tu casa y tú a la mía

Desde que comenzaron la protesta, los indios han contado con el respaldo de la Asociación Elín. Con su ayuda organizan la campaña “Yo a tú casa y tu a la mía”, una acampada solidaria en el monte del Renegado a la que esperan que se sumen los 470 inmigrantes que viven dentro del CETI y “quien quiera conocer los problemas que tenemos los inmigrantes en Ceuta”. Quien quiera conocer de cerca la historia de cincuenta y cuatro Ulises.

<<< capítulo anterior. En el laberinto del Estrecho (2) Encerrados en Ceuta


El gobierno peruano ha dado marcha atrás suspendiendo durante 90 días el decreto conocido como Ley Forestal y de Fauna Silvestre, una de las normas que han provocado las protestas indígenas en el país latinoamericano y que fue declarada inconstitucional por una Comisión creada en el Congreso para investigar su legalidad. Tras los conflictos de la semana pasada el gobierno ha aceptado dialogar con los indígenas a través de la Iglesia católica y la Defensoría del Pueblo.

policia

Los indígenas lo consideran un paso pero no el fin de la lucha con la que esperan conseguir la derogación de los 7 decretos legislativos que el gobierno elaboró para adaptarse al Tratado de Libre Comercio (TLC) alcanzado entre Perú y Estados Unidos, y que regulan la explotación de los recursos forestales e hidráulicos en la región de la Amazonia permitiendo a compañías extranjeras, como la Repsol, Perenco y  PlusPetrol, acceder a la zona norte del país, rica en petróleo, gas natural y minerales.
La suspensión de la ley llega tras la oleada de condenas, dentro y fuera de Perú, contra los hechos que se produjeron el pasado cinco de junio cuando la policía y el ejército desalojaron la carretera de acceso a la ciudad de Bagua, bloqueada por las comunidades de Awajum y Wampis del Alto Marañón, y que acabó con 28 indígenas y 26 policías muertos, 80 detenidos, más de 150 heridos y decenas de desaparecidos.

YouTube Preview Image

Alberto Pizango, líder de los indígenas y culpable de los enfrentamientos según el gobierno que ha ordenado su busca y captura, fue acogido en la embajada de Nicaragua donde ha recibido el asilo político.

La Defensoría del Pueblo Peruano, la Conferencia Episcopal y organizaciones internacionales como  Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Amnistía Internacional y Human Rigths Watch recuerdan al Estado su obligación de esclarecer lo sucedido:

“Según algunos informes de prensa, los helicópteros de la policía habrían disparado indiscriminadamente contra los manifestantes, lesionando a varios de ellos, incluido un conocido líder y activista indígena…Asimismo, los manifestantes habrían presuntamente agredido violentamente y asesinado a varios policías que habían secuestrado en una localidad cercana … En vista de la gravedad de estas acusaciones, y a fin de asegurar que estos delitos se investiguen y juzguen adecuadamente, es de vital importancia que su Fiscalía realice una investigación oportuna, exhaustiva e imparcial de todos los presuntos crímenes, tanto aquellos cometidos por civiles contra policías, como los cometidos por la propia policía”

A pesar de que se va cumplir una semana, los hechos siguen siendo confusos y los indígenas acusan al gobierno de quemar y arrojar los cadáveres de los nativos al río Marañón para ocultar el número real de muertos. “Hasta tres veces se detuvo el helicóptero para recoger los cuerpos. Eso fue entre ocho y nueve de la mañana del viernes” denuncia Luis Padilla de la comunidad Río Santiago. El gobierno denuncia una conspiración contra la estabilidad democrática del país y ha difundido éste vídeo por los canales de televisión.

YouTube Preview Image

Los hechos de la semana pasada fueron la punta del iceberg de un conflicto latente en Perú desde hace casi un año y que se endureció a pricipios de abril cuando más de 30 000 indígenas habitantes de las diferentes provincias de la Amazonia y el Alto Andino comenzaron una campaña de protestas bloqueando carreteras y ríos a lo que el gobierno respondió declarando el estado de emergencia en las siete provincias de la región de Amazonas, suspendiendo durante 60 días los derechos constitucionales referidos a la libertad de reunión y tránsito e inviolabilidad de domicilio.
El origen de las protestas está en la elaboración de los decretos en la que Alan García no contó con los pueblos indígenas y las comunidades campesinas que habitan en la zona, incumpliendo así y el artículo 19 de la Declaración de Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas y el Convenio 169 de la Organización Internacional de Trabajo que recoge en su artículo 6:
“Los gobiernos deberán consultar a los pueblos interesados, mediante procedimientos apropiados y en particular a través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente”

policia-2
Los indígenas exigen tener voz en las decisiones sobre el desarrollo de la Amazonia, y reclaman la derogación de los decretos. Están respaldados por la Defensoría del Pueblo y los obispos de la Amazonia .“Para nadie es desconocida la contaminación de los ríos con el plomo y otros metales pesados y  sustancias tóxicas como efecto de una actividad minera (formal e informal) y la extracción de petróleo, de manera irresponsable. Somos testigos, además, de la tala indiscriminada de la madera sin ningún tipo de control”.

García hace oídos sordos a las críticas y responde a los indígenas: “Las tierras de la Amazonía son de ustedes, de sus hijos, son de toda la nación, son de todos los peruanos y no de un pequeño grupo que viva allí…Las riquezas de Perú son de todos los peruanos”, los acusa de ser el perro del hortelano.

ONG como Survival International denuncian que más del 70% de la Amazonia peruana ha sido dividida en los últimos años en parcelas concedidas a empresas para la exploración de gas y petróleo, y una serie de descubrimientos amenazan con transformar gran parte de la selva virgen de los indígenas, y según Save Americas Forest desde 2006, año en el que Alan García entró en el gobierno, el número de hectáreas concedidas a las multinacionales ha pasado del 15 al 72%.

Ver más fotos de los enfrentamientos


No fueron casos aislados. En los abusos, las violaciones y los maltratos a niños que se cometieron durante más de setenta años en Irlanda estaban implicados 800 curas, monjas y laicos. El escalofriante informe de la Comisión sobre Abusos a Menores está basado en los testimonios de más de 1700 personas, antiguos alumnos y funcionarios de más de 200 instituciones a cargo de la Iglesia. Sus 2600 páginas denuncian los abusos que los curas y las monjas protagonizaron en orfanatos, talleres-escuela, reformatorios y otras instituciones estatales en los que vivían más de 30 mil niños abandonados, huérfanos o acusados de robos menores desde la década los años treinta hasta finales de los ochenta cuando se cerraron.

Leer más


Lydia Molina / PIRAVÁN

La carretera que conduce a una de las playas más turísticas de Huelva no revela pista alguna sobre la realidad que ocultan los pinares que la bordean. En su interior, a poco más de doscientos metros, se encuentra el mayor asentamiento de la provincia andaluza, donde malviven entre el hambre y el miedo cientos de inmigrantes de los dos mil que este año llegaron a Huelva en busca de un trabajo en la recogida de la fresa.

pinares

Foto: Cáritas Huelva

Leer más


Niños trabajadores de Bangladesh descansan en una fábrica de ollas de plata. Por cada semana de trabajo ganan 200 taka (1 dólar = 70 taka aprox), trabajando casi 10 horas al día.

Niños trabajadores de Bangladesh descansan en una fábrica de ollas de plata. Por cada semana de trabajo ganan 200 taka (1 dólar = 70 taka aprox), trabajando casi 10 horas al día.

Trabajo infantil [parte 1 | parte 2] fotografiados por G.M.B. Akash.


Luis Soriano recorre a lomos de sus burros, Alfa y Beta, los diferentes núcleos rurales de la región colombiana de Nabusímake cargado de libros. Su biblioteca móvil ha pasado de tener 70 títulos a 4.800.  En este vídeo se pude ver cómo Soriano, además de llevar los libros a los niños, les enseña:

YouTube Preview Image

El Biblioburro es un proyecto que a día de hoy ha trascendido de los medios de comunicación al propio Gobierno colombiano, que nombró al profesor Soriano “Colombiano ejemplar” y ha incluído esta biblioteca móvil en la Red de Bibliotecas Nacionales, por llevar los libros y la literatura a los niños con pocos recursos para aprender a leer. El Biblioburro y su jinete llevan recorriendo la zona norte de Colombia desde hace varios años, donde ha conseguido la implicación de los profesores, padres y niños de estas pequeñas comunidades con el objetivo de educar y crear sociedad más allá de las dificultades geográficas y sociales.

El director Carlos Rendón cuenta en un documental, que se estrenó el pasado mes de marzo, la vida de este profesor de primaria y cómo funciona su bibliburro.


por Javier Bauluz

No sé quién era quién,  pero yo me sentí como un alienígena al salir, con mi hijo de 12 años, de la película de dibujos animados con el título de este post. Menos mal que no duró unos segundos más, ya que sino hubieramos sido atropellados en la misma puerta del cine. Acababa de encender un cigarro y observaba a los niños, jóvenes y adultos que había a mi alrededor. Unos ligaban, otros jugaban o paseaban por la plaza peatonal. Paz y tranquilidad de sábado tarde en Gijón.

Fue entonces cuando lo ví. Un joven negro con una expresión extraña venía corriendo hacia nosotros. Busqué la causa de su carrera y antes de que nos rebasara rozandonos, ví al policía. Iba subido en una potente moto e intentaba dar caza al ciudadano mientras por la acera sorteaba como podía a los sorprendidos y alarmados peatones,  grandes y pequeños. La moto pasó rápido a nuestro lado mientras el supuesto peligroso delincuente doblaba la esquina a 10 metros. Confieso que por unos segundos me quedé desconcertado, no sabía si estaba en la película y quién era monstruo o alienígena.

Tras comprobar que mi hijo y los hijos de los demas estaban vivos, le dije a mi niño: “¡vamos!”,  y como buenos periodistas corrimos tras ellos.  Al doblar la esquina vimos al joven que volvía corriendo en nuestra dirección por la acera de enfrente, al fondo el policía, parado e intentando girar la gran moto.  Después aceleró, saltó sobre la acera, esta vez sin peatones, y continuó la persecución. Levanté la cámara y disparé antes de que la moto bajara de la acera y girara la esquina. Corrimos otra vez y vimos al policía local parado en una bifurcación. Del hombre que huía ya no había ni rastro.

Me pregunté que terrible crimen habría cometido aquel hombre perseguido para ser objeto de una caza tan denodada y peligrosa para los ciudadanos inocentes.  Por desgracia estoy habituado a cambiar los conceptos, monstruos por alienígenas y viceversa, así que nos encaminamos a comprobar si mis sospechas podían ser absurdamente ciertas. Tras andar menos de cien metros nos encontramos en el Muro de la playa con varias motos, coches y policías, ademas de pequeños grupos de personas reunidos. Fotografié a un policía metiendo bultos en su coche.

Preguntamos a varias personas si habían visto que había pasado. “Vino a la policía a detener a los inmigrantes que venden cds en mantas y estos huyeron corriendo. A uno de ellos lo atropelló ese Mercedes grande. Dió una voltereta y  quedó en el suelo. Cuando los policías se acercaron a cogerle se levantó y salió corriendo a duras penas. Una moto salió a perseguirle”. Por eso llevaba aquella cara extraña el alienígena o ¿era el monstruo?. Iba conmocionado, pero el miedo le daba fuerzas para correr.

El hombre del Mercedes hablaba con los policías, supongo que del “incidente” y de la delantera de su coche abollada y del parachoques desencajado. Más problemas para el más que posible pasajero de patera. Sobrevivir al mar para dañar a un Mercedes y morir atropellado no es un buen final.

Pero ¿por que se jugó la vida dos veces más hoy?. ¿Por qué huyó cruzando el tráfico? ¿Por qué, ya atropellado, encontró fuerzas para levantarse y correr? ¿Por qué con la moto detrás siguió huyendo? ¿Por qué?. ¿Por qué tenía tanto miedo?. La mayoría de los ciudadanos, mientras compran los cds piratas, creen que cuando los inmigrantes salen corriendo con sus mantas perseguidos por la policía, es para evitar que les requisen sólo su miserable forma de vida. Tal vez creen que también les pongan una multa o que los tengan enchironados una noche, para que aprendan que la propiedad privada, intelectual, es tan sagrada como el Mercedes posiblemente asegurado  a todo riesgo gracias a una “barata” póliza. Aunque tengan hambre, sed y lleven años pasando miedo, angustia, frío, dolor y soledad en su largo camino hasta el paraíso de Gijón y no tengan papeles para trabajar con derechos.

La realidad es otra. Y no por menos conocida menos real. ¿Pero, a quién le importa?. Son alienígenas, ¿o son monstruos?. Desde hace años trabajo sobre la inmigración y cada día veo más claro que, tal vez ellos sean alienígenas, pero los monstruos somos nosotros. Ese hombre pobre escapaba de los seis meses a dos años de carcel que le podrían caer, según el artículo 270 del Código Penal. Además de poder ser deportado y de una impagable multa que equivale a 12 a 24 meses más de cárcel.

Según cuenta Público: “Un año de cárcel por vender DVD falsificados en la calle. Es la pena que acaba de cumplir Alioune, un mauritano de 27 años que hace 10 días salió del Centro Penitenciario Madrid 6-Aranjuez: “Han sido los peores 12 meses de mi vida”. Es una locura que se les sancione con la cárcel”, dice Marta Malo, de la organización Punto Mantero. En países como Italia, la sanción es sólo económica. La SGAE aboga por la cárcel porque “no es lo mismo vender CD que tomates”. En el caso de Alioune, la pena que le impuso el juez fue de seis meses de cárcel y 12 de multa. Al no poder pagar la parte económica ganaba entre 150 y 200 euros al mes y enviaba 40 a su familia, su encierro en el centro penitenciario se amplió seis meses más. Él era una de las 63 personas que cumplían penas de prisión por delitos contra la propiedad intelectual.”

YouTube Preview Image

Con vistas a la cercana reforma del Código Penal, un grupo de jueces  y ongs ha solicitado reducir las sanciones y despenalizar el top manta porque consideran “desproporcionada” la condena y abogan por considerar esta actividad como una falta en vez de un delito, cuando la mercancía no supere los 400 euros. También sugieren que las penas sean de multa, sanciones administrativas o servicios a la comunidad. Por otro lado hay una campaña de recogida de firmas que reclama “que se otorgue de oficio el indulto particular total a todas las personas que cumplen pena de prisión por mera exposición o venta al por menor de copias pirata”. Además ante el previsible gran número de sentencias por llegar reclaman que “el Ministerio de Interior sobresea los expedientes abiertos”.

No sé que habrá pasado con el huido, tal vez haya sido detenido en el hospital, si fue allí tras darse cuenta de que estaba herido. Tal vez tenga que pagar los daños del coche, resistencia a la autoridad, dos años de càrcel o ser deportado a la miseria de su país. Y todo por querer comer y trabajar con derechos. Sé que con esta pequeña historia se cuenta parte de la gran historia de la inmigración y nosotros.

Y a mí no me extraña que el alienígena negro huyera como alma que lleva el monstruo en que nos hemos convertido.

PD. Aqui podeís ver la versión de mi hijo en su blog y la de un diario al que informamos

“Es indecente usar el derecho penal para defender la propiedad intelectual”


Según cifras de 2008, el 11,3% de la población censada es extranjera y cada cierto tiempo tienen que poner en orden sus permisos de residencia y de trabajo. No queremos dar datos, sino mostraros lo que  diariamente se ve y vive durante las interminables esperas para formilizar o actulizar los papeles que a este 11,3% les permite estar en España. Y lo hacemos de la mano de Roger Casas-Alatriste quien ilustra la situación con Otro día, en extranjería.

Otro Día, En Extranjería from Roger Casas-Alatriste on Vimeo.

Desde la primera vez que estuve ahí, hace cuatro años cuando hice 11 horas de cola para que luego me rechazaran la solicitud por una imprecisión en un documento, hasta el día de hoy, las visitas a la Delegación de Extranjería de la Avenida de los Poblados en Madrid resultan siempre una experiencia nefasta.

En los últimos cuatro años he acudido para hacer todos los trámites concernientes a mi permiso de residencia y trabajo: ingresar solicitudes, poner huellas digitales y recoger credenciales -la original y dos renovaciones-  más las muchas otras veces que hay que regresar al día siguiente por tener información errónea sobre los documentos a presentar, o por no saber las fechas u horarios en los que se reciben (los teléfonos de información están colapsados siempre y en la entrada al edificio hay fotocopias improvisadas que dan ciertas instrucciones sobre algunos procesos) por lo que calculo que voy a la Brigada de Aluche una media de tres veces al año.