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La redención de las pandillas*
26.12.2009 ·
El asesinato por apuñalamiento de un adolescente colombiano en Barcelona, encendió la alarma y los periódicos empezaron a hablar de ritos iniciáticos protagonizados por bandas de jóvenes latinoamericanos, los Ñetas y los Latin Kings. Muchos de ellos llegaron a España huyendo de la pobreza y buscando un futuro mejor. Sin embargo, la realidad es más dura de lo que imaginaban en los grises suburbios españoles.
Texto y fotografías: Leonardo Faccio
Cinco años antes de caer preso en Barcelona acusado de asesinato, José Antonio Méndez Méndez, el Che, reparaba coches en un taller mecánico de Santo Domingo, la capital de República Dominicana. “Venir a España fue el error. Ahí, estuvo la falla”, me dirá, en la monotonía de la cárcel donde ahora cumple una condena casi tan larga como su vida: fue arrestado a los 21 años y sentenciado a 17 de prisión por una pelea que terminó con una puñalada frente a un colegio secundario.
La historia comenzó en 2003, pero el Che la recuerda como si fuera hoy. Eran las cinco de la tarde del 28 de octubre en Barcelona cuando sonó el timbre que anunciaba la salida del instituto Sant Josep de Calassanç. Él y cuatro de sus amigos esperaban en la acera de enfrente. “Ese de pelo largo” dijo uno, y todos fueron tras él.
Después hubo patadas, insultos, y una puñalada que fue a dar al pecho de Ronny Tapias, de 17 años, nativo de la ciudad colombiana de Bucaramanga, que minutos más tarde estaba muerto en el Pasaje Catalunya, un callejón oscuro y alejado del centro de la ciudad.
Una semana después la policía detuvo al Che y sus compañeros. Dos de ellos, Jeury y Pavel, resultaron ser menores de edad. Otros cuatro latinoamericanos fueron detenidos como presuntos colaboradores. El Che y sus amigos más cercanos, Sandy Benítez Piantini, alias Bolón, y Yohan Smith Calderón Rivas, recibieron idéntica condena en 2005, acusados de matar a Ronny Tapias. Los tres habían llegado desde República Dominicana y ninguno tenía antecedentes penales.
La foto de Ronny apareció durante días en la portada de los periódicos españoles. Era la primera vez que el asesinato de un latinoamericano recibía tanta atención. La puñalada a sangre fría que acabó con su vida develaba una forma de justicia que sorprendió a todo el país, y el asesinato confirmó en muchos la sospecha que los medios habían sembrado: las bandas latinoamericanas, importadas de sus países de origen, crecían en Madrid y Barcelona, donde, además, estaban en guerra.
“El miedo a Las bandas ya es una realidad”, fue el titular del diario La Vanguardia. “Barcelona se está convirtiendo en una ciudad insegura para sus ciudadanos”, escribió el periódico de distribución gratuita “20 Minutos”. Se hablaba, sobre todo, de dos de ellas: los Ñetas, que habían surgido en la década del ochenta en Puerto Rico, y los Latin Kings que brotaron en los barrios pobres de Chicago a mediados de los cuarenta. Según los primeros partes policiales, Ronny Tapias habría sido miembro de los Latin Kings y víctima de una venganza a mano de los Ñetas.
Pero según el Che, el asesinato fue la inesperada consecuencia de una pelea que había comenzado una noche cerca de Caribe Caliente, la discoteca latinoamericana más famosa de la ciudad.
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