P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

Por Mari Luz Peinado

El pasado 10 de septiembre, Brice Hortefeux, ministro del Interior francés, protagonizaba una escena que probablemente todavía le da dolor de cabeza. Durante un acto político, un simpatizante de su partido de origen magrebí quiso hacerse una foto con él. Una acompañante de Hortefeux quiso bromear y dijo, refiriéndose al joven: “Es nuestro pequeño árabe”. “Cuando hay uno, está bien. Cuando hay muchos es cuando hay problemas”, respondió el ministro. En ese momento – grabado por las cámaras de televisión y difundido por los medios de comunicación franceses – Hortefeux encendía sin saberlo una mecha que llega hasta hoy.

Entre las miles de personas que se indignaron con el comentario del ministro del Interior estaba Nadia Lamarkbi, periodista francesa de padres marroquíes, que supo que era el momento de hacer algo porque “la imagen de los inmigrantes cada vez es peor en Francia”. Habló con sus compañeros. Se pusieron manos a la obra. Así nació la idea de este primero de marzo tan especial en Francia. El día sin inmigrantes.

’24 horas sin nosotros’ es el lema con el que el colectivo presidido por Nadia anima a los inmigrantes franceses y a sus descendientes a no participar por un día en la vida económica del país. Eso significa no consumir, no asistir a clase, no abrir sus comercios y no ir a trabajar. “Queremos que la gente se dé cuenta de que nuestra presencia es imprescindible, que se plantee qué pasaría si no existiéramos”, cuenta Nadia. Entre los objetivos también está desterrar la idea de que los inmigrantes sólo viven de ayudas sociales. “Vamos a demostrar que somos importantes en la economía francesa porque nosotros también consumimos y producimos”, asegura Karima, una de los miembros de la organización.

La iniciativa tiene una inspiración clara: la jornada que protagonizó la comunidad inmigrante de Estados Unidos en 2006. Entonces salieron a la calle para protestar por el endurecimiento de la legislación para los inmigrantes. En esta ocasión, lo que los organizadores han hecho ha sido llamar a la desmovilización. “Lo difícil va a ser medir cuánta repercusión ha tenido porque no es una manifestación sino todo lo contrario” dice la presidenta. Para dar un poco más de visibilidad a la acción, algunas ciudades como París sí que albergarán concentraciones.

Pase lo que pase al final, Nadia y el resto de los organizadores pueden estar más que satisfechos. Hace un mes no imaginaban que su iniciativa tendría tanta repercusión en los medios de comunicación franceses y que incluso traspasaría fronteras. Asociaciones de Grecia, España y, sobre todo, Italia, han apoyado la idea y también han llamado a los inmigrantes de estos países a solidarizarse. “Italia es especialmente activa pero allí no han pedido que la gente deje de trabajar porque saben que es muy difícil. Lo que harán es llevar un lazo amarillo en señal de solidaridad”.

Y esto es sólo el principio. Los organizadores esperan que el llamamiento se repita todos los años y que los países que no han podido preparar la jornada esta vez puedan participar en el futuro. “Muchas organizaciones de diferentes países se han puesto en contacto con nosotros para coordinar las próximas acciones. Además, estamos preparando una intervención en el Parlamento Europeo”, explica Karima.

La jornada de hoy pretende ser todo un símbolo de fuerza para los inmigrantes residentes en Francia en un momento especialmente complicado: el debate sobre la identidad nacional ha copado la portada de los periódicos durante el último mes y la polémica iniciativa para prohibir el burqa en lugares públicos ha vuelto a poner de manifiesto los problemas de integración de la tercera generación de inmigrantes. Esos que son franceses y no lo son al mismo tiempo.

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Por Helena Maleno.

Tánger dieciséis de febrero 2010

Imagina que diste a luz el domingo pasado en un hospital público marroquí. Un niño precioso.

Imagina que te dieron el alta al día siguiente, lunes.

Imagina que volviste a casa, cansada, sangrando del post-parto, con dolores aún en un útero que lucha por volver a su sitio.

Imagina que en casa te está esperando tu niña de dos años y dos meses y tu pareja.

Imagina que esta mañana mientras bañabas al bebé comenzaste a ver que le costaba respirar.

Imagina que corriste al hospital público marroquí.

Imagina que te dijeron que no podían atenderte.

Imagina que fuíste dos veces.

Imagina que la tercera vez tu bebé dejó de respirar casi en la puerta del hospital.

Imagina que pediste auxilio por tu bebé muerto.

Imagina que se lo llevaron a la morgue del hospital.

Imagina que a ti, a tu niña de dos años y dos meses y a tu pareja os llevaron a comisaría.

Ahora imagínate retorciéndote de dolor en las entrañas, el dolor agrio de la muerte de tu hijo, el dolor de un útero que te recuerda recién parida, el dolor de una leche que sube a tus senos duros como piedras. Pero imagínate NEGRA, imagínate AFRICANA, imagínate POBRE, imagínate SIN PAPELES.

Estás sentada, doblada sobre tu vientre en aquel sucio despacho de policías que van y vienen y te hablan en una lengua que no entiendes. Allí te miro e intento traducirte las preguntas que me parecen estúpidas, crueles e inhumanas.

Quieren saber qué  haceis en su reino, cómo habeis entrado y cuánto tiempo llevais aquí. Quieren saber cómo os llamais, cómo se llaman vuestros padres y porqué habeis venido.

Tu pareja grita y pide piedad. Sabe que todas las preguntas van dirigidas a justificar una deportación al desierto. Tu pareja grita y te tranquiliza llamándote “honey”.

Tu niña sonríe, juega con su gorro y canta “haleluya”.

La policía busca un intérprete de árabe a inglés para hacer el parte y llevaros a Tribunal.

Me dices que si te deportan al desierto y allí te violan no crees que aguantarás el dolor, que aún estás recién parida.

Un policía se me acerca y me pregunta : ¿Por qué haceis ésto? ¿Por placer?. Este amable policía llama “esto” a acompañar a unos padres sumidos en el dolor, a comprar algo de comida para una niña que lleva todo el día sin probar bocado y a intentar traer un poco de humanidad o al menos de buen trato a esa puñetera comisaría.

Entonces le miro, me horroriza su frialdad, y le contesto, lo hacemos por amor. Veo en él a esos seres que comen, cagan y hacen de policía para poder seguir comiendo y cagando. Siento lástima.

Detienen a tu pareja en comisaría y me dicen que como caso humanitario te dejan dormir en casa. Mañana tienes que pasar el Tribunal junto a tu marido.

Te hundes. Es la primera vez que te veo enderezar ese vientre que te duele. Gritas y lloras hasta que un policía te manda callar.

No lo soporto, me puede la escena y le pido por favor que entienda que tu hijo ha muerto hoy, que estás recién parida, que te duelen las entrañas.

Me responde con desprecio que en este reino hay unas leyes, que aquí se hace lo que dice el procurador del rey y que tú eres una NEGRA CLANDESTINA.

Mañana iremos al Tribunal, mañana un hombre de este reino decidirá si te tiran a ti y a tu niña al desierto de madrugada. A partir de ahí la suerte decidirá  si serás violada, si tu hija será raptada o porqué no violada también.

Imagínate que todo eso te ha pasado hoy.

Imagínate que a todas nos duelen sus entrañas.

Imagínate que a todas nos duelen nuestras entrañas.

* Helena Maleno,licenciada en Ciencias de la Información, es investigadora especialista en fenómenos migratorios, con especial atención a menores y víctimas de trata con fines de explotación y abarcando las redes de trata desde África subsahariana. Especialista en investigación acción-participativa y especialista en género y desarrollo. Colabora con Women Worldwide Link, actúa como Delegada de CEAR en Marruecos para casos de refugiados y refugiadas. También es voluntaria en Cáritas Tánger y miembro de la red de apoyo Caminando Fronteras.


  • El Gobierno reconoce que ha dado la orden de prohibir cruzar a la península a los solicitantes de asilo con la documentación expedida por él mismo
  • El Defensor del Pueblo considera que no es legal “impedirles la libre circulación por todo el territorio español”

Primero fue Melilla y ahora Ceuta. La orden que prohíbe a los solicitantes de asilo con permiso de residencia temporal en España, por la admisión a trámite de sus solicitudes, cruzar a la península se ha formalizado en ambas ciudades autónomas. Se acabaron los tabúes, las Delegaciones del Gobierno, que hasta ahora se habían limitado a guardar silencio derivando las preguntas al Ministerio del Interior han reconocido que la orden existe y la justifican con el cumplimiento del Acuerdo de Schengen, el convenio con el que se suprimieron los controles fronterizos entre la mayoría de países de la Unión Europea, e incluso aseguran que se trata de una medida con la que “no se están vulnerando sus derechos, sino todo lo contrario, ya que se les está dando protección y atención”, según el Delegado del Gobierno melillense, Gregorio Escobar.

tarjeta amarilla

Foto: José Palazón

Estas explicaciones no convencen, ni a organizaciones como Amnistía Internacional y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado que ya han mostrado su preocupación y están estudiando la situación, ni al Defensor del Pueblo que abrió una investigación a raíz del caso de Kamel, el primer inmigrante al que se le prohibió cruzar a la península desde Melilla el pasado 26 de enero y del que ya hablamos en P+DH.

El Gobierno argumenta que la prohibición se debe a que Ceuta y Melilla no pertenecen al espacio Schengen, a pesar de ser territorio español, por lo que los extranjeros que acceden a ellas no pueden entrar en la Unión Europera si no están documentados. “España mantendrá controles (controles de identidad y de documentos), en las conexiones marítimas y aéreas provenientes de Ceuta y Melilla que tengan como único destino otro punto del territorio español”, dice el convenio. Pero este punto no justifica que se impida el paso a los solicitantes de asilo admitidos a trámite, ya que ellos sí cuentan con un permiso de residencia en España hasta que el Gobierno les reconozca o no como refugiados, según las declaraciones del Defensor del Pueblo a P+DH. De hecho, “el artículo el artículo 5 del Acuerdo asegura que estas normas no serán un obstáculo para la aplicación de las disposiciones especiales relativas al derecho de asilo”.

El Defensor afirma que “la explicación oficial hasta ahora ofrecida por la que se impidió la salida de Melilla al interesado (Kamel), titular de un documento de identidad de solicitante de asilo, no resulta suficiente [...] Por tanto, no encontramos base legal para impedirle la libre circulación por todo el territorio español a una persona a la que se le haya admitido a trámite su solicitud de asilo en las ciudades autónomas de Ceuta o Melilla”.

Las investigaciones de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado van en la misma línea que el Defensor. “Las alegaciones de la Policía están cogidas con pinzas. Es una excusa rocambolesca porque la realidad es muy fácil de entender. En Ceuta y Melilla hay fronteras, los españoles las cruzan mostrando su DNI y los solicitantes de asilo mostrando la tarjeta amarilla (el documento que les permite circular por España), como han hecho hasta ahora. Por tanto, están infringiendo los derechos de los solicitantes de asilo y están infringiendo su propio procedimiento porque actúan sin emitir la resolución”, denuncia Alejandro Romero, abogado de CEAR en Ceuta. A pesar de la prohibición, los inmigrantes lo siguen intentando, “el último caso fue el viernes pasado, al chaval le pidieron una autorización expresa de la Delegación o no podía cruzar”, a pesar de que el joven llevaba el documento expedido por el Ministerio del Interior. La situación en Ceuta y Melilla seguirá así, según las Delegaciones del Gobierno de ambas ciudades, hasta que conozcan las conclusiones de un estudio que está elaborando la Abogacía del Estado sobre el futuro de los solicitantes de asilo con la entrada en vigor de la nueva ley de asilo. Mientras unos estudian, otros esperan y el Estrecho sigue cerrado.


Hicham Bouchti tiene 15 días para salir de España. El Gobierno ha rechazado su solicitud de asilo y le obliga a abandonar el país pero Hicham, que lleva 20 días sin comer, asegura que no volverá a Marruecos. El joven tuvo que dejar ayer su habitación en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla estaba realizando su protesta apoyado por otros inmigrantes que le han ayudado a pasar las horas y trasladarse de un lugar a otro. Anoche se despidió de ellos, cogió sus cosas y se trasladó a la plaza de España, donde continúa la huelga de hambre. “Está muy deprimido porque ha recibido un palo muy fuerte. Está abatido físicamente, no tiene fuerzas. No come nada, ni siquiera azúcar, llevaba algunos días bebiendo algo de agua pero desde hace dos días ha dejado de hacerlo. Esto puede tener el peor de los desenlaces y está dispuesto a llevarlo a las últimas consecuecias porque tiene claro que se trata de una decisión política”, asegura José Palazón de Prodein, asociación que asesora a Hicham.

Hicham comenzó la huelga de hambre para forzar una respuesta del Gobierno a la solicitud de asilo por motivos políticos que realizó hace 8 meses, como ya contamos en P+DH. El no ya lo tiene, pero el joven ha anunciado que apelará la decisión, aunque este recurso, cuyo proceso puede durar meses e incluso años en ser resuelto, no paraliza el proceso de expulsión que continúa en marcha y por el que podrá ser devuelto a Marruecos en cualquier momento.


  • La Policía Nacional impide a inmigrantes solicitantes de asilo con permiso de estancia temporal cruzar a la península desde Melilla
  • Los defensores de derechos humanos advierten de que es ilegal y anuncian acciones legales
kamel

Foto: José Palazón

Feliz y documentado, Kamel compró ayer un billete de barco para cruzar desde Melilla a la península pero no pudo hacerlo. La Policía Nacional se lo prohibió. Kamel es argelino y uno de los quince primeros inmigrantes de la Ciudad Autónoma a los que la nueva Ley de Asilo le ha otorgado la tarjeta amarilla, un documento del Ministerio del Interior que autoriza su estancia temporal en España hasta que obtenga una respuesta a su solicitud de asilo y que le permite viajar por todo el territorio español incluida, claro está, Melilla.

A las doce de la noche zarpaba el barco rumbo a la península, Kamel llegó al puerto una hora antes acompañado de representantes de ONG y varios compatriotas. “Todo fue normal, estaba en la cola y cuando me tocó me dijeron que me pusiera a un lado”. La policía cogió su documentación y lo dejó esperando. Al cabo de un rato, y mientras el resto de viajeros continuaba entrando en el barco, un agente le comunicó que no podía pasar. “Le dijeron ‘tú no subes’, y lo dejaron allí”, afirma José Alonso Sánchez, abogado de la Asociación Pro Derechos Humanos de Melilla. “Me acerqué, me presenté como abogado y les dije que era ilegal negarle la entrada, que estaba documentado y tenía derecho a subir al barco pero me respondieron que habían llamado a la Jefatura de policía de Melilla y desde allí le habían dado la orden de no dejarle pasar”. No hubo más explicaciones, a pesar de que el reverso de la tarjeta afirma que el titular “queda autorizado a permanecer en España durante el tiempo de validez del mismo”.

Mercedes Rubio de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), abogada de Kamel y del resto de solicitantes de asilo a los que se le ha concedido el permiso, asegura que “se están violando derechos fundamentales de los inmigrantes que recogen tanto la Ley de Asilo, como la Ley de Extranjería y la propia Constitución” y anuncia que van presentar una demanda de protección de los derechos fundamentales en los juzgados de Melilla.

tarjeta amarilla

Foto: José Palazón

Los acontecimientos de anoche no hacen más que constatar los temores que desde que entró en vigor la nueva Ley de Asilo se han expandido entre los defensores de derechos humanos en Melilla. Al haber disminuido los requisitos para que las solicitudes de asilo sean admitidas a trámite, hay más inmigrantes con autorización para vivir en España hasta que se resuelva definitivamente su caso, más inmigrantes que tienen derecho a entrar en la península. “Estábamos expectantes con la nueva Ley y desgraciadamente intuíamos que podría llegar a pasar una cosa así, por eso ayer fuimos todos, íbamos de observadores” afirma el abogado José Alonso. Con la Ley anterior la mayoría de los casos no pasaban el primer filtro y “los pocos que conseguían la tarjeta amarilla podían viajar a la península sin problemas”. El último cruzó el mes pasado.

La semana pasada, los propios inmigrantes habían denunciado que la policía les advirtió de que aunque estuviesen documentados no les dejaría viajar. “Es un disparate, el día que fueron a recoger los papeles les dijeron que no fuesen a comprar billetes de barco o de avión porque no les dejarían cruzar. Eso ilegal, pero aquí les da igual” asegura José Palazón de Prodein. Junto a Kamel otros 14 inmigrantes han recibido el permiso temporal de residencia. Ayer hicieron una colecta entre todos para pagar el billete del argelino y comprobar si las supuestas amenazas de la policía sobre no dejarles cruzar eran ciertas o todo se quedaba en un intento de desanimarlos. “Es una forma de disuadirlos. Esta gente tiene que hacer grandes esfuerzos para pagarse un pasaje, son personas sin recursos y se ríen de ellos” critica Palazón. De madrugada y después de más de dos horas de espera, Karmel y los compatriotas que le acompañaban, todos con sus tarjetas amarillas en los bolsillos, volvieron al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes donde continúan esperando, algunos desde hace meses y otros desde hace años, a que les abran las puertas del barco.


  • Admiten a trámite la solicitud de Fátima, una joven marroquí que podría ser condenada en su país a penas de entre un mes y un año de cárcel por ser madre soltera
  • La expulsión del padre de su hijo, de nacionalidad india, continúa en marcha

26990009“Se llama Vikram” dice Fátima mientras su voz se envuelve en una sonrisa. Harmeet, un joven hindú, y ella acaban de registrar a su hijo recién nacido en los juzgados de Melilla. “Ya somos oficialmente los padres, los dos hemos firmado un papel”.

Hace cuatro meses, Fátima tenía tres preocupaciones: la evolución de su embarazo, la resolución de la solicitud de asilo que ha presentado al Gobierno español y la orden de expulsión de Harmeet. La naturaleza es más rápida que la burocracia y la primera obtuvo respuesta el pasado 2 de enero cuando nació Vikram, su primer hijo, un niño “grande y fuerte”. De la segunda, ha recibido buenas noticias esta semana cuando le notificaron que han admitido a trámite su caso. La tercera preocupación, que acabe separada de su pareja, amenaza con romper la buena racha.

Fátima (nombre ficticio) es una joven marroquí cuya historia ya contamos en P+DH que ha pedido asilo en España para no volver a su país, en el que está amenazada por su familia porque el padre de su hijo es hindú y no musulmán, y donde por ser madre soltera podría enfrentarse a penas de entre un mes y un año de cárcel. En octubre presentó su segunda solicitud respaldada por la Asociación Pro Derechos Humanos de la Infancia (PRODEIN), que inició una campaña de información y envío de mails al Gobierno exigiéndole que diera marcha atrás en su denegación de asilo.

Fátima pudo abandonar la chabola en la que vivía por miedo a ser expulsada y volver al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) donde ha pasado el resto de su embarazo y ahora se recupera del parto. “Todo el mundo está pendiente de mí y otras mujeres inmigrantes me ayudan con el niño porque todavía no puedo moverme bien”. Vikram, tendrá la nacionalidad india, como su padre, ya que su madre no quiere que sea marroquí y no puede ser español a pesar de haber nacido en Melilla. En España los hijos de extranjeros obtienen la nacionalidad de sus padres, no la española.

Fátima

José Palazón/ Prodein

Está feliz porque acaba de saber que, esta vez sí, evaluarán su petición de asilo. Más allá de superar un obstáculo administrativo, la admisión a trámite de la solicitud, en la práctica, es un pasaporte para viajar a la península, la idea que persigue Fátima desde que llegó a Melilla hace más de tres años. Los solicitantes de asilo que pasan ese primer filtro tienen una ventaja que no afecta el resto de inmigrantes del CETI, reciben una tarjeta amarilla que les autoriza a cruzar el Estrecho y permanecer en España hasta que el Gobierno se pronuncie sobre su caso.

Si decidiera irse, Fátima podría ser atendida, junto a su hijo, en un centro de acogida gestionado por una ONG. Pero no se quiere ir porque en sus cuentas ya no es una sola, son tres. Ella, su pareja y su hijo, una suma que no admite restas. “No me voy de aquí si Harmeet no viene conmigo. Es el padre de mi hijo. Ahora somos una familia aunque no lo diga un papel y no podemos separarnos, no imagino vivir en España sin él y menos pensar en que se lo lleven de vuelta a la India”.

Harmeet y Fátima llevan juntos tres años, en abril ella se quedó embarazada y desde entonces no se han separado. Sin embargo, mientras a madre e hijo se les empiezan a abrir las puertas a una regularización, él sigue en la misma situación desde hace cuatro años, cuando llegó a Melilla, sin papeles y con una orden de expulsión que la policía podría ejecutar en cualquier momento. “Mi vida está en España. Vine buscando un trabajo pero he encontrado una familia. Ahora tengo la responsabilidad de mantener a mi hijo y no podré cumplirla si me deportan. El mismo temor tiene Fátima.”¿Qué pasa si yo estoy fuera de aquí y se lo llevan? ¿Cómo voy a saber lo que está pasando?”.

Familia

José Palazón/ Prodein

En tres meses tendrán una respuesta definitiva, como recoge la nueva ley de asilo para los casos tramitados por vía urgente como éste. Si es negativa, la joven no volverá a Marruecos. “Me iría a la India, porque él no podría venir conmigo a mi país, es hindú y mi familia ya nos ha amenazado, tampoco quieren a mi hijo”. Si es positiva y Fátima se queda en España, podrían casarse y solicitar la reagrupación familiar. La otra opción es que ambos sean registrados como familia dentro del CETI y que la Delegación del Gobierno en Melilla los enviara a la península e instalara en centros de acogida o pisos gestionados por una ONG, como hace con otras familias que viven en el centro melillense.

Aquí o donde sea, pero juntos. “Somos una familia normal, queremos casarnos, tener nuestra casa donde criar a Vikram”. Pero los tiempos de la Administración son largos y mientras concluyen su pareja sigue en la cuerda floja, sabiendo ambos que cualquier día Harmeet puede ser detenido en una redada policial de las que habitualmente se realizan en el CETI y deportado, dejando solos en España a su hijo y a su mujer.

>> Otras noticias publicadas en P+DH sobre el caso de Fátima

Cuando el amor es un delito

Cartas por el asilo de una madre amenzada

Nueva solicitud de asilo, nuevo plazo para la madre amenazada


Hace exactamente un año, el programa Hora 25 de la Cadena SER emitía un reportaje del equipo de P+DH (del que pronto nacerá periodismohumano.com) sobre las condiciones de vida y maltrato que soportan los inmigrantes en Marruecos, en su eterno camino hacia Europa.

Uno de los protagonistas de ese reportaje, Charli Tido, justo un año después, está en España. Lo ha conseguido. Esta noche, de nuevo en Hora25 a las 21 horas, conoceremos la segunda parte de esta historia.

[audio:http://blip.tv/file/get/Juanlu-QuOcurreTrasLaVallaDeMelillaJuanLuisSnchezYSergiCma303.mp3]

Puedes escuchar aquí el reportaje emitido el año pasado (mañana pondremos aquí la emisión de hoy), que fue acompañado por entrevistas y análisis de personas que trabajan profundamente por conocer mejor la inmigración y denunciar sus injusticias, como José PalazónHelena MalenoNicolás Castellano. Del tramo especial dedicado al asunto (más de 30 minutos) pudimos sacar estas conclusiones:

  1. Detrás de la valla de Melilla ocurren cosas de las que nunca nos enteramos.
  2. Los inmigrantes que esperan en los montes de Marruecos para entrar en España viven durante años en las peores condiciones. A pesar de ello, mantienen la dignidad por encima de todo.
  3. El ejército y la policía marroquí utilizan métodos fuera de toda ley para causar el terror dosificado a los inmigrantes  y mantenerles a una distancia prudencial de la frontera con España.
  4. Se han producido asesinatos, ejecuciones; se les traslada sistemáticamente al desierto, donde se les abandona a su suerte en tierra de nadie.
  5. Las mujeres son las que salen peor paradas. A las vejaciones que sufren sus compañeros varones, hay que añadir las violaciones que se producen en tierras de nadie, cuando la policía les abandona en el desierto tras las redadas.
  6. El Gobierno de España ha confiado a Marruecos, a cambio de dinero, la protección de su frontera sur, por tanto no se puede desentender de lo que ocurra.

  • Las operaciones policiales se han multiplicado en los últimos días.
  • Los inmigrantes denuncian que son tratados como “delincuentes”
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José Palazón/PRODEIN

A las 7 de la mañana del miércoles, 6 furgones de la policía nacional rodearon el CETI de Melilla mientras los inmigrantes dormían. “Venían a coger ‘morenos’  de Mali, Nigeria y Senegal. Entraron y nos despertaron con gritos mientras localizaban a los que iban buscando”, cuenta un interno. Uno de los detenidos era un nigeriano pareja, y padre del hijo, de una joven nigeriana que salió de la habitación pidiendo que no se llevaran a su compañero, “la mujer tenía al niño en brazos y no paraba de gritar cuando uno de los policías le quitó al hijo, lo dejó en el suelo, la empujó y le pegó mientras otro se llevaba a su novio”. Ese día se llevaron a otros 3 subsaharianos.

Las detenciones dentro del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Melilla se han multiplicado desde el mes de noviembre y las fechas y horas de las operaciones varían continuamente. “Antes venían los lunes por la mañana, los inmigrantes se levantaban de madrugada y salían del CETI antes de que llegaran” dice José Palazón, Presidente de la Asociación PRODEIN. Pero desde hace un mes la rutina ha cambiado y se ha extendido entre los internos una sensación de inseguridad que ha llevado a un grupo de más de 100 inmigrantes, según PRODEIN, a abandonar el centro y trasladarse a chabolas fuera de la ciudad.

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José Palazón/PRODEIN

“Aquí hacen que te sientas como un delincuente, los ves bajar de los coches armados y no dejan salir a nadie de su habitación. Entran en todos los cuartos y nos despiertan gritando ‘levanta, levanta’ y nos hacen enseñarles nuestra identificación”. A los nombres que coinciden con la lista de las expulsiones se los llevan. Mientras unos agentes realizan la búsqueda dentro otros esperan fuera rodeando la valla para evitar que alguien pueda escapar. “ Aquí la gente ya sabe cómo funciona esto, hay grupos que pasan la noche despiertos y avisan a los otros cuando llega la policía. Es una locura, ves a hombres y mujeres que salen corriendo y saltan las vallas, muchos se caen o se clavan los hierros, se hacen heridas y se rompen huesos“. Otros han dejado de arriesgar y se han ido a las chabolas, prefieren el frío y los plásticos a vivir con el miedo de ser devueltos a sus países. La mayoría son hombres porque las mujeres embarazadas o con niños duermen en el CETI, saben que ellas corren menos riesgo de ser deportadas. Al principio eran unos 50 subsaharianos pero desde la semana pasada cuando la policía detuvo a 4o argelinos, casi un centenar de esta nacionalidad se ha trasladado también al campo. “Es una situación muy dura, están viviendo a la intemperie en pleno invierno, con la lluvia. Muchos trabajan como aparcacoches y el dinero que ganan lo juntan entre todos para comprar comida porque saben que si van al CETI se la juegan”. La semana pasada la policía apareció por el recinto a la hora de la cena y se llevó a 15 subsaharianos.

No es la primera vez que los inmigrantes abandonan el centro. Generalmente, a lo largo del año suele haber pequeños grupos viviendo fuera pero cuando aumentan las repatriaciones como ahora el número es muy superior, como también lo es el miedo. “Hay quien lleva cuatro años en España” asegura Palazón, “ahora que se habla mucho de la ampliación de estancia en los CIE a 60 días, ¿qué pasa con esta gente? ¿cúanto tiempo más va a estar así? Llevan años viviendo encarcelados en esta ciudad sin poder salir más que para ser expulsados”.


  • El Congreso de los Diputados aprobó ayer la reforma de la Ley de Extranjería
  • Una “decepción” para las organizaciones sociales porque no se han modificado los artículos más polémicos

La nueva Ley de Extranjería ha sido aprobada entre los aplausos de PSOE, CIU y Coalición Canaria y la decepción de las más de 500 organizaciones sociales que han mantenido el pulso con el Gobierno desde que comenzó el trámite de la reforma, la cuarta de los últimos 9 años.

Después de haber pasado el filtro del Senado por un solo voto más a favor, el Congreso de los Diputados dio ayer el espaldarazo definitivo al texto. Las organizaciones se han manifestado en la calle y se han reunido en los despachos con los grupos parlamentarios a los que han presentado sus enmiendas, algunas de ellas incorporadas a la ley, pero no han conseguido que se modifiquen los puntos que han generado un mayor rechazo como la ampliación hasta 60 días de los periodos de detención en los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) donde los inmigrantes permanecen los días previos a su deportación, y cuyas condiciones han quedado en entredicho en un informe publicado recientemente. Tampoco ha habido cambios en las limitaciones en la reagrupación familiar, en la apertura de un expediente de expulsión a las víctimas de la violencia de género sin papeles que decidan denuncian a su agresor o en el incremento de las sanciones por estancia irregular.

En las últimas negociaciones parlamentarias entre el Gobierno y los grupos políticos se han incluido enmiendas que han restringido aún más las garantías de los inmigrantes según han denunciado CEAR, Cáritas y la Red Acoge. Una de las condiciones de CIU ha sido incluir el concepto de `esfuerzo de integración´ que los inmigrantes tendrán que realizar si quieren renovar sus permisos de trabajo o residencia y que incluye, por ejemplo, que se tenga en cuenta su conocimiento de las lenguas oficiales. Una medida que consideran discriminatoria. “Esto no es más que el equivalente al `contrato de integración´ que en su día propuso el PP y que rechazó el PSOE. Es una medida unilateral que sólo se impone a las personas inmigrantes y deja a las Comunidades Autónomas que sean ellas quienes decidan qué tipo de inmigración quieren”, aseguran las organizaciones.

Además, recuerdan que “la nueva ley trata a los menores no acompañados como inmigrantes irregulares y capacita a las Comunidades Autónomas para llegar a acuerdos con los países de origen, priorizando así la repatriación y no la agrupación familiar de los menores”. En referencia al padrón municipal, la ley impondrá graves sanciones a quienes inscriban a inmigrantes. “Son un colectivo en continuo movimiento a la hora de buscar trabajo, esta medida es un desincentivo que les va a cerrar el acceso a servicios básicos como la asistencia sanitaria“.


Si hoy no fuera hoy sino el 10 de noviembre de hace 20 años, el muro de Berlín habría caído hace solo unas horas y miles de ciudadanos alemanes saltarían sobre el telón ya de mantequilla. El amanecer habría devuelto el desconcierto de las calles a los despachos y en la Puerta de Brandemburgo todo el mundo estaría borracho de euforia.

Hoy, sin embargo, sí es hoy. Y los telones ya no son solo de acero, sino de agua, de arena, de exclusión y de miseria. El muro más grande del mundo sigue en pie. Es el que hemos trazado alrededor de África, que intenta huir por cualquier resquicio: hacia Canarias, hacia Andalucía, hacia Italia, hacia Grecia, hacia Yemen. Qué desesperado hay que estar para jugarte la vida para llegar a Yemen.

El muro más grande del mundo es un documental dirigido por Javier Bauluz y que hace un recorrido por las diferentes etapas de la inmigración, desde el nacimiento de la esperanza en Mauritania o Senegal hasta la muerte en la valla de Melilla, en las costas españolas o en el estrecho de Adén. Os dejamos con un adelanto.

El muro más grande del mundo se estrenará en exclusiva en PeriodismoHumano.com.