P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

  • Las novecientas personas que encerraba han sido trasladadas a centros de detención de islas cercanas.
  • Según los medios locales será reabierto en dos o tres meses como un centro abierto para 150 personas, su capacidad real.
Presos de pagani esperando para ser trasladados

Presos del centro de detención de Pagani esperando para ser trasladados/ Noborders Camp

El centro de detención que fue calificado por nuevo gobierno como un “inhumano campo de concentración” fue desalojado el pasado fin de semana tras meses de denuncias por parte de MSF, ACNUR y la plataforma Noborders Lesvos. Se desconoce que pasará con las novecientas personas, incluidos los menores, que han sido trasladados a otros centros de detención.

Después de que más de un centenar de niños se  pusieran varias veces en huelga de hambre, que la plataforma Noborders Lesvos llevará a cabo numerosas acciones para denunciar la situación, que Médicos sin Fronteras abandonase su misión en el centro por no poder acceder a los presos, de que la retomara en septiembre de este año y volviese a denunciar las condiciones infrahumanas en las que malvivían estos hombres, mujeres, niños y ancianos procedentes en países pobres y en conflicto como Afganistán, Irak o Somalia y de que, ya durante las últimas semanas, los propios presos incendiaran las celdas para llamar la atención sobre su situación, el gobierno griego ha decidido cerrar un centro que le ha valido alguna de las más graves acusaciones de derechos humanos que se han dado en Europa durante los últimos años. El viceministro de Protección Civil griego, Spyros Vougias, que durante una visita la pasada semana reconoció que “no era un lugar para seres humanos” confirmó su cierre este lunes.

Unos 14.000 inmigrantes han llegado a las costas griegas en la primera mitad de este año, casi el doble que el año pasado. La semana pasada ocho afganos, cinco de ellos niños, murieron ahogados cuando intentaban llegar a la isla de Lesbos.

A continuación pueden ver un resumen de los últimos meses en el centro de detención a través de las fotografías realizadas por miembros de la plataforma Noborders Lesvos.

Noticias sobre el Centro de detención Pagani publicadas en P+DH:


  • Mañana se vota en el Congreo de los Diputados la reforma de la ley de extranjería
  • Saldrá adelante con el apoyo de PSOE, CIU y CC, si se cumplen las previsiones del Gobierno
  • Las organizaciones sociales creen que son insuficientes las modificaciones que se han producido en el texto desde que llegó al Congreso en verano
Manifestación contra reforma LOEX

Arriba las que luchan/ Flickr

Es la cuarta reforma que se aplica a la ley de extranjería desde que entró en vigor hace 9 años. Para el Gobierno se trata de un texto que consolida una inmigración legal, ordenada y adaptada a las necesidades del mercado laboral, mientras que las organizaciones sociales lo ven como un retroceso que convierte al inmigrante en una mera herramienta de trabajo.

El proceso, que comenzó en el mes de junio, cierra mañana una etapa con la votación en el Pleno del Congreso de los Diputados en la que el Gobierno ya se ha asegurado el apoyo de Convergència i Unió (CIU) y Coalición Canaria (CC) gracias a la incorporación de 40 de las 60 enmiendas presentadas por CIU, la mayoría relacionadas con las competencias de las comunidades autónomas, y la suma de las propuestas de CC vinculadas al traspaso y tutela de los menores inmigrantes.

Más de 500 organizaciones sociales como Amnistía Internacional, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), la Red Acoge o Cáritas han mostrado, sobre el papel a través de informes y en la calle con manifestaciones, su rechazo a un texto que, dicen, recorta derechos de los inmigrantes y cuyas principales críticas se resumen en estos puntos:

  • Se han ampliado de 40 a 60 días los periodos de detención en los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), donde son recluidos los días previos a su expulsión. Las organizaciones rechazan esa prolongación, piden que el internamiento sea el último recurso y que se incluyan medidas alternativas aplicando el principio de proporcionalidad ya que estar en situación irregular es una falta administrativa que, a su juicio, no debería privarles de libertad.
  • En el ámbito de la educación, la reforma recoge el derecho de los menores inmigrantes indocumentados a acceder a la educación obligatoria, pero no el de los niños de educación infantil y el de los mayores de 18 años que aspiran estudios postobligatorios.
  • La reagrupación se realizará si forman parte del núcleo familiar, hijos y cónyuges, incluyéndose las parejas de hecho y siempre en el caso de que los inmigrantes solicitantes lleven al menos 5 años de estancia legal en España. Otras generaciones ascendientes como los abuelos sólo podrán venir a España si son mayores de 65 años o alegando razones humanitarias.
  • Las mujeres inmigrantes en situación irregular que sufran violencia de género obtendrán un permiso temporal de residencia y de trabajo si denuncian a su agresor. Sin embargo, la denuncia como víctima les abre un procedimiento de expulsión, que aunque quedaría paralizado, podría ser un elemento de disuasión para estas mujeres que dificultara su salida de la espiral de violencia en la que se encuentran.
  • La nueva ley contemplará multas de hasta 10.000 euros para quienes inviten y acojan a inmigrantes que decidan continuar en España una vez concluido su periodo de estancia legal.
  • Se recogen avances en el apartado de los menores, como que éstos puedan nombrar a un defensor judicial en su proceso de repatriación, pero la reforma no incluye el principio de no devolución cuando no existan garantías de que el menor, si es deportado, tenga una vida digna. Tampoco se hace referencia a la obligación del Estado de informar y facilitar al menor su derecho a solicitar asilo.
  • A las ayudas a la vivienda sólo podrán optar los inmigrantes que tengan como mínimo 5 años de estancia legal en España.
  • La reforma garantiza la justicia gratuita, pero en el caso de los inmigrantes se ha incluído una nueva exigencia por la que se les obliga a solicitar una segunda vez la asistencia de un abogado cuando quieran recurrir una denegación de entrada, devolución o expulsión.
  • El texto no contempla el derecho de los polizones a la designación de un abogado. Amnistía Internacional asegura que en muchas Delegaciones del Gobierno no se permiten que reciban asistencia letrada y un intérprete en la primera entrevista con la policía, por lo que solicitan que ésta garantía quede incluida en la reforma.
  • Uno de los aspectos más positivos del texto es que por primera vez se reconocen los derechos de reunión y manifestación, asociación, sindicación y huelga de los inmigrantes, aplicando así la Sentencia del Tribunal Contitucional 236/2007 (PDF).

Las ongs, asociaciones de inmigrantes y el resto de organizaciones sociales aseguran que las modificaciones que ha sufrido hasta ahora el texto no son suficientes, aunque confían en que se sigan produciendo cambios hasta su aprobación definitiva que será, si se cumplen las previsiones, antes de que finalice el año.


  • El representante del nuevo Ministro califica la celda de los niños como “peor que el Infierno de Dante”.
  • Promete cerrar el centro y mejorar las condiciones, la dignidad y acortar los tiempos de detención

El nuevo gobierno griego califica de “inhumano campo de concentración” el centro de detención de Pagani en la isla griega de Lesbos, del que P+DH ha informado en varias ocasiones, y donde los días pasados, los hacinados inmigrantes han incendiado las celdas para denunciar su situación. En Pagani mantienen separados a los padres de las madres y sus hijos, y no les permiten comunicarse ni les informan de su estado y centenares de niños solos están detenidos.

Spyros Vougias,  representante del nuevo Ministro de Protección de los Ciudadanos ha condenado las condiciones "inhumanas" de Pagani. Foto: NoBorders Lesvos 09

Spyros Vougias, representante del nuevo Ministro de Protección de los Ciudadanos ha condenado las condiciones "inhumanas" de Pagani. Foto: NoBorders Lesvos 09

Spyros Vougias, representante del nuevo Ministro de Protección de los Ciudadanos, acompañado por varias ONG, ha visitado Pagani y ha condenado las condiciones “inhumanas” y  propias de un “campo de concentración” y ha reconocido que “no es un lugar para seres humanos”.

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Alegría en Pagani. Foto NoBorders Lesvos 09

Tras hablar con los inmigrantes prisioneros en sus jaulas, Vougias ha calificado la celda de los niños como “peor que el Infierno de Dante” y ha prometido que el centro será cerrado, según ha informado la plataforma Noborders Lesvos 09, quienes también afirman que ayer mismo la policía golpeó a varios inmigrantes y, como es habitual, no les permitió recibir la atención médica necesaria. Por otra parte Vougias ha asegurado que mejorarán las condiciones, la dignidad y se acortará el tiempo de detención de los inmigrantes.

El agua que inunda las celdas moja los sucios colchones donde duermen las familias detenidas. Foto: NoBorders Lesvos 09

El agua que inunda las celdas moja los sucios colchones donde duermen las familias detenidas. Foto: NoBorders Lesvos 09

A pesar de la indiferencia y mayoritario silencio informativo , la denuncia, la presión y el acompañamiento de las organizaciones sociales como MSF, ACNUR y activistas de  NoBorders Lesvos 09 en defensa de los derechos humanos de los inmigrantes de Lesbos, han conseguido la promesa del gobierno de que el centro será cerrado próximamente y que los niños presos sean liberados.

Más de 100 niños están presos Pagani. Foto NoBorders Lesvos 09

Más de 100 niños están presos Pagani. Foto NoBorders Lesvos 09


Quien hace la ley hace la trampa pero en esta ocasión la trampa la puso el traductor. Según el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y en contra de lo que dice la versión española del Acuerdo Schengen, España no está obligada a expulsar a los inmigrantes irregulares [PDF]. Se trata de un error en la traducción de la directiva.

El texto en español [PDF], en su artículo 11, dice que la persona “será expulsada”:

1. Cuando el documento de viaje de un nacional de un tercer país no lleve sello de entrada, las autoridades nacionales competentes podrán presumir que el portador no reúne o dejó de reunir las condiciones de duración de la estancia aplicables en el Estado miembro de que se trate. […]
3. De no refutarse la presunción a que se refiere el apartado 1, el nacional del tercer país será expulsado por las autoridades competentes del territorio del Estado miembro de que se trate.»

Inmigrantes senegaleses deportados llegan a su país. Foto:marchaigualdad.blogspot.com

En la versión original el “será expulsado” es un “podrá ser expulsado”, modificando así la naturaleza de la sanción que no se plantea como una obligación, y que deja en manos de la legislación de cada país su aplicación, como recuerda la sentencia del Tribunal de Justicia:

En su versión en español, dicho apartado impone una obligación, en la medida en que prevé que, si no se refuta la presunción, el nacional de un tercer país «será expulsado» del territorio del Estado miembro de que se trate por sus autoridades competentes. En cambio, en todas las demás versiones lingüísticas, la expulsión aparece como facultativa para dichas autoridades.

De hecho, la ley de extranjería española, que está siendo reformada, ya recoge que la expulsión puede ser sustituida por una multa de hasta 6.000 euros. Una práctica que se lleva a cabo de forma desigual en España, donde las resoluciones judiciales varían ante un caso de similares características en función de la sala donde se tramite. El propio Tribunal Supremo ha dictado multitud de sentencias (como ésta, PDF) donde afirma que la sanción a imponer ante estas “faltas graves”, como las denomina la ley, es la de multa y no la de expulsión pues no existe un plus que justifique la sustitución una por la otra.

Ése es el caso de los inmigrantes bolivianos que motivaron la sentencia del Tribunal europeo, ambos recibieron en el año 2006 una orden de expulsión de la Delegación del Gobierno de Murcia y la prohibición de pisar el territorio Schengen durante cinco años. Presentaron un recurso al Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la comunidad por considerar que la decisión era desproporcionada y pidieron su sustitución por una multa. El TSJ de Murcia ha recurrido [PDF] al Tribunal de Justicia de la UE para preguntarle sobre si el Derecho comunitario obliga o no a expulsar a los inmigrantes sin papeles, y el organismo europeo asegura que esa no es la intención del Acuerdo.

La voluntad real del legislador no fue imponer a los Estados miembros de que se trata la obligación de expulsar de su territorio al nacional de un tercer país que no consigue refutar la presunción contemplada en el apartado 1 de dicho artículo, sino dejarles la facultad para hacerlo.


  • En los últimos días, los inmigrantes presos han incendiado en varias ocasiones las celdas para denunciar su situación.
  • Mantienen separados a los padres de las madres y sus hijos, y no les permiten comunicarse ni les informan de su estado.
  • Trescientos de los novecientos inmigrantes encarcelados en el centro Pagani de Lesbos fueron liberados ayer.
Menores detenidos en el centro Pagani/No borders Camp Lesvos

Menores detenidos en el centro Pagani/Noborders Lesvos

Tras la huelga de hambre que hizo un grupo de menores encarcelados en el centro de detención de Pagani en la isla griega de Lesbos, a finales de agosto, las protestas se han ido agravando durante el último mes y medio. El pasado viernes varios prisioneros incendiaron su celda.El lunes al menos otras dos celdas fueron incendiadas.

Pero, ¿qué está pasando dentro del centro Pagani para que los propios presos metan fuego a sus celdas? Muchas de las novecientas personas, procedentes de Oriente Próximo, el noreste africano y de Europa del Este, llevan meses encarcelados sin saber cuándo serán liberados, ni bajo qué condiciones. Viven hacinados, los padres separados de sus mujeres e hijos, sin poder comunicarse entre ellos, incluso, algunos sin saber si sus familiares permanecen aún en el centro o en cómo y dónde estarán sus mujeres e hijos, puestos en libertad hace algunas semanas. Todo este ambiente de tensión se agravó cuando hace unas semanas fue liberado un grupo de presos, entre los que había personas que llevaban menos tiempo retenido que otras que se quedaron. Hay personas que aseguran llevar cinco meses en el centro.

MSF consiguió que algunos de los niños presos pudieran ver a sus padres ©MSF

MSF consiguió que algunos de los niños presos pudieran ver a sus padres ©MSF

“En una de las celdas, de unos 200 metros cuadrados, encontramos más de 200 mujeres con niños. De los 68 niños, 36 eran menores de cinco años. Entre estas personas, había 5 mujeres embarazadas en su octavo o noveno mes.(…) Cuando llegamos, las mujeres llevaban días sin salir al patio. Una de las primeras cosas que hicimos fue sacar a los niños fuera de la celda y acompañarles a visitar a sus padres (…)Fue un momento muy emotivo para nosotros ver a padres abrazando a sus pequeños a través de los barrotes, a menudo llorando.(..) Un padre no paraba de preguntar acerca de su esposa y su hijo recién nacido que había venido al mundo hacía pocos días. Su esposa y su bebé estaban aún en el hospital y a él no se le permitía visitarles allí. Le preocupaba que su esposa y su hijo fueran devueltos al centro de detención. También nos dijo que tenía miedo de que él y su familia muriesen allí“.

Estos extractos son parte de  la carta publicada por la adjunta del Jefe de una Misión de Médicos Sin Fronteras. Ionna Kotsioni formaba parte del equipo de MSF que volvió en agosto de este año al centro de detención de inmigrantes Pagani, en la isla Lesbos, después de que la organización decidiese abandonar esta misión en septiembre de 2008 porque las autoridades no les dejaban hablar ni antender a los presos que necesitaban ayuda legal o médica.

Gracias a la presión llevada a cabo en agosto por MSF, ACNUR y la plataforma Noborders Lesvos consiguieron que unas 300 personas, en su mayoría mujeres y menores no acompañados, fueran trasladadas a un lugar con mejores condiciones “donde los niños no estuviesen encerrados en celdas y donde pudieran esperar que sus padres fuesen puestos en libertad”, según cuenta MSF. Las autoridades locales ofrecieron el camping de Lesbos, pero sólo podrían quedarse cuatro días. Cuando partían para Atenas llevaban un pase en el que se les pedía que abandonasen Grecia por sus propios medios en los 30 días siguientes. “Entre ellos había dos familias palestinas con niños pequeños y sus madres embarazadas de 8 meses. También había una familia afgana con una niña recién nacida y dos niños pequeños más. La tía del bebé me dijo que decidieron llamar a la pequeña Daría, que significa “mar” y no dejaba de repetirme que era un bebé griego ahora, que había nacido en Grecia. Esta familia y algunas más, en total 40 personas, quedaron abandonadas a su suerte en el puerto sin ningún lugar a donde ir, totalmente abatidas. (…) En realidad, para todos estos migrantes indocumentados no se contempla proveerles con alimentos, refugio ni lo que es más importante, atención sanitaria. (…) A MSF le inquieta la suerte de todas estas personas que se enfrentan a un futuro de indigencia e incertidumbre“, explica la organización en la carta.

Mujeres liberadas del centro de detención de Pagani recién llegadas a Atenas ©MSF

Mujeres liberadas del centro de detención de Pagani recién llegadas a Atenas ©MSF

Ayer, tras los incendios de las celdas, fueron puestas en libertad 300 personas, incluidos familias y hombres. Tuvieron que comprar los tickets para los barcos que les llevarían a Grecia por sus propios medios.  “Cada día llegan unas cien personas al centro de Lesbos, y cientos siguen aún presas. Pagani no está vacío. Hay mucha policía dentro, los prisioneros sólo pueden salir al patio diez minutos a la semana y la próxima revuelta está a la vuelta de la esquina”. Así termina la última información publicada por la plataforma Noborders Lesvos.

Puesta en libertad de detenidos de Pagani

Inmigrantes puestos en libertad ayer se dirigen al barco que les llevará a Atenas/ Noborders Lesbos



No habrá más cárcel para el top manta en Vizcaya. La Audiencia provincial ha suprimido las condenas de prisión a los detenidos por la venta ambulante de copias de cds y dvds piratas, un acuerdo pionero en España.

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Foto: José Carlos Fernández / Flickr

Los jueces de las seis secciones de la Audiencia, tres civiles y tres penales, han fijado un criterio por el que los delitos contra la propiedad intelectual (cds y dvds) o industrial (cinturones, bolsos…) por la venta callejera de mercancía serán castigados con sanciones civiles y administrativas (multas o similares) pero no con penas de cárcel.

“Hasta ahora había muchas discrepancias entre los magistrados y el inmigrante tenía que jugar a la lotería, dependiendo de en cual de las secciones le tocara podía ser absuelto, multado o condenado a una pena de prisión” afirma Javier Galparsoro, Presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) Euskadi. No se trata de una reforma del Código Penal sino un acuerdo sin efectos fuera de la Audiencia provincial. “La ley no cambia, los policías no tienen una orden que les diga que no detengan a los manteros, seguirán deteniéndolos, los jueces de instrucción seguirán condenándolos porque hay fiscales que seguirán acusándolos pero al llegar a la Audiencia no habrá penas de cárcel. La pregunta es si tiene sentido empezar un procedimiento contra una persona sabiendo que al final la van a absolver. Es una pérdida de tiempo, hay que perseguir las conductas más graves y no al último eslabón.”

Bira es uno de éstos eslabones, es senegalés y llegó a España hace dos años y medio. Ha trabajado en la construcción y la recogida de la fruta, pero desde que “no hay trabajo” pasa el día frente a un retal en el que coloca varias decenas de dvds y cds. “No sé cuántas veces los pongo y los quito, tenemos que estar pendientes de la policía porque si viene se lo lleva todo”. Un capítulo que se repite dos o tres veces al mes. El senegalés está al tanto del conflicto legal que genera el top manta. “Yo sé que la gente que graba los cds vive de esto y  yo no le quiero quitar la comida a nadie pero nosotros también tenemos que comer y no podemos hacer otra cosa. Ningún mantero te va a decir que le gusta vender cds”.

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Juan Luis Sánchez / Piraván

Él y un compatriota han pasado la tarde en una céntrica plaza pero no han vendido nada. Hay meses en los que sus ingresos casi no llegan a superar los 100 euros. “Ni siquiera nos da para comer, y menos para enviar dinero a casa”. Sin embargo, después de haber probado suerte en varias ciudades, aseguran que en el norte es donde se encuentran más a gusto. “En Madrid era mucho peor, allí hay demasiado control y te quitan continuamente la mercancía. Varios de mis compañeros han estado en la cárcel”.

En Madrid hay actualmente 25 personas cumpliendo condena por la venta callejera, detrás están provincias como Sevilla con 15 y Valencia con 10. En total, 118 manteros están presos en cárceles españolas por delitos contra la propiedad intelectual según los datos de Instituciones Penitenciarias. Más de 500 desde 2003 cuando se reformó el Código Penal.

“Lo que no sabemos es cuántos han sido expulsados del país por una falta que debe ser administrativa. La mayoría de los manteros está en el primer escalón para su inserción y muchos ni siquiera dominan bien el español, cuando los condenan les cierran las puertas a su regularización porque si se les abren procesos penales no pueden obtener los permisos de residencia” asegura Patxi de la Fuente abogado de la plataforma Mbolo Moye Doole.

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Liz Castro / Flickr

Ésta y otras organizaciones esperan que la decisión de la Audiencia provincial de Vizcaya sea un impulso más para la reforma del artículo 270 del Código Penal que castiga la venta ambulante de copias ilegales de cds y dvds con penas de prisión de seis meses a dos años y multa multas de 12 a 24 meses. Desde noviembre del año pasado un grupo de juristas, con el apoyo de colectivos sociales y de actores, lucha por despenalizar el top manta y conseguir el indulto de aquellos que están actualmente en prisión. “Hemos creado una red de abogados que se está encargando de visitar a los presos en las cárceles y redactar las peticiones de indulto. De momento, ya hemos presentado 20 al Ministerio de Justicia” afirma Julian Ríos Profesor de Derecho Penal en la Universidad de Comillas y portavoz de la plataforma.

Si se cumplen las previsiones del Gobierno, antes de final de año llegará al Congreso la reforma del Código Penal en la que podría incluirse esta modificación, que según la plataforma, está teniendo “buena acogida” entre los grupos parlamentarios y los representantes del Ministerio de Justicia con los que se han reunido. “El sistema actual es muy injusto y por eso hay que cambiarlo, los manteros no dependen de su conducta sino del juez, la provincia y el juzgado que le toque. El derecho penal está para los culpables de todo el proceso no para quienes venden en la calle”.


Foto: Olmo Rotos / Flickr

Foto: Olmo Rotos / Flickr


“A los policías lo que nos gusta es detener a delincuentes, a violadores, a ladrones, a asesinos… y no tener que ir a una estación de metro o a la puerta de un colegio para detener a una madre o a un trabajador por no tener papeles. Los policías de a pie de calle también tenemos nuestro corazoncito”. Alfredo Perdiguero habla en nombre de los miembros de la Unión Profesional de Policía, a la que pertenecen la mayoría de los policías nacionales de Madrid.

“Estamos hartos de recibir presiones para que hagamos extranjería con el único objetivo de inflar las estadísticas de detenciones. Sabemos que no sirve nada más que para eso. Al inmigrante se le lleva a comisaría, se le apunta en el libro de detenciones para engrosar la lista y después se le deja ir porque no hay capacidad de hacer otra cosa. Con las estadísticas, los jefes policiales hacen méritos y suben en el escalafón”, se lamenta Perdiguero, que esta tarde se reune con el Gobierno para plantear estas quejas.

En los últimos meses, P+DH se ha hecho eco de las detenciones indiscriminadas y a veces en forma de redadas que se siguen produciendo en diferentes puntos del país, como en Madrid o Tenerife. El sindicato de policía confirma que “se obliga a los policías a dejar otras tareas prioritarias” y se dan órdenes para que, por ejemplo en Madrid, cada patrulla detenga a dos inmigrantes ilegales por turno. “La situación es la misma que la denunciada en febrero”, cuando el ministro Rubalcaba desautorizó estas prácticas y las achacó a un error. “Aunque Interior diga lo contrario, esto sigue pasando; si el Ministerio realmente hubiera dado orden de que no pasara, nadie se atrevería a desobedecer”, dice Perdiguero rechazando las versiones que hablan de boicot interno a las instrucciones del Gobierno.

España se encuentra en el punto de mira del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que acaba de exigir al Gobierno que cumpla con los tratados internacionales y no realice más controles policiales discriminatorios que puedan “propagar actitudes xenófobas”.

Gráfico en Publico.es 'Trámites para la expulsión de un inmigrante irregular' / Haz click sobre la imagen para ampliar


  • 54 inmigrantes indios viven acampados en el monte de Ceuta desde hace casi un año y medio
  • Reclaman al gobierno que les permita cruzar a la península para regularizar su situación

Las huellas de las pisadas sobre el monte del Renegado se pierden entre los árboles hasta desembocar frente a un viejo archivador de oficina sobre el que reposan el retrovisor de un coche y una cuchilla de afeitar. A pocos metros, la chapa de un capó amarrada a plásticos y cartones protege un colchón. La imaginación es el único recurso que hace al monte un lugar un poco más habitable para los 54 inmigrantes indios que desde hace casi un año y medio acampan en él.

Antes vivían en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta pero lo abandonaron cuando comenzaron los rumores sobre su repatriación. “Vimos como otros indios, bengalíes y africanos salían deportados. La policía puede venir a por tí las 3 o las 4 de la mañana y ahí acaba todo. Nosotros no queremos volver así”, dice Gurpreet Singh, Babú como le conocen todos, un joven de 24 años que maneja con soltura el español y actúa como portavoz del grupo.

Dos inmigrantes indios en un campamento del monte de Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

5 años perdidos

La historia de Babú es, con otros nombres y fechas, la de sus 53 compatriotas. Volver es el fracaso del que huye desde hace 5 años cuando salió de la India donde quedó su familia embargada tras ayudarle a costear los 15.000 euros de un viaje que le iba a llevar directo a Europa. Pero desde que cogió el primer avión de Nueva Delhi a Burkina Faso el tiempo comenzó a dilatarse.  Babú enumera cada uno de los puntos de la ruta como si fuese la tabla de multiplicar. “Llegué a Burkina Faso, después Koulikoro y Gao en Mali, Gardaia, Argel y Maghnia en Argelia, Rabat, Tánger, Oujda, Nador y Castillejos en Marruecos”. Recordar el camino es más fácil de lo que fue recorrerlo.

Pasó dos años sometido a las extorsiones de las mafias, detenciones, cárceles, expulsiones que le hacían volver sobre sus pasos y caminadas por el desierto. “Estuvimos 7 meses en el Sáhara, fue muy difícil, casi no comíamos ni bebíamos nada, nos daban arroz mezclado con tierra y agua con gasolina. morir a dos compañeros, los metieron en bolsas de basura y los abandonaron en el desierto”.

Raja Singh se afeita la barba en el campamento del monte. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

En diciembre de 2006, tras pagar 3000 euros cruzó la frontera de Ceuta escondido en el salpicadero de un coche. “Estaba muy contento, pensaba que podría trabajar y ganar dinero para mi familia. Pero no. Aquí estamos otra vez atrapados, delante tenemos un mar que no podemos cruzar y detrás Marruecos donde no queremos volver”. A la frustración se suma la impotencia a la que se enfrentan cada vez que llaman a los suyos. “Mi familia vendió nuestra casa y ahora viven con mi primo. Siempre me dicen que cuándo habrá una solución y no sé qué decirles. Me preguntan que cuándo iré a la península y sólo sé decir que no lo sé, es difícil llamarles”. Satnam Singh tenía 17 años cuando salió de la región de Punjab.

No hay papeles en Ceuta

Para ellos como para el resto de inmigrantes que aguardan en el CETI, Ceuta es un limbo jurídico en el que sólo les queda esperar el día de regreso a sus países. La orden de expulsión se convierte un billete de vuelta que puede tardar meses o incluso años en ejecutarse. Como les ha ocurrido. En el mes de diciembre 31 de los 54 indios habrán completado 3 años en España.

Legalmente, a partir de entonces podrían solicitar el arraigo social. Sin embargo, “los trámites aquí son muy difíciles, tendrían que demostrar vínculos familiares que en su caso no existen o presentar un informe de los servicios sociales favorable pero ellos no reciben atención municipal. Además, se les pide una oferta de trabajo con contrato de una duración mínima de un año. Si les dejaran cruzar a la península cumplir los requisitos sería más sencillo, allí tendrían más posibilidades, por ejemplo, de encontrar empleo”, aseguran desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Asimismo, al tener una orden de expulsión, su solicitud de arraigo probablemente no sería admitida a trámite por lo que ya han solicitado a la Administración que la sustituya por el pago de una multa que rondaría los 300 euros, pero de momento no han obtenido respuesta.

Campamento del monte del Renegado. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

La Asociación Elín, que les asesora e imparte clases de español. recuerda además que en Ceuta los inmigrantes no pueden inscribise en el padrón municipal. “Este es un caso excepcional en España. No se les reconoce un derecho tan básico como el empadronamiento que les acceso entre otras cosas al servicio sanitario y que sí tienen en el resto del país”.

Una maraña legal que para Babú tiene una traducción más sencilla. “En una ciudad como Barcelona, Jaén o Pamplona si no trabajas puedes buscar en otro sitio. ¿Por qué no en Ceuta? ¿Por qué no podemos pasar? No somos igual que los inmigrantes de la península. Llevamos 5 años de nuestra vida esperando llegar a Europa y esto no es Europa”.

Para él y sus compatriotas, el tiempo, el esfuerzo y las deudas que adquirieron en sus países para costear el viaje, y que ahora no pueden pagar, son su carta de presentación cuando reclaman al gobierno español que les deje atravesar el Estrecho. Esperan una medida de gracia como la que se tomó hace dos años en el caso de 37 bengalíes que tras una protesta de seis meses en el monte fueron enviados Madrid donde regularizaron su estancia. “Estamos en la misma situación, a ellos les dieron los papeles ¿por qué a nosotros no?”. La misma pregunta que se hacen en Melilla 63 bengalíes que cada fin de semana acampan en el centro de la ciudad.

Pero el trámite de las expulsiones continúa. “La ley es la ley y ellos tienen que irse, la Administración están trabajando en su repatriación. Ahora los indios han dejado de llegar. Si con este trabajo de deportación se consigue que por aquí no entren, se están haciendo las cosas bien. Desde el CETI no podemos hacer más que decirles que tienen la puerta abierta para cuando quieran volver y dejar el monte”, dice Valeriano Hoyos, director del Centro de Estancia Temporal.

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Tres inmigrantes indios lavan la ropa en la playa Benítez. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Yo a tu casa y tú a la mía

Desde que comenzaron la protesta, los indios han contado con el respaldo de la Asociación Elín. Con su ayuda organizan la campaña “Yo a tú casa y tu a la mía”, una acampada solidaria en el monte del Renegado a la que esperan que se sumen los 470 inmigrantes que viven dentro del CETI y “quien quiera conocer los problemas que tenemos los inmigrantes en Ceuta”. Quien quiera conocer de cerca la historia de cincuenta y cuatro Ulises.

<<< capítulo anterior. En el laberinto del Estrecho (2) Encerrados en Ceuta


El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta no tiene muros, las rejas verdes que lo rodean dejan ver la rutina de un recinto en el que conviven 470 inmigrantes de 31 nacionalidades diferentes, 470 historias de huidas y peregrinaciones. Los últimos en llegar fueron 25 subsaharianos rescatados el viernes a seis millas de la costa.

Mujeres y niños en el CETI de Ceuta  . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Sandra Osato con su hijo Desmond en el CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Desde el exterior se escuchan las risas de un grupo de nigerianas que charlan sentadas sobre mesas y bancos de piedra en los que se preparan para trenzarse el cabello. Mientras, varios niños corretean a su alrededor. Para la mayoría el centro es la única casa que conocen, aquí se han criado desde que llegaron a España siendo bebés o en el vientre de sus madres.

Darek es nigeriano, emplea indistintamente su lengua materna y el español, dependiendo de la nacionalidad de su interlocutor. Tiene 4 años, es muy activo y su madre, Sandra Osato, sonríe cuando lo ve desenvolverse con tanta soltura. La inocencia de Darek lo mantiene al margen de la historia que le ha traído a España y que comenzó en 2001 cuando Sandra salió de Nigeria escapando de un matrimonio concertado. “Le dije a mi padre que no podría casarme con un hombre tan viejo como aquel”. Huyó de las amenazas de muerte y del repudio de su familia con el novio que ella había escogido y que después se convertiría en su marido y padre de sus hijos. “Todos me abandonaron, yo estaba desesperada y quería empezar de nuevo”. Después de cruzar Libia y Argelia, llegaron a Marruecos donde sobrevivieron pidiendo en la calle durante 4 años y 5 meses. Cuando se quedó embarazada de Desmond, su segundo hijo, cansada de la vida que llevaba decidió probar suerte en el mar. “Le dije a mi marido que no podíamos seguir así y cogí la patera”. Partió sola con los niños.

Con un bebé en su vientre y otro de tres años en el regazo se subió a la embarcación en la que había otras 23 personas. “El viaje fue muy duro. Le pedía a Dios que todo terminara bien. Decía: ‘No quiero volver, no envíes a la policía para que me detenga’. Cuando nos metimos en el mar el motor se paró, se cayó al agua y empecé a llorar porque pensé que todo se acababa… pero vinieron a rescatarnos”.

 CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Lleva más de un año sin ver a su marido, pero habla con él por el móvil a diario. “Está esperando en Tánger para cruzar porque no tiene dinero, ya ha intentado varias veces pasar la frontera nadando pero la policía marroquí lo coge y lo devuelve a Argelia. De vez en cuando me dice que no puede más y yo le suplico que no me deje sola. Le digo que es normal estar enfadado. A veces en las situaciones difíciles es necesario estarlo.”

El CETI está en una colina casi a las afueras de la ciudad, junto a una urbanización de chalets de varias plantas. Durante el día el trasiego de africanos es continuo en sus alrededores, bajan al centro para trabajar de aparcacoches o ayudando en los supermercados que es a lo que pueden aspirar si no tienen papeles. A la caída de la tarde se reúnen en grupos a la sombra de los árboles o en la playa desde donde los días claros ven emerger el perfil de la península como si sólo les separasen unos cuantos metros.

Chukube Manda mira al frente con indiferencia. Entró a Ceuta con un equipo de salvamento marítimo que lo rescató de una balsa a la deriva. La felicidad que le produjo pisar suelo español se convirtió a los pocos días en desengaño, “Creía que esto sería otra cosa. Lo mejor es ir directamente del bosque (de Marruecos) a la península. Los que llegamos a Ceuta no sabemos si estamos en España o seguimos en Marruecos. No puedes avanzar, te quedas parado. Es como una cárcel donde te tienen sin trabajar y sin hacer absolutamente nada hasta que un día vienen, te cogen y te mandan a tu país”.

CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Chubuka salió en enero de 2008 de Camerún. Ha peregrinado por las fronteras de Nigeria, Níger, Argelia y Marruecos, sin dinero, recorriendo cientos de kilómetros a pie por el desierto y sobreviviendo varios días sin comer ni beber. “Tengo muchos amigos que siguen allí y están en pleno desierto, `locos´ por culpa del sol y sin hacer nada. Pasan demasiado tiempo pensando”.

Actualmente, los residentes del CETI provienen mayoritariamente de países en conflicto como Congo, Somalia, Nigeria o Sudán, aunque los hay de toda la África Negra e incluso de Afganistán, Pakistán y la India, de estos últimos 54 abandonaron el centro y acamparon en el monte ceutí hace más de año medio, en señal de protesta, cuando recibieron sus expedientes de expulsión.

CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Dos inmigrantes miran al mar desde la playa Benítez de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

El 80 por ciento de los inmigrantes de la ciudad han solicitado asilo en España pero más del 70 por ciento de esas peticiones han sido denegadas. Ese dato, sumado a las deportaciones masivas, como la de finales de julio cuando 31 nigerianos fueron trasladados a la península y devueltos en avión a su país, hacen que los inmigrantes vivan entre la inseguridad y el miedo. Ibrahim Conde, costamarfileño, no alberga esperanza alguna en regularizar su situación en Ceuta, “sólo me queda pedir a Dios que el gobierno me mande a España pero que no llegue a repatriarme, como les ha pasado a algunos amigos que tengo en Madrid y Barcelona”. Son casos en los que la deportación no llega a ejecutarse. El inmigrante es trasladado a la península con una orden de expulsión e internado en un CIE (Centro del Internamiento de Inmigrantes) durante 40 días, máximo legal permitido que se verá ampliado a 60 días con la aprobación de la nueva ley de extranjería, si en ese tiempo no es devuelto a su país es puesto en libertad. Sólo entonces Ibrahim daría por concluido su viaje.

Ceuta  . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Stea Ishtaiq, de Afganistán es uno de los recién llegados al CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Stea Ishtaiq está en la entrada del CETI, ha llegado hace un par de días. Sentado en el suelo con las piernas cruzadas fija sus ojos en el torno de la puerta por el que van desfilando inmigrantes. Tiene la cara hinchada, muy rosada y seca a consecuencia del sol, una metáfora de cómo le ha tratado la vida en los últimos años desde que salió de Afganistán en 2007 con destino a Italia. Stea es pastún y trabajaba de transportista en Kandahar. “Un día al volver a casa me encontré los cadáveres de mis dos hermanos y mi padre, mi madre y mis hermanas no estaban”dice con un susurro que precede a un largo silencio.  A Stea le dieron una paliza y le pidieron dinero bajo amenaza de muerte. “Se lo conté a un amigo que me dijo que me ayudaría a llegar a Italia”. Lo dejó todo atrás y comenzó un viaje que le llevó a Pakistán y a Irán. Cruzó a Dubai como polizón, escondido en un barco. “Pasé dos o tres días sentado en una habitación. Después me taparon los ojos y me llevaron a otro barco en el que viajé durante tres meses hasta Abiyán, (capital de Costa de Marfil)”. De allí a Mali y al desierto de Argelia. Cuando llegó a la frontera con Marruecos le retuvieron con falsas promesas encerrado en un cuarto durante 14 meses.

“Un día me subieron a coche camino a Rabat o a Tánger, no lo sé. Estuve en el maletero durante 12 o 13 horas y después me dejaron en Castillejos (frontera sur de Marruecos y Ceuta), allí me dijeron que sería el último paso hasta Italia”. De Castillejos lo trasladaron a Beliones donde junto a otras 9 personas subió a una lancha a motor la noche del 24 al 25 de agosto.” Al llegar a Ceuta me aseguraron que ya estaba en Italia y me empujaron para que saliera de la barca. Unos indios me dijeron que esto era Ceuta, no Italia y que viniera al CETI. Aquí me han dado comida y ropa, estoy bien, mejor que en mi país. Allí no tengo futuro…no sé por qué mataron a mi familia, no tenemos dinero. Esa gente de Al Qaeda pone bombas en todos sitios, me matarán si vuelvo”.


  • Primero de los tres capítulos en los que P+DH relatará los intentos de los inmigrantes que quieren cruzar a Ceuta y el desengaño de aquellos que consiguen llegar y se encuentran encerrados en la ciudad
  • Medio centenar de inmigrantes viven escondidos en el bosque marroquí esperando su oportunidad
  • Cada semana cuatro o cinco personas cruzan la frontera en barca, a nado o en dobles fondos de vehículos
Un inmigrante camina por las montañas marroquíes cercanas a la frontera española de Ceuta. Sept 2009. Fotografía Sergi Cámara / Piravan

Un inmigrante camina por las montañas marroquíes cercanas a la frontera española de Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

El agua hierve en el interior de una vieja cacerola. El fuego de la hoguera brilla en los ojos de los seis africanos que lo rodean y dibuja sus perfiles en los árboles. El tiempo pasa lento, muy lento, en el bosque marroquí cercano a la frontera entre Marruecos y Ceuta donde unos cincuenta inmigrantes esperan su turno para cruzar a España.

Willy se limpia el sudor mientras se acomoda en el asiento que forman un par de troncos amarrados. Lleva casi una hora caminando por el monte para llegar al campamento. Ha pasado la tarde sentado en la carretera esperando a que alguien se detenga para darle comida. “La vida aquí es muy dura”. Repite esa frase por inercia, sin esperar una respuesta ni consuelo. Salió de Congo para dejar atrás la violencia y más de un año después continúa huyendo, escondiéndose “como un animal” de las redadas policiales, en un país en el que oficialmente nunca ha estado. Los compatriotas que le acompañaron en el camino consiguieron cruzar y él se ha quedado solo junto a un grupo de senegaleses con los que comparte comida y agua.

A las ocho y media de la tarde ya es noche cerrada y sólo quedan los destellos de las linternas que les ayudan a moverse por el monte, aunque todos podrían recorrer cada palmo del camino con los ojos cerrados. Este campamento es un lugar de paso para los inmigrantes que malviven entre chozas de plástico esperando el momento para cruzar, ya sea a nado, en lancha o saltando la doble valla de seis metros de altura que separa el pesquero pueblo marroquí de Beliones y Benzú, la pequeña aldea española que marca la diferencia entre estar en Europa o seguir en África. Así de simple, un centenar de metros.

La valla de Ceuta cercana al mar.  Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan

La valla fronteriza de Ceuta cercana al mar. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

A la luz del día nadie se atreve a intentarlo pero con la complicidad de la noche salen del letargo. A pesar del desánimo y el cansancio, algunos bajan a la orilla del mar para reconocer el terreno y preparar la travesía. A otros les ha llegado el momento, hoy volverán a intentarlo. Las fuerzas de seguridad marroquíes también despiertan de noche y activan la alerta en los puestos de control, vigilan la costa con lanchas a motor y recorren a pie la montaña en busca de clandestinos. Marruecos cumple a rajatabla el encargo de controlar la inmigración que le ha convertido en una subcontrata europea para externalizar fronteras.

La calma tensa en Beliones

Los vecinos de Beliones reconocen que antes había más movimiento pero aún así el goteo no cesa. “Ahora hay mucha vigilancia pero los “morenos” siguen bajando a la playa”, dice el dueño de un bar. “Por la noche se les ve, se esconden pero todo el mundo sabe que están ahí”.

La madrugada en el pequeño pueblo fronterizo es silenciosa. Es Ramadán, a las tres de la mañana el canto del muecín interrumpe la calma y los hombres salen a la calle camino a la mezquita. Después de la oración vuelven a casa y regresa el silencio. Alrededor de las cinco, dos policías aparecen entre la vegetación de la montaña que rodea Beliones, uno de ellos agarra violentamente a un joven negro por el cuello de la sudadera, lo arrastra hasta la carretera mientras grita y levanta la porra haciendo señas para que nadie se detenga a ver qué está ocurriendo. El detenido no ofrece resistencia pero su cara evidencia el terror que le produce quedarse frente a frente en la oscuridad con el gendarme marroquí.

Lo que podría ocurrir después, lo sabe Ibrahim. Este joven de Costa Marfil recuerda cómo el miedo le paralizó al encontrarse en esa misma situación. La policía marroquí lo detuvo en dos ocasiones cuando se preparaba para saltar la valla. “Me pegaron mucho y me llevaron a Oujda (frontera entre Marruecos y Argelia), allí me abandonaron y tuve que volver a empezar”. Ibrahim estuvo tres años entre Rabat y Beliones, se iba a la capital cuando escapaba de las redadas. Hasta que uno de sus intentos le abrió la puerta a Europa. Cruzó en barca hace un año y ocho meses. Ahora vive en Ceuta, sin papeles y trabajando de aparcacoches.

Varios niños se bañan cerca de la valla de Ceuta que entra en el mar.  Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan

Varios niños se bañan cerca de la valla de Ceuta que linda con el mar. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Por mar o por tierra

Desde septiembre de 2005, cuando más de 150 inmigrantes cruzaron la valla, y cinco murieron por disparos de los gendarmes marroquíes, el control policial tanto de Marruecos como de España ha hecho que acercarse a la verja sea tarea imposible. Ahora las entradas por tierra se registran sobre todo en los dobles fondos de vehículos y las marítimas, aprovechando que perdura el buen tiempo, en barcas o a nado, desafiando a las bajas temperaturas del agua y a las corrientes marítimas.

Samuel Faith llega a las puertas del CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) por la mañana, ha cruzado de madrugada y viene con lo puesto. “He llegado a la ciudad y unos compatriotas me han dicho que viniera aquí”. El paso de los minutos le relaja, pero una risa nerviosa va y viene mientras cuenta cómo ha conseguido entrar. “Mi mujer y mi hijo están en España desde hace 4 años, se lo expliqué a un marroquí y me dijo que me traería a Ceuta. En el viaje me agarré a su espalda y él fue nadando hasta dejarme en la orilla”. Pagó 300 euros por dos horas de viaje sobre un “motor humano”, como se les conoce a los nadadores. “El hombre que me trajo sólo me dijo que corriera al llegar a la playa porque si me cogía la policía me mandaría a Marruecos”. Samuel interrumpe su relato cuando dos policías nacionales llegan a buscarlo. El personal del CETI les ha avisado para que identifiquen al nigeriano y éste pueda quedarse en el centro. Faith se muestra confundido ante los agentes que le preguntan en español y atropelladamente su nombre y apellidos sin que él comprenda qué le están pidiendo hasta que, con nerviosismo, acierta a sacar una fotocopia gastada del libro de familia y entra en el coche que le lleva a comisaría.

Samuel Faith reza en la orilla española tras la valla de Ceuta cercana al mar.  Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan

Un joven de Costa de Marfil reza en la orilla española tras cruzar la frontera de Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Samuel Faith cubre las estadísticas de 4 o 5 inmigrantes que entran semanalmente en el CETI, una cifra que dista mucho de las de 2007 cuando llegaban 10 personas al día. De ello dan fe los vecinos de la playa de Benzú, la primera del lado español. “Antes venían todos los días, pero desde el año pasado se ven cada vez menos. Hay más control. Yo he ayudado a muchos que han entrado nadando, los escondíamos en otra playa. A veces venían mujeres embarazadas, ¿cómo no íbamos a ayudarlas?” dice un habitante de las casas más próximas a la arena. “Por las mañanas encontrábamos chalecos salvavidas y barcas hinchables abandonadas”. Cerca de esta playa la guardia civil española se esfuerza en ponerle puertas al mar, prolongando la valla fronteriza hasta el interior del agua. Desde la garita de control, los agentes vigilan con cámaras térmicas la zona y avisan a Marruecos de los intentos que registran para que la gendarmería les obligue a dar la vuelta y los detenga en la orilla.

Pero a pesar de la férrea vigilancia, se siguen echando al mar. El sábado pasado dos jóvenes subsaharianos detectados por la guardia civil tuvieron que dar media vuelta cuando rozaban la frontera de Benzú. Willy tampoco está dispuesto a desistir, hace unos días trató de cruzar la valla. Mientras esperaban agazapados el momento para encaramarse a la verja y saltar al otro lado llegó la policía marroquí y detuvo a tres de sus compañeros. Él consiguió escapar y ya planea otro intento en barca.

>>> Siguiente capítulo el próximo jueves: En el laberinto del Estrecho (2) Encerrados en Ceuta