P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

  • Primero de los tres capítulos en los que P+DH relatará los intentos de los inmigrantes que quieren cruzar a Ceuta y el desengaño de aquellos que consiguen llegar y se encuentran encerrados en la ciudad
  • Medio centenar de inmigrantes viven escondidos en el bosque marroquí esperando su oportunidad
  • Cada semana cuatro o cinco personas cruzan la frontera en barca, a nado o en dobles fondos de vehículos
Un inmigrante camina por las montañas marroquíes cercanas a la frontera española de Ceuta. Sept 2009. Fotografía Sergi Cámara / Piravan

Un inmigrante camina por las montañas marroquíes cercanas a la frontera española de Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

El agua hierve en el interior de una vieja cacerola. El fuego de la hoguera brilla en los ojos de los seis africanos que lo rodean y dibuja sus perfiles en los árboles. El tiempo pasa lento, muy lento, en el bosque marroquí cercano a la frontera entre Marruecos y Ceuta donde unos cincuenta inmigrantes esperan su turno para cruzar a España.

Willy se limpia el sudor mientras se acomoda en el asiento que forman un par de troncos amarrados. Lleva casi una hora caminando por el monte para llegar al campamento. Ha pasado la tarde sentado en la carretera esperando a que alguien se detenga para darle comida. “La vida aquí es muy dura”. Repite esa frase por inercia, sin esperar una respuesta ni consuelo. Salió de Congo para dejar atrás la violencia y más de un año después continúa huyendo, escondiéndose “como un animal” de las redadas policiales, en un país en el que oficialmente nunca ha estado. Los compatriotas que le acompañaron en el camino consiguieron cruzar y él se ha quedado solo junto a un grupo de senegaleses con los que comparte comida y agua.

A las ocho y media de la tarde ya es noche cerrada y sólo quedan los destellos de las linternas que les ayudan a moverse por el monte, aunque todos podrían recorrer cada palmo del camino con los ojos cerrados. Este campamento es un lugar de paso para los inmigrantes que malviven entre chozas de plástico esperando el momento para cruzar, ya sea a nado, en lancha o saltando la doble valla de seis metros de altura que separa el pesquero pueblo marroquí de Beliones y Benzú, la pequeña aldea española que marca la diferencia entre estar en Europa o seguir en África. Así de simple, un centenar de metros.

La valla de Ceuta cercana al mar.  Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan

La valla fronteriza de Ceuta cercana al mar. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

A la luz del día nadie se atreve a intentarlo pero con la complicidad de la noche salen del letargo. A pesar del desánimo y el cansancio, algunos bajan a la orilla del mar para reconocer el terreno y preparar la travesía. A otros les ha llegado el momento, hoy volverán a intentarlo. Las fuerzas de seguridad marroquíes también despiertan de noche y activan la alerta en los puestos de control, vigilan la costa con lanchas a motor y recorren a pie la montaña en busca de clandestinos. Marruecos cumple a rajatabla el encargo de controlar la inmigración que le ha convertido en una subcontrata europea para externalizar fronteras.

La calma tensa en Beliones

Los vecinos de Beliones reconocen que antes había más movimiento pero aún así el goteo no cesa. “Ahora hay mucha vigilancia pero los “morenos” siguen bajando a la playa”, dice el dueño de un bar. “Por la noche se les ve, se esconden pero todo el mundo sabe que están ahí”.

La madrugada en el pequeño pueblo fronterizo es silenciosa. Es Ramadán, a las tres de la mañana el canto del muecín interrumpe la calma y los hombres salen a la calle camino a la mezquita. Después de la oración vuelven a casa y regresa el silencio. Alrededor de las cinco, dos policías aparecen entre la vegetación de la montaña que rodea Beliones, uno de ellos agarra violentamente a un joven negro por el cuello de la sudadera, lo arrastra hasta la carretera mientras grita y levanta la porra haciendo señas para que nadie se detenga a ver qué está ocurriendo. El detenido no ofrece resistencia pero su cara evidencia el terror que le produce quedarse frente a frente en la oscuridad con el gendarme marroquí.

Lo que podría ocurrir después, lo sabe Ibrahim. Este joven de Costa Marfil recuerda cómo el miedo le paralizó al encontrarse en esa misma situación. La policía marroquí lo detuvo en dos ocasiones cuando se preparaba para saltar la valla. “Me pegaron mucho y me llevaron a Oujda (frontera entre Marruecos y Argelia), allí me abandonaron y tuve que volver a empezar”. Ibrahim estuvo tres años entre Rabat y Beliones, se iba a la capital cuando escapaba de las redadas. Hasta que uno de sus intentos le abrió la puerta a Europa. Cruzó en barca hace un año y ocho meses. Ahora vive en Ceuta, sin papeles y trabajando de aparcacoches.

Varios niños se bañan cerca de la valla de Ceuta que entra en el mar.  Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan

Varios niños se bañan cerca de la valla de Ceuta que linda con el mar. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Por mar o por tierra

Desde septiembre de 2005, cuando más de 150 inmigrantes cruzaron la valla, y cinco murieron por disparos de los gendarmes marroquíes, el control policial tanto de Marruecos como de España ha hecho que acercarse a la verja sea tarea imposible. Ahora las entradas por tierra se registran sobre todo en los dobles fondos de vehículos y las marítimas, aprovechando que perdura el buen tiempo, en barcas o a nado, desafiando a las bajas temperaturas del agua y a las corrientes marítimas.

Samuel Faith llega a las puertas del CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) por la mañana, ha cruzado de madrugada y viene con lo puesto. “He llegado a la ciudad y unos compatriotas me han dicho que viniera aquí”. El paso de los minutos le relaja, pero una risa nerviosa va y viene mientras cuenta cómo ha conseguido entrar. “Mi mujer y mi hijo están en España desde hace 4 años, se lo expliqué a un marroquí y me dijo que me traería a Ceuta. En el viaje me agarré a su espalda y él fue nadando hasta dejarme en la orilla”. Pagó 300 euros por dos horas de viaje sobre un “motor humano”, como se les conoce a los nadadores. “El hombre que me trajo sólo me dijo que corriera al llegar a la playa porque si me cogía la policía me mandaría a Marruecos”. Samuel interrumpe su relato cuando dos policías nacionales llegan a buscarlo. El personal del CETI les ha avisado para que identifiquen al nigeriano y éste pueda quedarse en el centro. Faith se muestra confundido ante los agentes que le preguntan en español y atropelladamente su nombre y apellidos sin que él comprenda qué le están pidiendo hasta que, con nerviosismo, acierta a sacar una fotocopia gastada del libro de familia y entra en el coche que le lleva a comisaría.

Samuel Faith reza en la orilla española tras la valla de Ceuta cercana al mar.  Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan

Un joven de Costa de Marfil reza en la orilla española tras cruzar la frontera de Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Samuel Faith cubre las estadísticas de 4 o 5 inmigrantes que entran semanalmente en el CETI, una cifra que dista mucho de las de 2007 cuando llegaban 10 personas al día. De ello dan fe los vecinos de la playa de Benzú, la primera del lado español. “Antes venían todos los días, pero desde el año pasado se ven cada vez menos. Hay más control. Yo he ayudado a muchos que han entrado nadando, los escondíamos en otra playa. A veces venían mujeres embarazadas, ¿cómo no íbamos a ayudarlas?” dice un habitante de las casas más próximas a la arena. “Por las mañanas encontrábamos chalecos salvavidas y barcas hinchables abandonadas”. Cerca de esta playa la guardia civil española se esfuerza en ponerle puertas al mar, prolongando la valla fronteriza hasta el interior del agua. Desde la garita de control, los agentes vigilan con cámaras térmicas la zona y avisan a Marruecos de los intentos que registran para que la gendarmería les obligue a dar la vuelta y los detenga en la orilla.

Pero a pesar de la férrea vigilancia, se siguen echando al mar. El sábado pasado dos jóvenes subsaharianos detectados por la guardia civil tuvieron que dar media vuelta cuando rozaban la frontera de Benzú. Willy tampoco está dispuesto a desistir, hace unos días trató de cruzar la valla. Mientras esperaban agazapados el momento para encaramarse a la verja y saltar al otro lado llegó la policía marroquí y detuvo a tres de sus compañeros. Él consiguió escapar y ya planea otro intento en barca.

>>> Siguiente capítulo el próximo jueves: En el laberinto del Estrecho (2) Encerrados en Ceuta


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  • Unos 160 menores inmigrantes no acompañados están encarcelados en el Centro de Detención de la isla griega Lesbos.
  • Tienen entre doce y diecisiete años, la mayoría proceden de Afganistán, Somalia e Irak, viven hacinados en celdas con más de 100 personas y han pasado cuatro días en huelga de hambre por unas condiciones que el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura calificó de “abominables”.
  • Esto está ocurriendo en un país de la Unión Europea, en Grecia. Y es la segunda vez que ocurre.

El pasado 18 de agosto, unos 160 menores presos en el Centro de Detención de Pagani, en la isla griega Lesbos, comenzaron una huelga de hambre poco después de que tuvieran lugar numerosas redadas policiales de inmigrantes en las principales ciudades del país. Los menores mantuvieron cuatro días la huelga mientras organizaciones internacionales empezaban a lanzar la voz de alarma.

La situación geográfica de Grecia la ha convertido en el principal puente para las personas procedentes de Europa del Este, Oriente Próximo y el Noreste de África que quieren llegar a la Unión Europea. Según fuentes policiales, de enero a agosto de 2008, fueron detenidas 69.845 inmigrantes, casi siete veces que en las mismas fechas en España. Grecia también se ha convertido en el foco negro de las denuncias internacionales sobre las violaciones de derechos humanos a las que son sometidas éstas personas una vez logran alcanzar sus costas. Incluidos los niños.

Hasta hace apenas unos días no habíamos tenido acceso a unas imágenes que mostrasen las condiciones de insalubridad y hacinamiento en las que cientos de personas malviven en los centros de internamiento griegos. Hoy tenemos acceso a ellas gracias a la Plataforma Noborders Camp Lesvos, compuesta por organizaciones antiracistas europeas,  que está dirigiendo una campaña desde la isla Levos contra “la política inhumana para los refugiados del gobierno griego, y un cambio fundamental en las políticas de inmigración europeas”. En el video pueden ver cómo conviven más de 160 niños y adultos en una celda de 200 m2, con las letrinas en el interior, con literas de tres y cuatro camas de altura y colchones tirados por el suelo. Hombres y niños desesperados.

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La iniciativa de Noborders Camp Lesvos 09 ha conseguido llamar la atención mundial sobre la situación de estas personas mediante la organización de un campamento en la misma isla del centro en el que están participando más de 150 personas de numerosas nacionalidades. Diariamente se congregan en la puerta del Centro, manteniendo el contacto con los presos e informando a través de una radio online, su web y el twitter. En uno de sus últimos comunicados relatan cómo “los menores están encerrados en la misma habitación, compartiendo un solo baño. Muchos se ven obligados a dormir en el suelo porque las camas son insuficientes. Algunos niños sólo tienen ocho o nueve años. Cincuenta de ellos llevan más de dos meses presos”.

En 2008 llegaron a Grecia más de 1000 menores inmigrantes no acompañados, pero este país sólo cuenta con unas 300 plazas para el cuidado estatal de estos niños. Por lo que según Human Rights Watch “todo niño que entra en Grecia tiene muchas probabilidades de terminar en centros de detención o en las calles”. De hecho, el informe de 111 páginas que elaboró esta organización el pasado año dedicado exclusivamente a este asunto se llamaba “Abandonados para sobrevivir” y denunciaba “las condiciones miserables de vida, la amplia violencia experimentada a manos de la policía y la guardia costera, la explotación en la agricultura y la construcción, y el riesgo que corren de acabar en manos de traficantes”.

Según una de las entrevistas que recoge el informe de HRW, un joven afgano,que había estado retenido 34 días en este centro resumía así las condiciones de éste: “Me enfrenté  a gran cantidad de dificultades ahí… todo estaba muy sucio. En una semana, sólo nos dejaron salir al patio durante 15 o 20 minutos. Nos enfermábamos cada día”.

El viernes pasado la Plataforma Noborders junto a grupos de solidaridad locales celebraron una manifestación delante del Centro que terminó con los gritos de “libertad, libertad” de los defensores de los derechos humanos y de los presos unidos.

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El impacto de la manifestación, la denuncia de Human Rights Watch sobre la huelga de hambre de los menores presos y de ACNUR “alarmada por la detención de niños no documentados”, provocó una reacción en el gobierno. El sábado llegó el rumor al campamento de los activistas de que las autoridades habían decidido poner en libertad a 450 personas -en su mayoría familias y niños-. La noticia ya había llegado al centro de internamiento, y cientos de hombres se pusieron en huelga de hambre para pedir su liberación también. Efetivamente, cuando llegaban al Centro miembros de la plataforma un centenar de inmigrantes eran trasladados en autobuses a otro centro desde donde serían liberados. Poco después, un grupo de manifestantes aprovecha la salida de un camión del recinto para entrar y permanecen durante horas  en el patio del centro.

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Desde entonces, no se han vuelto a poner en libertad a más inmigrantes, las manifestaciones ante el centro se han mantenido y la presión policial se ha endurecido. De hecho, según Noborders Camp, esta mañana han sido detenidos varios miembros de la campaña y ya han sido puestos en libertad.

ACNUR ha declarado su preocupación por las 850 personas que ocupan estas instalaciones cuando no tienen capacidad para más de 300. “Una habitación algerga a más de 150 mujeres y 50 bebés, muchos de ellos sufriendo enfermedades derivadas del estado de hacinamiento e insalubridad del centro” declaró la portavoz en Ginebra de la Comisión para los Refugiados de la ONU, Andrej Mahecic.  ACNUR definió la situación como “parte de un sistema de asilo que requiere una reforma total, una recomendación que se le hizo al país el año pasado pero que no ha sido implementeada”.

De hecho, en 2008, casi la mitad de los 54.000 extranjeros indocumentados internados en centros fueron repatriados y en el primer semestre de 2009, de los 57.000 interceptados hasta ahora, la mitad ha sido repatriada a diversos países de Asia y África. Human Rights Watch también manifestó que “se le está dificultando a esa gente pedir asilo”, cuando Grecia “acepta sólo el 0,05 por ciento de las solicitudes”. A continuación podéis ver un reportaje de Al Jazzeera English sobre la política de asilo griega.

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Esta no es la primera huelga de hambre que hacen los menores presos en Grecia. Hace un año, 100 niños inmigrantes detenidos en otra isla, Leros, se pusieron en huelga de hambre por las mismas razones. En aquella ocasión, como en esta, la policía trasladó a un centenar de niños a centros de alojamiento abiertos, ejerciendo una presión adicional sobre estas instalaciones, algunas de las cuales ya han excedido su capacidad.

Estas detenciones son ilegales puesto que Grecia ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño, que obliga a “proporcionar protección y asistencia humanitaria a todos los niños sin un padre o cuidador, incluyendo los que buscan refugio, considerando primordialmente el mejor interés del niño”. Y la detención debe utilizarse “sólo como medida de último recurso y durante el período más breve que proceda”.


Ocurrió en Rabat, la madrugada del pasado sábado, según informa el corresponsal del diario ABC, Luis de Vega, en su blog “La Frontera débil” :

“El problema de los refugiados (en Marruecos), del que ya hablamos hace unos días, se ha enquistado,(…) hartos de que no se les reconozcan sus derechos como contempla la Convención de Ginebra (…) de las manifestaciones ante la sede del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se pasó a una acampada  (…) hasta que las autoridades marroquíes decidieron manu militari poner fin (….) Fue en la madrugada del sábado. Sin luces ni taquígrafos.”

RABAT (MARRUECOS). 27-6-2009. Un grupo de refugiados subsaharianos es golpeado por los agentes marroquíes después de ser desalojados por la fuerza de la puerta de la oficina de la ONU para los refugiados ACNUR en Rabat. Fotografía: LUIS DE VEGA. Blog "La frontera débil"

RABAT (MARRUECOS). 27-6-2009. Un grupo de refugiados subsaharianos es golpeado por los agentes marroquíes después de ser desalojados por la fuerza de la puerta de la oficina de la ONU para los refugiados ACNUR en Rabat. Fotografía: LUIS DE VEGA. Blog "La frontera débil"

“Rodeado el edificio y cortadas todas las calles adyacentes, el titular de este blog y Erena Calvo, de la cadena Ser, trataron de llegar en vano hasta el lugar. Logramos llegar a medio centenar de metros de los manifestantes, donde una veintena de agentes con y sin uniforme nos pararon a empujones, nos provocaron, nos insultaron y se mofaron de nosotros mientras nos hacían recular.”

“De fondo, los subsaharianos gritaban al ver la escena mientras eran introducidos como cabras en furgones policiales. Estaban recibiendo el mismo trato que el dispensado hace unos días por agentes españoles a un senegalés en el aeropuerto de Barajas”

“Ya en el popular barrio de Takadum y a golpe de porra los refugiados seguían protestando y gritando. Las principales consignas iban dirigidas contra el responsable de la oficina de ACNUR en Rabat, Johannes van der Klaauw.”

“Entre los contusionados había una mujer en avanzado estado de gestación. Estuvo tirada en el suelo más de una hora”

Ver el artículo completo y más imágenes  en “La Frontera débil”, el blog de Luis de Vega >>>>>>


Texto: Patricia Simón. Entrevistas: Lydia Molina y Jessica Romero. Fotos: Javier Bauluz   (c) PIRAVÁN
A principios de año el gobierno israelí recomendó a sus militares no viajar a España, Francia, Reino Unido y los países nórdicos porque podrían ser detenidos y juzgados por crímenes de guerra, tal como le sucedió en 1997 al dictador Pinochet. Si la reforma de la Justicia Universal española prospera los culpables de crímenes contra la humanidad podrán seguir paseando su impunidad por el mundo. Contra la propuesta del PP y del PSOE se han alzado más de 100 organizaciones sociales.

La recomendación del gobierno israelí  tuvo lugar el 25 de enero, apenas una semana después de que acabase la ofensiva israelí contra Gaza que asesinó 1400 palestinos en poco más de veinte días. Era la respuesta a las denuncias de numerosos organismos internacionales y de defensa de los derechos humanos contra la comisión de crimenes contra la humanidad y que exigían la apertura de procesos judiciales en los tribunales internacionales y nacionales.

El gobierno israelí también  anuncia una resolución para regir la protección legal y política de los militares que fuesen denunciados fuera del país por crímenes de guerra.

Palestino golpeado y esposado por soldados israelíes durante la primera Intifada.    (c) Javier Bauluz /PIRAVÁN

Palestino golpeado y esposado por soldados israelíes durante la primera Intifada. (c) Javier Bauluz /PIRAVÁN

Cuatro días después, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu acepta a trámite una querella por los ataques israelíes que se produjeron sobre Gaza en el año   2002   y que mataron a 14 personas (un presunto líder de Hamás y el resto civiles), imputando al ex ministro de Defensa Benjamín Ben-Eliezer junto a seis militares israelíes.

Inmediatamente, la entonces ministra de Exteriores de Israel, Tzipi Livni, que en esos momentos encabezaba candidatura en plena campaña electoral israelí, realiza unas declaraciones en la que dice que su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos, le ha prometido reformar el sistema judicial para evitar este tipo de acciones. A su vez Moratinos en una entrevista radiofónica reconoce la existencia de la gestión y asegura que se hará lo posible para modificar la normativa española.

–  En marzo, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón pide a la Fiscalía que le informe de si debe investigar la querella interpuesta contra seis abogados norteamericanos considerados los “responsables jurídicos” de la creación del centro de detención de Guantánamo. Tras la negativa de la Fiscalía, el caso es asumido por el juez Eloy Velasco quien remite una rogatoria a Estados Unidos en la que pide ser informado si ha realizado alguna investigación en relación a la cárcel de Guantánamo. Paralelamente, ante la desclasificación de los documentos elaborados por los asesores de la Administración Bush, en los que se definía el marco legal para que la CIA empleara la asfixia y el ahogamiento simulados y otras prácticas coercitivas en interrogatorios, el presidente Barack Obama prometía que los ejecutores de las torturas no serían juzgados, aunque dejaba la puerta abierta para los responsables políticos.

El 27 de abril, Garzón abre  una causa para investigar a los posibles “autores materiales, inductores, cooperadores necesarios y cómplices” de los delitos de torturas cometidos en el centro de detención norteamericano de Guantánamo basándose en la desclasificación de los mencionados documentos en los que “se constata lo que antes se intuía: un plan autorizado y sistemático de tortura y malos tratos sobre personas privadas de libertad sin cargo alguno y sin los elementales derechos de todo detenido”, apunta el magistrado en el auto.

La noticia tiene gran impacto en Estados Unidos, se convierte en portada de los principales periódicos, es aplaudida por las organizaciones de derechos humanos y rechazada por numerosos representantes del partido republicano, pero también del demócrata, un sector del cual quiere cerrar este asunto del que estaban al tanto durante el mandato de Bush.
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por Javier Bauluz

No sé quién era quién,  pero yo me sentí como un alienígena al salir, con mi hijo de 12 años, de la película de dibujos animados con el título de este post. Menos mal que no duró unos segundos más, ya que sino hubieramos sido atropellados en la misma puerta del cine. Acababa de encender un cigarro y observaba a los niños, jóvenes y adultos que había a mi alrededor. Unos ligaban, otros jugaban o paseaban por la plaza peatonal. Paz y tranquilidad de sábado tarde en Gijón.

Fue entonces cuando lo ví. Un joven negro con una expresión extraña venía corriendo hacia nosotros. Busqué la causa de su carrera y antes de que nos rebasara rozandonos, ví al policía. Iba subido en una potente moto e intentaba dar caza al ciudadano mientras por la acera sorteaba como podía a los sorprendidos y alarmados peatones,  grandes y pequeños. La moto pasó rápido a nuestro lado mientras el supuesto peligroso delincuente doblaba la esquina a 10 metros. Confieso que por unos segundos me quedé desconcertado, no sabía si estaba en la película y quién era monstruo o alienígena.

Tras comprobar que mi hijo y los hijos de los demas estaban vivos, le dije a mi niño: “¡vamos!”,  y como buenos periodistas corrimos tras ellos.  Al doblar la esquina vimos al joven que volvía corriendo en nuestra dirección por la acera de enfrente, al fondo el policía, parado e intentando girar la gran moto.  Después aceleró, saltó sobre la acera, esta vez sin peatones, y continuó la persecución. Levanté la cámara y disparé antes de que la moto bajara de la acera y girara la esquina. Corrimos otra vez y vimos al policía local parado en una bifurcación. Del hombre que huía ya no había ni rastro.

Me pregunté que terrible crimen habría cometido aquel hombre perseguido para ser objeto de una caza tan denodada y peligrosa para los ciudadanos inocentes.  Por desgracia estoy habituado a cambiar los conceptos, monstruos por alienígenas y viceversa, así que nos encaminamos a comprobar si mis sospechas podían ser absurdamente ciertas. Tras andar menos de cien metros nos encontramos en el Muro de la playa con varias motos, coches y policías, ademas de pequeños grupos de personas reunidos. Fotografié a un policía metiendo bultos en su coche.

Preguntamos a varias personas si habían visto que había pasado. “Vino a la policía a detener a los inmigrantes que venden cds en mantas y estos huyeron corriendo. A uno de ellos lo atropelló ese Mercedes grande. Dió una voltereta y  quedó en el suelo. Cuando los policías se acercaron a cogerle se levantó y salió corriendo a duras penas. Una moto salió a perseguirle”. Por eso llevaba aquella cara extraña el alienígena o ¿era el monstruo?. Iba conmocionado, pero el miedo le daba fuerzas para correr.

El hombre del Mercedes hablaba con los policías, supongo que del “incidente” y de la delantera de su coche abollada y del parachoques desencajado. Más problemas para el más que posible pasajero de patera. Sobrevivir al mar para dañar a un Mercedes y morir atropellado no es un buen final.

Pero ¿por que se jugó la vida dos veces más hoy?. ¿Por qué huyó cruzando el tráfico? ¿Por qué, ya atropellado, encontró fuerzas para levantarse y correr? ¿Por qué con la moto detrás siguió huyendo? ¿Por qué?. ¿Por qué tenía tanto miedo?. La mayoría de los ciudadanos, mientras compran los cds piratas, creen que cuando los inmigrantes salen corriendo con sus mantas perseguidos por la policía, es para evitar que les requisen sólo su miserable forma de vida. Tal vez creen que también les pongan una multa o que los tengan enchironados una noche, para que aprendan que la propiedad privada, intelectual, es tan sagrada como el Mercedes posiblemente asegurado  a todo riesgo gracias a una “barata” póliza. Aunque tengan hambre, sed y lleven años pasando miedo, angustia, frío, dolor y soledad en su largo camino hasta el paraíso de Gijón y no tengan papeles para trabajar con derechos.

La realidad es otra. Y no por menos conocida menos real. ¿Pero, a quién le importa?. Son alienígenas, ¿o son monstruos?. Desde hace años trabajo sobre la inmigración y cada día veo más claro que, tal vez ellos sean alienígenas, pero los monstruos somos nosotros. Ese hombre pobre escapaba de los seis meses a dos años de carcel que le podrían caer, según el artículo 270 del Código Penal. Además de poder ser deportado y de una impagable multa que equivale a 12 a 24 meses más de cárcel.

Según cuenta Público: “Un año de cárcel por vender DVD falsificados en la calle. Es la pena que acaba de cumplir Alioune, un mauritano de 27 años que hace 10 días salió del Centro Penitenciario Madrid 6-Aranjuez: “Han sido los peores 12 meses de mi vida”. Es una locura que se les sancione con la cárcel”, dice Marta Malo, de la organización Punto Mantero. En países como Italia, la sanción es sólo económica. La SGAE aboga por la cárcel porque “no es lo mismo vender CD que tomates”. En el caso de Alioune, la pena que le impuso el juez fue de seis meses de cárcel y 12 de multa. Al no poder pagar la parte económica ganaba entre 150 y 200 euros al mes y enviaba 40 a su familia, su encierro en el centro penitenciario se amplió seis meses más. Él era una de las 63 personas que cumplían penas de prisión por delitos contra la propiedad intelectual.”

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Con vistas a la cercana reforma del Código Penal, un grupo de jueces  y ongs ha solicitado reducir las sanciones y despenalizar el top manta porque consideran “desproporcionada” la condena y abogan por considerar esta actividad como una falta en vez de un delito, cuando la mercancía no supere los 400 euros. También sugieren que las penas sean de multa, sanciones administrativas o servicios a la comunidad. Por otro lado hay una campaña de recogida de firmas que reclama “que se otorgue de oficio el indulto particular total a todas las personas que cumplen pena de prisión por mera exposición o venta al por menor de copias pirata”. Además ante el previsible gran número de sentencias por llegar reclaman que “el Ministerio de Interior sobresea los expedientes abiertos”.

No sé que habrá pasado con el huido, tal vez haya sido detenido en el hospital, si fue allí tras darse cuenta de que estaba herido. Tal vez tenga que pagar los daños del coche, resistencia a la autoridad, dos años de càrcel o ser deportado a la miseria de su país. Y todo por querer comer y trabajar con derechos. Sé que con esta pequeña historia se cuenta parte de la gran historia de la inmigración y nosotros.

Y a mí no me extraña que el alienígena negro huyera como alma que lleva el monstruo en que nos hemos convertido.

PD. Aqui podeís ver la versión de mi hijo en su blog y la de un diario al que informamos

“Es indecente usar el derecho penal para defender la propiedad intelectual”