P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

Por Helena Maleno.

Tánger dieciséis de febrero 2010

Imagina que diste a luz el domingo pasado en un hospital público marroquí. Un niño precioso.

Imagina que te dieron el alta al día siguiente, lunes.

Imagina que volviste a casa, cansada, sangrando del post-parto, con dolores aún en un útero que lucha por volver a su sitio.

Imagina que en casa te está esperando tu niña de dos años y dos meses y tu pareja.

Imagina que esta mañana mientras bañabas al bebé comenzaste a ver que le costaba respirar.

Imagina que corriste al hospital público marroquí.

Imagina que te dijeron que no podían atenderte.

Imagina que fuíste dos veces.

Imagina que la tercera vez tu bebé dejó de respirar casi en la puerta del hospital.

Imagina que pediste auxilio por tu bebé muerto.

Imagina que se lo llevaron a la morgue del hospital.

Imagina que a ti, a tu niña de dos años y dos meses y a tu pareja os llevaron a comisaría.

Ahora imagínate retorciéndote de dolor en las entrañas, el dolor agrio de la muerte de tu hijo, el dolor de un útero que te recuerda recién parida, el dolor de una leche que sube a tus senos duros como piedras. Pero imagínate NEGRA, imagínate AFRICANA, imagínate POBRE, imagínate SIN PAPELES.

Estás sentada, doblada sobre tu vientre en aquel sucio despacho de policías que van y vienen y te hablan en una lengua que no entiendes. Allí te miro e intento traducirte las preguntas que me parecen estúpidas, crueles e inhumanas.

Quieren saber qué  haceis en su reino, cómo habeis entrado y cuánto tiempo llevais aquí. Quieren saber cómo os llamais, cómo se llaman vuestros padres y porqué habeis venido.

Tu pareja grita y pide piedad. Sabe que todas las preguntas van dirigidas a justificar una deportación al desierto. Tu pareja grita y te tranquiliza llamándote “honey”.

Tu niña sonríe, juega con su gorro y canta “haleluya”.

La policía busca un intérprete de árabe a inglés para hacer el parte y llevaros a Tribunal.

Me dices que si te deportan al desierto y allí te violan no crees que aguantarás el dolor, que aún estás recién parida.

Un policía se me acerca y me pregunta : ¿Por qué haceis ésto? ¿Por placer?. Este amable policía llama “esto” a acompañar a unos padres sumidos en el dolor, a comprar algo de comida para una niña que lleva todo el día sin probar bocado y a intentar traer un poco de humanidad o al menos de buen trato a esa puñetera comisaría.

Entonces le miro, me horroriza su frialdad, y le contesto, lo hacemos por amor. Veo en él a esos seres que comen, cagan y hacen de policía para poder seguir comiendo y cagando. Siento lástima.

Detienen a tu pareja en comisaría y me dicen que como caso humanitario te dejan dormir en casa. Mañana tienes que pasar el Tribunal junto a tu marido.

Te hundes. Es la primera vez que te veo enderezar ese vientre que te duele. Gritas y lloras hasta que un policía te manda callar.

No lo soporto, me puede la escena y le pido por favor que entienda que tu hijo ha muerto hoy, que estás recién parida, que te duelen las entrañas.

Me responde con desprecio que en este reino hay unas leyes, que aquí se hace lo que dice el procurador del rey y que tú eres una NEGRA CLANDESTINA.

Mañana iremos al Tribunal, mañana un hombre de este reino decidirá si te tiran a ti y a tu niña al desierto de madrugada. A partir de ahí la suerte decidirá  si serás violada, si tu hija será raptada o porqué no violada también.

Imagínate que todo eso te ha pasado hoy.

Imagínate que a todas nos duelen sus entrañas.

Imagínate que a todas nos duelen nuestras entrañas.

* Helena Maleno,licenciada en Ciencias de la Información, es investigadora especialista en fenómenos migratorios, con especial atención a menores y víctimas de trata con fines de explotación y abarcando las redes de trata desde África subsahariana. Especialista en investigación acción-participativa y especialista en género y desarrollo. Colabora con Women Worldwide Link, actúa como Delegada de CEAR en Marruecos para casos de refugiados y refugiadas. También es voluntaria en Cáritas Tánger y miembro de la red de apoyo Caminando Fronteras.


Hicham Bouchti lleva 11 días sin beber ni comer nada, ni siquiera agua y azúcar, en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla y su situación es crítica. Hicham es marroquí y lleva 8 meses esperando una respuesta a su petición de asilo, “lo pido por motivos políticos, si me devuelven a mi país mi vida corre peligro”. El mismo peligro que corre ahora con la huelga de hambre, hace dos días fue hospitalizado durante nueve horas y su salud puede sufrir daños irreversibles.

Vídeo:  melillafronterasur.com

Hicham, que fue miembro del Servicio de Información Militar de Marruecos, no es un desconocido para las autoridades y medios de comunicación españoles. A pesar de tener poco más de 30 años, su historia es ya una complicada madeja de acusaciones cruzadas, contraespionajes, supuestas torturas en cárceles secretas, conspiraciones, periodistas y camuflajes.

La vida le sitúa ahora en Melilla, donde consiguió llegar hace ocho meses para pedir asilo en España por segunda vez. Ocho meses que Bouchti ha vivido con miedo, temiendo que “la policía secreta marroquí vuelva a por mí”. Ayer su caso fue revisado en la Comisión Interministerial de Asilo y Refugio, el órgano que toma la decisión definitiva, pero todavía no le han comunicado nada. Su huelga de hambre continúa.


  • Admiten a trámite la solicitud de Fátima, una joven marroquí que podría ser condenada en su país a penas de entre un mes y un año de cárcel por ser madre soltera
  • La expulsión del padre de su hijo, de nacionalidad india, continúa en marcha

26990009“Se llama Vikram” dice Fátima mientras su voz se envuelve en una sonrisa. Harmeet, un joven hindú, y ella acaban de registrar a su hijo recién nacido en los juzgados de Melilla. “Ya somos oficialmente los padres, los dos hemos firmado un papel”.

Hace cuatro meses, Fátima tenía tres preocupaciones: la evolución de su embarazo, la resolución de la solicitud de asilo que ha presentado al Gobierno español y la orden de expulsión de Harmeet. La naturaleza es más rápida que la burocracia y la primera obtuvo respuesta el pasado 2 de enero cuando nació Vikram, su primer hijo, un niño “grande y fuerte”. De la segunda, ha recibido buenas noticias esta semana cuando le notificaron que han admitido a trámite su caso. La tercera preocupación, que acabe separada de su pareja, amenaza con romper la buena racha.

Fátima (nombre ficticio) es una joven marroquí cuya historia ya contamos en P+DH que ha pedido asilo en España para no volver a su país, en el que está amenazada por su familia porque el padre de su hijo es hindú y no musulmán, y donde por ser madre soltera podría enfrentarse a penas de entre un mes y un año de cárcel. En octubre presentó su segunda solicitud respaldada por la Asociación Pro Derechos Humanos de la Infancia (PRODEIN), que inició una campaña de información y envío de mails al Gobierno exigiéndole que diera marcha atrás en su denegación de asilo.

Fátima pudo abandonar la chabola en la que vivía por miedo a ser expulsada y volver al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) donde ha pasado el resto de su embarazo y ahora se recupera del parto. “Todo el mundo está pendiente de mí y otras mujeres inmigrantes me ayudan con el niño porque todavía no puedo moverme bien”. Vikram, tendrá la nacionalidad india, como su padre, ya que su madre no quiere que sea marroquí y no puede ser español a pesar de haber nacido en Melilla. En España los hijos de extranjeros obtienen la nacionalidad de sus padres, no la española.

Fátima

José Palazón/ Prodein

Está feliz porque acaba de saber que, esta vez sí, evaluarán su petición de asilo. Más allá de superar un obstáculo administrativo, la admisión a trámite de la solicitud, en la práctica, es un pasaporte para viajar a la península, la idea que persigue Fátima desde que llegó a Melilla hace más de tres años. Los solicitantes de asilo que pasan ese primer filtro tienen una ventaja que no afecta el resto de inmigrantes del CETI, reciben una tarjeta amarilla que les autoriza a cruzar el Estrecho y permanecer en España hasta que el Gobierno se pronuncie sobre su caso.

Si decidiera irse, Fátima podría ser atendida, junto a su hijo, en un centro de acogida gestionado por una ONG. Pero no se quiere ir porque en sus cuentas ya no es una sola, son tres. Ella, su pareja y su hijo, una suma que no admite restas. “No me voy de aquí si Harmeet no viene conmigo. Es el padre de mi hijo. Ahora somos una familia aunque no lo diga un papel y no podemos separarnos, no imagino vivir en España sin él y menos pensar en que se lo lleven de vuelta a la India”.

Harmeet y Fátima llevan juntos tres años, en abril ella se quedó embarazada y desde entonces no se han separado. Sin embargo, mientras a madre e hijo se les empiezan a abrir las puertas a una regularización, él sigue en la misma situación desde hace cuatro años, cuando llegó a Melilla, sin papeles y con una orden de expulsión que la policía podría ejecutar en cualquier momento. “Mi vida está en España. Vine buscando un trabajo pero he encontrado una familia. Ahora tengo la responsabilidad de mantener a mi hijo y no podré cumplirla si me deportan. El mismo temor tiene Fátima.”¿Qué pasa si yo estoy fuera de aquí y se lo llevan? ¿Cómo voy a saber lo que está pasando?”.

Familia

José Palazón/ Prodein

En tres meses tendrán una respuesta definitiva, como recoge la nueva ley de asilo para los casos tramitados por vía urgente como éste. Si es negativa, la joven no volverá a Marruecos. “Me iría a la India, porque él no podría venir conmigo a mi país, es hindú y mi familia ya nos ha amenazado, tampoco quieren a mi hijo”. Si es positiva y Fátima se queda en España, podrían casarse y solicitar la reagrupación familiar. La otra opción es que ambos sean registrados como familia dentro del CETI y que la Delegación del Gobierno en Melilla los enviara a la península e instalara en centros de acogida o pisos gestionados por una ONG, como hace con otras familias que viven en el centro melillense.

Aquí o donde sea, pero juntos. “Somos una familia normal, queremos casarnos, tener nuestra casa donde criar a Vikram”. Pero los tiempos de la Administración son largos y mientras concluyen su pareja sigue en la cuerda floja, sabiendo ambos que cualquier día Harmeet puede ser detenido en una redada policial de las que habitualmente se realizan en el CETI y deportado, dejando solos en España a su hijo y a su mujer.

>> Otras noticias publicadas en P+DH sobre el caso de Fátima

Cuando el amor es un delito

Cartas por el asilo de una madre amenzada

Nueva solicitud de asilo, nuevo plazo para la madre amenazada


Fátima no ha vuelto a Marruecos y de momento no tendrá que hacerlo. La joven embarazada amenazada por su familia, a la que el gobierno había denegado el asilo en España, podrá continuar en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) hasta que obtenga una respuesta a la nueva solicitud de asilo que acaba de presentar su abogada, Mercedes Rubio, de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Ahora tendrá que esperar a que, en un periodo máximo de 3 meses, se pronuncie la Oficina de Asilo. Será entonces cuando Fátima sabrá si ha de abandonar o no Melilla.

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Foto: José Palazón

Se trata de un “caso excepcional”, según la abogada, ya que las peticiones de asilo generalmente sólo pueden realizarse una vez a no ser que varíen los motivos por los que se ha presentado. Pero la entrevista que le realizaron a Fátima en la comisaría de policía de Melilla, uno de los pasos del proceso en el que se estudia de forma individualizada a los solicitantes, fue “vaga e imprecisa” por lo que una vez revisado el caso ha decidio presentar una nueva solicitud exponiendo con más detalle los motivos en los que se sustenta su petición.

La Asociación Pro Ayuda a la Infancia (PRODEIN), promotora de la campaña de cartas de apoyo a la joven realizada la semana pasada, espera que el respaldo social que ha suscitado el caso contribuya a que Fátima pueda quedarse en España. “No podemos echar las campanas al vuelo pero hay lugar para la esperanza. Ha participado mucha gente en la campaña y se han sumado asociaciones e incluso instituciones como el Colegio de Abogados de Melilla y el Defensor del Pueblo. Es un clamor generalizado y el Gobierno no puede darle la espalda” dice José Palazón, presidente de PRODEIN.

Fátima está entre la emoción y la cautela. “Sigo aquí, en Melilla y eso es lo importante. No paro de pensar en que ahora mismo podría estar sola en Marruecos“. A pesar de que el martes tendría que haber abandonado en el CETI, no le han obligado a hacerlo. “Nadie me ha dicho nada, ni que me quede ni que me vaya”. Ahora, con la presentación de la nueva solicitud podrá permanecer en el centro hasta que se pronuncie la Oficina de Asilo, como ya ocurrió cuando le fue denegada la primera petición. “Me han abierto una puerta que estaba cerrada. Llevo meses viviendo con el miedo de volver a Marruecos y por primera vez siento que puedo tener un futuro junto al padre de mi hijo“.


La Asociación Pro Derechos Humanos de la Infancia (PRODEIN) ha puesto en marcha una campaña para evitar que M, la joven embarazada de 7 meses y amenazada por su familia de la que ya hablamos en P+DH, tenga que volver Marruecos donde, por ser madre soltera, podría enfrentarse a penas de entre un mes y un año de prisión. Prodein está difundiendo un modelo de carta y las direcciones de email del Ministerio del Interior, de Trabajo e Inmigración y de la Delegación del Gobierno a las que enviarla donde solicita al gobierno que le otorgue el asilo a la joven marroquí.

M

Foto: José Palazón

“Ante el riesgo que supone para M volver a Marruecos, España tiene que dar marcha atrás en su denegación de asilo, y respetar el artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos según el cual, en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. España es Estado parte de esta declaración y en el caso de que siguiera adelante con la expulsión de esta mujer estaría violando derechos fundamentales del ser humano y poniendo en riesgo la vida de una mujer embarazada” dice el documento.

La carta completa aquí. Y en facebook

El caso ya ha recibido el apoyo del Colegio de Abogados de Melilla que ha interpuesto un recurso contra la denegación del asilo. Según el decano de este organismo Blas Jesús Imbroda es de “absoluta justicia” que se conceda el asilo a esta mujer, a la que se le puede producir “un perjuicio y un daño enorme”, llegándose incluso a “quebrantar sus derechos más elementales”.

El plazo para mandar el mail de apoyo a M concluye el lunes. Si antes de esa fecha no hay un cambio en la posición del Gobierno, el martes la joven tendrá que volver a Marruecos.


Dentro de dos meses Fátima dará a luz a su primer hijo aunque todavía no sabe dónde. El gobierno español le ha denegado su petición de asilo pero la joven asegura que no puede volver a Marruecos porque está siendo amenazada por su familia.

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Foto: José Palazón

Lleva casi tres años en Melilla en los que ha trabajado como limpiadora. Su vida dio un giro cuando comenzó el noviazgo con un joven hindú del que ahora está embarazada de 7 meses. “Los problemas empezaron cuando mi familia se enteró de mi relación con él. No la aceptan. Tuve que abandonar el trabajo porque mi hermano vino a amenazarme y a darme una paliza. En Marruecos no me dejan casarme porque no es musulmán”. El artículo 39 del Código de Familia marroquí prohibe el matrimonio de una musulmana con un hombre de otra confesión religiosa.

Tras haber sido denegada su petición de asilo el pasado 28 de septiembre, Fátima tiene que salir hoy del CETI, en el que ha vivido junto su pareja los últimos 4 meses, y abandonar en menos de 10 días España. “Si me obligan a irme tendré que volver sola porque él no tiene papeles para cruzar la frontera y si lo coge la gendarmería lo deporta”. A Fátima le preocupa el futuro que le esperaría en Marruecos, un país en el que ser madre soltera es un delito. Según el Código Penal (art. 490) son ilegales las relaciones fuera del matrimonio y pueden ser sancionadas con penas de un mes a un año de cárcel. [“toda relación sexual entre personas de distinto sexo no unidas por vínculos de matrimonio será considerada perversa y sancionada con pena de un mes a un año de privación de libertad”].

Vídeo: José Palazón

“Actualmente las autoridades no suelen aplicar la pena de cárcel aunque puede entrar en vigor en casos de una denuncia contra la madre, de abandono o muerte del niño o ” asegura la ONG 100% Mamás. “Las madres solteras en Marruecos pertenecen a una de las categorías de la población más marginadas, son rechazadas por su familia a la que sólo pueden volver si abandonan a su hijo”.

Fátima está segura de que si vuelve su familia la denunciará. “No sé lo que va pasar, tengo miedo”.  La joven ha recurrido al Defensor del Pueblo que está estudiando su situación. Desde la Asociación Pro Derecho de la Infancia (Prodein), su presidente José Palazón recuerda que el año pasado tuvieron un caso como el suyo que terminó con la regularización de la pareja. “Son las incoherencias de este sistema. En aquella ocasión fue exactamente igual, la chica estaba embarazada y él era hindú. Al final le concedieron el asilo y ahora viven juntos en Barcelona. ¿Qué ha cambiado?”.

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Foto: José Palazón

Los jóvenes esperan que la difusión de su caso les ayude a dar marcha atrás en su expulsión.  Para Palazón “es una locura, están en medio de dos Estados. Marruecos, un país extremadamente intolerante y España un país donde no se les reconocen sus derechos, donde la inmigración es castigada y no piensan más que en cómo quitarse a la gente de encima. Sería una vergüenza que sabiendo las consecuencias fuera expulsada”.


El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta no tiene muros, las rejas verdes que lo rodean dejan ver la rutina de un recinto en el que conviven 470 inmigrantes de 31 nacionalidades diferentes, 470 historias de huidas y peregrinaciones. Los últimos en llegar fueron 25 subsaharianos rescatados el viernes a seis millas de la costa.

Mujeres y niños en el CETI de Ceuta  . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Sandra Osato con su hijo Desmond en el CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Desde el exterior se escuchan las risas de un grupo de nigerianas que charlan sentadas sobre mesas y bancos de piedra en los que se preparan para trenzarse el cabello. Mientras, varios niños corretean a su alrededor. Para la mayoría el centro es la única casa que conocen, aquí se han criado desde que llegaron a España siendo bebés o en el vientre de sus madres.

Darek es nigeriano, emplea indistintamente su lengua materna y el español, dependiendo de la nacionalidad de su interlocutor. Tiene 4 años, es muy activo y su madre, Sandra Osato, sonríe cuando lo ve desenvolverse con tanta soltura. La inocencia de Darek lo mantiene al margen de la historia que le ha traído a España y que comenzó en 2001 cuando Sandra salió de Nigeria escapando de un matrimonio concertado. “Le dije a mi padre que no podría casarme con un hombre tan viejo como aquel”. Huyó de las amenazas de muerte y del repudio de su familia con el novio que ella había escogido y que después se convertiría en su marido y padre de sus hijos. “Todos me abandonaron, yo estaba desesperada y quería empezar de nuevo”. Después de cruzar Libia y Argelia, llegaron a Marruecos donde sobrevivieron pidiendo en la calle durante 4 años y 5 meses. Cuando se quedó embarazada de Desmond, su segundo hijo, cansada de la vida que llevaba decidió probar suerte en el mar. “Le dije a mi marido que no podíamos seguir así y cogí la patera”. Partió sola con los niños.

Con un bebé en su vientre y otro de tres años en el regazo se subió a la embarcación en la que había otras 23 personas. “El viaje fue muy duro. Le pedía a Dios que todo terminara bien. Decía: ‘No quiero volver, no envíes a la policía para que me detenga’. Cuando nos metimos en el mar el motor se paró, se cayó al agua y empecé a llorar porque pensé que todo se acababa… pero vinieron a rescatarnos”.

 CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Lleva más de un año sin ver a su marido, pero habla con él por el móvil a diario. “Está esperando en Tánger para cruzar porque no tiene dinero, ya ha intentado varias veces pasar la frontera nadando pero la policía marroquí lo coge y lo devuelve a Argelia. De vez en cuando me dice que no puede más y yo le suplico que no me deje sola. Le digo que es normal estar enfadado. A veces en las situaciones difíciles es necesario estarlo.”

El CETI está en una colina casi a las afueras de la ciudad, junto a una urbanización de chalets de varias plantas. Durante el día el trasiego de africanos es continuo en sus alrededores, bajan al centro para trabajar de aparcacoches o ayudando en los supermercados que es a lo que pueden aspirar si no tienen papeles. A la caída de la tarde se reúnen en grupos a la sombra de los árboles o en la playa desde donde los días claros ven emerger el perfil de la península como si sólo les separasen unos cuantos metros.

Chukube Manda mira al frente con indiferencia. Entró a Ceuta con un equipo de salvamento marítimo que lo rescató de una balsa a la deriva. La felicidad que le produjo pisar suelo español se convirtió a los pocos días en desengaño, “Creía que esto sería otra cosa. Lo mejor es ir directamente del bosque (de Marruecos) a la península. Los que llegamos a Ceuta no sabemos si estamos en España o seguimos en Marruecos. No puedes avanzar, te quedas parado. Es como una cárcel donde te tienen sin trabajar y sin hacer absolutamente nada hasta que un día vienen, te cogen y te mandan a tu país”.

CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Chubuka salió en enero de 2008 de Camerún. Ha peregrinado por las fronteras de Nigeria, Níger, Argelia y Marruecos, sin dinero, recorriendo cientos de kilómetros a pie por el desierto y sobreviviendo varios días sin comer ni beber. “Tengo muchos amigos que siguen allí y están en pleno desierto, `locos´ por culpa del sol y sin hacer nada. Pasan demasiado tiempo pensando”.

Actualmente, los residentes del CETI provienen mayoritariamente de países en conflicto como Congo, Somalia, Nigeria o Sudán, aunque los hay de toda la África Negra e incluso de Afganistán, Pakistán y la India, de estos últimos 54 abandonaron el centro y acamparon en el monte ceutí hace más de año medio, en señal de protesta, cuando recibieron sus expedientes de expulsión.

CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Dos inmigrantes miran al mar desde la playa Benítez de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

El 80 por ciento de los inmigrantes de la ciudad han solicitado asilo en España pero más del 70 por ciento de esas peticiones han sido denegadas. Ese dato, sumado a las deportaciones masivas, como la de finales de julio cuando 31 nigerianos fueron trasladados a la península y devueltos en avión a su país, hacen que los inmigrantes vivan entre la inseguridad y el miedo. Ibrahim Conde, costamarfileño, no alberga esperanza alguna en regularizar su situación en Ceuta, “sólo me queda pedir a Dios que el gobierno me mande a España pero que no llegue a repatriarme, como les ha pasado a algunos amigos que tengo en Madrid y Barcelona”. Son casos en los que la deportación no llega a ejecutarse. El inmigrante es trasladado a la península con una orden de expulsión e internado en un CIE (Centro del Internamiento de Inmigrantes) durante 40 días, máximo legal permitido que se verá ampliado a 60 días con la aprobación de la nueva ley de extranjería, si en ese tiempo no es devuelto a su país es puesto en libertad. Sólo entonces Ibrahim daría por concluido su viaje.

Ceuta  . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Stea Ishtaiq, de Afganistán es uno de los recién llegados al CETI de Ceuta . Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Stea Ishtaiq está en la entrada del CETI, ha llegado hace un par de días. Sentado en el suelo con las piernas cruzadas fija sus ojos en el torno de la puerta por el que van desfilando inmigrantes. Tiene la cara hinchada, muy rosada y seca a consecuencia del sol, una metáfora de cómo le ha tratado la vida en los últimos años desde que salió de Afganistán en 2007 con destino a Italia. Stea es pastún y trabajaba de transportista en Kandahar. “Un día al volver a casa me encontré los cadáveres de mis dos hermanos y mi padre, mi madre y mis hermanas no estaban”dice con un susurro que precede a un largo silencio.  A Stea le dieron una paliza y le pidieron dinero bajo amenaza de muerte. “Se lo conté a un amigo que me dijo que me ayudaría a llegar a Italia”. Lo dejó todo atrás y comenzó un viaje que le llevó a Pakistán y a Irán. Cruzó a Dubai como polizón, escondido en un barco. “Pasé dos o tres días sentado en una habitación. Después me taparon los ojos y me llevaron a otro barco en el que viajé durante tres meses hasta Abiyán, (capital de Costa de Marfil)”. De allí a Mali y al desierto de Argelia. Cuando llegó a la frontera con Marruecos le retuvieron con falsas promesas encerrado en un cuarto durante 14 meses.

“Un día me subieron a coche camino a Rabat o a Tánger, no lo sé. Estuve en el maletero durante 12 o 13 horas y después me dejaron en Castillejos (frontera sur de Marruecos y Ceuta), allí me dijeron que sería el último paso hasta Italia”. De Castillejos lo trasladaron a Beliones donde junto a otras 9 personas subió a una lancha a motor la noche del 24 al 25 de agosto.” Al llegar a Ceuta me aseguraron que ya estaba en Italia y me empujaron para que saliera de la barca. Unos indios me dijeron que esto era Ceuta, no Italia y que viniera al CETI. Aquí me han dado comida y ropa, estoy bien, mejor que en mi país. Allí no tengo futuro…no sé por qué mataron a mi familia, no tenemos dinero. Esa gente de Al Qaeda pone bombas en todos sitios, me matarán si vuelvo”.


  • Primero de los tres capítulos en los que P+DH relatará los intentos de los inmigrantes que quieren cruzar a Ceuta y el desengaño de aquellos que consiguen llegar y se encuentran encerrados en la ciudad
  • Medio centenar de inmigrantes viven escondidos en el bosque marroquí esperando su oportunidad
  • Cada semana cuatro o cinco personas cruzan la frontera en barca, a nado o en dobles fondos de vehículos
Un inmigrante camina por las montañas marroquíes cercanas a la frontera española de Ceuta. Sept 2009. Fotografía Sergi Cámara / Piravan

Un inmigrante camina por las montañas marroquíes cercanas a la frontera española de Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

El agua hierve en el interior de una vieja cacerola. El fuego de la hoguera brilla en los ojos de los seis africanos que lo rodean y dibuja sus perfiles en los árboles. El tiempo pasa lento, muy lento, en el bosque marroquí cercano a la frontera entre Marruecos y Ceuta donde unos cincuenta inmigrantes esperan su turno para cruzar a España.

Willy se limpia el sudor mientras se acomoda en el asiento que forman un par de troncos amarrados. Lleva casi una hora caminando por el monte para llegar al campamento. Ha pasado la tarde sentado en la carretera esperando a que alguien se detenga para darle comida. “La vida aquí es muy dura”. Repite esa frase por inercia, sin esperar una respuesta ni consuelo. Salió de Congo para dejar atrás la violencia y más de un año después continúa huyendo, escondiéndose “como un animal” de las redadas policiales, en un país en el que oficialmente nunca ha estado. Los compatriotas que le acompañaron en el camino consiguieron cruzar y él se ha quedado solo junto a un grupo de senegaleses con los que comparte comida y agua.

A las ocho y media de la tarde ya es noche cerrada y sólo quedan los destellos de las linternas que les ayudan a moverse por el monte, aunque todos podrían recorrer cada palmo del camino con los ojos cerrados. Este campamento es un lugar de paso para los inmigrantes que malviven entre chozas de plástico esperando el momento para cruzar, ya sea a nado, en lancha o saltando la doble valla de seis metros de altura que separa el pesquero pueblo marroquí de Beliones y Benzú, la pequeña aldea española que marca la diferencia entre estar en Europa o seguir en África. Así de simple, un centenar de metros.

La valla de Ceuta cercana al mar.  Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan

La valla fronteriza de Ceuta cercana al mar. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

A la luz del día nadie se atreve a intentarlo pero con la complicidad de la noche salen del letargo. A pesar del desánimo y el cansancio, algunos bajan a la orilla del mar para reconocer el terreno y preparar la travesía. A otros les ha llegado el momento, hoy volverán a intentarlo. Las fuerzas de seguridad marroquíes también despiertan de noche y activan la alerta en los puestos de control, vigilan la costa con lanchas a motor y recorren a pie la montaña en busca de clandestinos. Marruecos cumple a rajatabla el encargo de controlar la inmigración que le ha convertido en una subcontrata europea para externalizar fronteras.

La calma tensa en Beliones

Los vecinos de Beliones reconocen que antes había más movimiento pero aún así el goteo no cesa. “Ahora hay mucha vigilancia pero los “morenos” siguen bajando a la playa”, dice el dueño de un bar. “Por la noche se les ve, se esconden pero todo el mundo sabe que están ahí”.

La madrugada en el pequeño pueblo fronterizo es silenciosa. Es Ramadán, a las tres de la mañana el canto del muecín interrumpe la calma y los hombres salen a la calle camino a la mezquita. Después de la oración vuelven a casa y regresa el silencio. Alrededor de las cinco, dos policías aparecen entre la vegetación de la montaña que rodea Beliones, uno de ellos agarra violentamente a un joven negro por el cuello de la sudadera, lo arrastra hasta la carretera mientras grita y levanta la porra haciendo señas para que nadie se detenga a ver qué está ocurriendo. El detenido no ofrece resistencia pero su cara evidencia el terror que le produce quedarse frente a frente en la oscuridad con el gendarme marroquí.

Lo que podría ocurrir después, lo sabe Ibrahim. Este joven de Costa Marfil recuerda cómo el miedo le paralizó al encontrarse en esa misma situación. La policía marroquí lo detuvo en dos ocasiones cuando se preparaba para saltar la valla. “Me pegaron mucho y me llevaron a Oujda (frontera entre Marruecos y Argelia), allí me abandonaron y tuve que volver a empezar”. Ibrahim estuvo tres años entre Rabat y Beliones, se iba a la capital cuando escapaba de las redadas. Hasta que uno de sus intentos le abrió la puerta a Europa. Cruzó en barca hace un año y ocho meses. Ahora vive en Ceuta, sin papeles y trabajando de aparcacoches.

Varios niños se bañan cerca de la valla de Ceuta que entra en el mar.  Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan

Varios niños se bañan cerca de la valla de Ceuta que linda con el mar. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Por mar o por tierra

Desde septiembre de 2005, cuando más de 150 inmigrantes cruzaron la valla, y cinco murieron por disparos de los gendarmes marroquíes, el control policial tanto de Marruecos como de España ha hecho que acercarse a la verja sea tarea imposible. Ahora las entradas por tierra se registran sobre todo en los dobles fondos de vehículos y las marítimas, aprovechando que perdura el buen tiempo, en barcas o a nado, desafiando a las bajas temperaturas del agua y a las corrientes marítimas.

Samuel Faith llega a las puertas del CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) por la mañana, ha cruzado de madrugada y viene con lo puesto. “He llegado a la ciudad y unos compatriotas me han dicho que viniera aquí”. El paso de los minutos le relaja, pero una risa nerviosa va y viene mientras cuenta cómo ha conseguido entrar. “Mi mujer y mi hijo están en España desde hace 4 años, se lo expliqué a un marroquí y me dijo que me traería a Ceuta. En el viaje me agarré a su espalda y él fue nadando hasta dejarme en la orilla”. Pagó 300 euros por dos horas de viaje sobre un “motor humano”, como se les conoce a los nadadores. “El hombre que me trajo sólo me dijo que corriera al llegar a la playa porque si me cogía la policía me mandaría a Marruecos”. Samuel interrumpe su relato cuando dos policías nacionales llegan a buscarlo. El personal del CETI les ha avisado para que identifiquen al nigeriano y éste pueda quedarse en el centro. Faith se muestra confundido ante los agentes que le preguntan en español y atropelladamente su nombre y apellidos sin que él comprenda qué le están pidiendo hasta que, con nerviosismo, acierta a sacar una fotocopia gastada del libro de familia y entra en el coche que le lleva a comisaría.

Samuel Faith reza en la orilla española tras la valla de Ceuta cercana al mar.  Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan

Un joven de Costa de Marfil reza en la orilla española tras cruzar la frontera de Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Samuel Faith cubre las estadísticas de 4 o 5 inmigrantes que entran semanalmente en el CETI, una cifra que dista mucho de las de 2007 cuando llegaban 10 personas al día. De ello dan fe los vecinos de la playa de Benzú, la primera del lado español. “Antes venían todos los días, pero desde el año pasado se ven cada vez menos. Hay más control. Yo he ayudado a muchos que han entrado nadando, los escondíamos en otra playa. A veces venían mujeres embarazadas, ¿cómo no íbamos a ayudarlas?” dice un habitante de las casas más próximas a la arena. “Por las mañanas encontrábamos chalecos salvavidas y barcas hinchables abandonadas”. Cerca de esta playa la guardia civil española se esfuerza en ponerle puertas al mar, prolongando la valla fronteriza hasta el interior del agua. Desde la garita de control, los agentes vigilan con cámaras térmicas la zona y avisan a Marruecos de los intentos que registran para que la gendarmería les obligue a dar la vuelta y los detenga en la orilla.

Pero a pesar de la férrea vigilancia, se siguen echando al mar. El sábado pasado dos jóvenes subsaharianos detectados por la guardia civil tuvieron que dar media vuelta cuando rozaban la frontera de Benzú. Willy tampoco está dispuesto a desistir, hace unos días trató de cruzar la valla. Mientras esperaban agazapados el momento para encaramarse a la verja y saltar al otro lado llegó la policía marroquí y detuvo a tres de sus compañeros. Él consiguió escapar y ya planea otro intento en barca.

>>> Siguiente capítulo el próximo jueves: En el laberinto del Estrecho (2) Encerrados en Ceuta


Ocurrió en Rabat, la madrugada del pasado sábado, según informa el corresponsal del diario ABC, Luis de Vega, en su blog “La Frontera débil” :

“El problema de los refugiados (en Marruecos), del que ya hablamos hace unos días, se ha enquistado,(…) hartos de que no se les reconozcan sus derechos como contempla la Convención de Ginebra (…) de las manifestaciones ante la sede del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se pasó a una acampada  (…) hasta que las autoridades marroquíes decidieron manu militari poner fin (….) Fue en la madrugada del sábado. Sin luces ni taquígrafos.”

RABAT (MARRUECOS). 27-6-2009. Un grupo de refugiados subsaharianos es golpeado por los agentes marroquíes después de ser desalojados por la fuerza de la puerta de la oficina de la ONU para los refugiados ACNUR en Rabat. Fotografía: LUIS DE VEGA. Blog "La frontera débil"

RABAT (MARRUECOS). 27-6-2009. Un grupo de refugiados subsaharianos es golpeado por los agentes marroquíes después de ser desalojados por la fuerza de la puerta de la oficina de la ONU para los refugiados ACNUR en Rabat. Fotografía: LUIS DE VEGA. Blog "La frontera débil"

“Rodeado el edificio y cortadas todas las calles adyacentes, el titular de este blog y Erena Calvo, de la cadena Ser, trataron de llegar en vano hasta el lugar. Logramos llegar a medio centenar de metros de los manifestantes, donde una veintena de agentes con y sin uniforme nos pararon a empujones, nos provocaron, nos insultaron y se mofaron de nosotros mientras nos hacían recular.”

“De fondo, los subsaharianos gritaban al ver la escena mientras eran introducidos como cabras en furgones policiales. Estaban recibiendo el mismo trato que el dispensado hace unos días por agentes españoles a un senegalés en el aeropuerto de Barajas”

“Ya en el popular barrio de Takadum y a golpe de porra los refugiados seguían protestando y gritando. Las principales consignas iban dirigidas contra el responsable de la oficina de ACNUR en Rabat, Johannes van der Klaauw.”

“Entre los contusionados había una mujer en avanzado estado de gestación. Estuvo tirada en el suelo más de una hora”

Ver el artículo completo y más imágenes  en “La Frontera débil”, el blog de Luis de Vega >>>>>>


  • “He sido agredido en tres ocasiones por las Fuerzas marroquíes”

  • “No he recibido ninguna llamada de la embajada después de la notificación”

  • “España hace la vista gorda con Marruecos; si las relaciones están bien, cruzan menos inmigrantes, pasa menos hachís…”

Hoy en P+DH, entrevistamos a Rafa Marchante, fotoperiodista, que este viernes se ha convertido en noticia porque el Gobierno de Marruecos, donde lleva trabajando 3 años para la agencia Reuters, ha decidido que no le quieren por allí. No le renuevan el permiso de trabajo. O para que nos entendamos: que le echan del país.

Rafa Marchante fotografiando, fotografiado por Luis de Vega

Rafa Marchante fotografiando, fotografiado por Luis de Vega

Es una expulsión velada“, como nos cuenta Rafa a través de Internet todavía desde Rabat, donde está “a la espera de noticias”. Mientras tanto, sigue a la espera de que el Gobierno de España tenga algo que decir.

P+DH: ¿Qué supone exactamente que te retiren el permiso de trabajo?

Rafa Marchante: Pues que si ahora mismo publicara una foto estaría cometiendo una ilegalidad al no tener el permiso del Gobierno para trabajar.

P. Tu delito debe ser terrible…

R. En realidad lo que pasa es que mi trabajo molesta, y por eso se agarran a todo para expulsarme.

Una de las fotos publicadas en el reportaje de Interviú, excusa para expulsar a Marchante

En la última reunión que tuve en el ministerio me dijeron que estaban molestos porque había publicado un reportaje en Interviú. El reportaje era espinoso porque denunciábamos el negocio lucrativo que se había creado alrededor de un santo con supuestos poderes para curar los problemas psíquicos, y para desenganchar a jóvenes de la droga. Según ellos, el problema era que como yo no estaba acreditado en Marruecos por Interviú pues no podía trabajar para ellos, cosa que tanto yo como otros compañeros hemos hecho y nunca pasó nada. Es una excusa más para expulsarme. En esa misma reunión me acusaron de pasarles informes al gobierno de estado unidos. A mí me dió la risa.

P. No es la primera vez que tienes problemas con las autoridades marroquíes.

R. No, el año pasado también me estuvieron amenazando con la expulsión porque se molestaron por una foto que le hize al Rey. Pero lo  que ha molestado este año ha sido que he trabajado el problema de los diplomados en paro, que se manifiestan todos los días desde hace un año en frente del paralamento de rabat pidiendo trabajo. La policía carga duramente contra ellos y ellas.

P. ¿Y contra ti?

Costado de Rafael Marchante el mayo de 2008 tras una manifestación que cubrió como periodista

Costado de Rafael Marchante el mayo de 2008 tras una manifestación que cubrió como periodista

R. Si, he sido agredido tres veces durante las manifestaciones. En la primera agresión me patearon entre varios miembros de la Fuerzas Auxiliares, me rompieron mi acreditación de prensa, y unos de ellos me robó la cámara de fotos, valorada en 6.000 euros. Ni el Gobierno Marroquí ni la embajada española hicieron nada.

P. ¿Has recibido alguna llamada del Gobierno de España después de que Marruecos te comunicara que no puedes seguir trabajando?

R. A día de hoy no he recibido ninguna llamada de la embajada de España. Yo informé al consejero de prensa el viernes a las 12 y él me respondió “el lunes se lo comentaré al embajador”. El embajador se enteró un día después porque se encontró a un periodista en la medina de Rabat… Se tendría que reflexionar sobre qué tipo de cobertura diplomática tenemos los españoles en Marruecos.

P. ¿Te da la sensación, por casos como este o por la situaciones de los subsaharianos en el país, de que hay una cierta impunidad o “vista gorda” de España respecto a Marruecos?

R. Por supuesto que la hay. Y este es un caso claro. ¿Qué habría pasado si en vez de mí hubiera sido un fotógrafo francés o americano el que recibiera una agresión como la mia? Yo estoy seguro que sus embajadas habrían protestado enérgicamente; nuestra embajada ni siquiera hizo una queja formal sobre mi agresión.

P. ¿Hay un sentimiento generalizado de que España tiene desprotegidos a los corresponsales españoles en Marruecos?

R. Sí que lo hay. El año pasado intentaron expulsar a dos compañeras Carla Fibla de la SER y Beatriz Mesa de la COPE y al final tuvo que intervenir la ministra De la Vega. Pero solo reaccionaron cuando los corresponsales hicimos una carta denunciando el acoso al que esábamos sometidos, tras 4 meses aguantando presiones de todo tipo por parte del Ministerio de la Comunicación marroquí, que ha tomado la desagradable costumbre de coaccionar a los corresponsales españoles. Ellos saben además que tienen carta blanca porque ya saben cómo se ‘preocupa’ nuestra embajada por nosotros.

P. ¿A qué crees que se debe esa permisividad de España?

R. Pues por el bien de las buenas relaciones. Si las relaciones están bien cruzan menos inmigrantes, pasa menos hachís, etc. y estos elementos los saben utilizar muy bien las autoridades marroquíes cuando se sientan en una mesa de negociaciones.

P. Si esto os pasa a vosotros… ¿qué no les pasará a los periodistas locales?

R. Ya ves. Algunos van a juicios, incluso alguno ha pisado la cárcel, o se cierran publicaciones…

P. ¿Crees en el periodismo?

R. Yo creo que el periodismo es indispensable en todos los países del mundo; es un controlador de las injusticias y los periodistas que nos dedicamos a esto tenemos que adquirir este compromiso moral con la profesión. Por eso yo estoy tranquilo porque me expulsan por ser fiel a este compromiso. Denunciar realidades injustas haciendo fotos me parece un regalo del destino

Fotos de las manifestaciones que Marruecos no quieren que Marchante haga

Manifestaciones como esta, fotografiada por Luis de Vega, son las que Marruecos no quiere que conozcamos

[ACTUALIZACIÓN] El gobierno marroquí reitera su decisión de no renovar la acreditación de Rafael Marchante como fotógrafo de Reuters en Marruecos, y lo declara “adversario político” aunque asegura que “nunca pidió su expulsión”. (más)

 

[ACTUALIZACIÓN] Buenas noticias. El ministerio de comunicación marroquí ha decidido renovar la acreditación de Rafael Marchante. Esta decisión, según las fuentes de la agencia pública de noticias marroquí, ha sido tomada tras una serie de contactos entre el ministerio y la agencia de noticias británica Reuters.