P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

Os hemos contado quiénes son los periodistas de periodismohumano, quiénes los que van a poner sus “enfoques” a la información, os hemos repetido que periodismohumano sin vosotros no es nada. Y hoy os presentamos otros dos pilares fundamentales de periodismohumano: la sociedad civil a través de sus organizaciones y de los ciudadanos que quieran hacer periodismo guiados por profesionales.

Sociedad Civil es una sección en la que hablarán precisamente los ciudadanos comprometidos con los derechos humanos. Para ello, las organizaciones sociales sin ánimo de lucro van a tener su propio espacio.

Médicos sin Fronteras
. Esta organización, basada en el principio de que todo el mundo tiene derecho a la asistencia médica independientemente de su origen social y de dónde vive, tiene casi cuarenta años de antigüedad y cuenta con más de 40 millones de socios en el mundo. Imagen de previsualización de YouTube msf
Carlos Ugarte, Responsable de las Relaciones Externas de MSF España, es el autor del espacio de esta ONG, llamado Crónicas contra el olvido. Él mismo explica así sobre qué escribirá: “sobre las pequeñas grandes historias de gente corriente. Gente que lucha por sobrevivir día a día y que mantiene la voluntad de salir adelante, a pesar de todos y de todo. Hablaremos de las víctimas y de los que trabajan junto a ellas en conflictos armados y catástrofes de todo tipo. Historias de gente marcada por el lugar y el tiempo en el que les ha tocado vivir, pero que de tan parecidos, podrían confundirse con cualquiera de nosotros”. Carlos Ugarte reclama un periodismo humano porque, como dice en el video, “matan las guerras, matan las enfermedades, pero también y sobre todo, mata el silencio“.

Amnistía Internacional.También con una larga trayectoria a sus espaldas, el año que viene cumplen medio siglo de existencia, y más de dos millones de socios y simpatizantes, Amnistía Internacional (AI) se ha convertido en una de las organizaciones dedicadas a la defensa y promoción de los derechos humanos más importantes del mundo. Imagen de previsualización de YouTube amnistia-internacional-300x129

La delegación española de AI contará con un espacio propio en periodismohumano en el que nos informarán sobre las violaciones de derechos humanos que se cometen por todo el mundo, las campañas de acción que emprenden, así como de las buenas noticias que también dan –más de las que pensamos–. No os perdáis el video en el que Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España, explica por qué quiere un periodismo humano.

Y por último, Greenpeace, la mítica organización ecologista, con también casi cuarenta años de existencia y más de tres millones de socios en todo el mundo, también tendrá su propio espacio en periodismohumano a través de su delegación española. En él, Greenpeace nos informará sobre los atentados contra el medio ambiente que reportan por todo el mundo, pero también sobre cómo ayudar a nuestro planeta y a las personas que en él habitamos.Imagen de previsualización de YouTubegreenpeaceAsensio Rodríguez, director de Comunicación y desarrollo de Greenpeace España, explica perfectamente por qué es necesario periodismohumano.

El periodismo ciudadano también tendrá un espacio en periodismohumano para lo que vamos a sumar fuerzas con uno de los proyectos que con más ahínco ha explorado las grandes posiblidades para que la información ciudadana pueda ejercer su derecho a abrirse paso en Internet, para beneficio de toda la sociedad. Se trata de Bottup.com, una red social sin ánimo de lucro donde los ciudadanos publican sus propias noticias y donde los periodistas trabajan para ellos. Así lo explica Bottup.com.
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Pau Llop es periodista y la organización Ashoka.org ha premiado su labor como fundador y director de Bottup.com eligiéndole como uno de sus emprendedores sociales del año. Además, es responsable de Nxtmdia, empresa con la que hemos desarrollado el diseño y maquetación de periodismohumano.com <br/

También hemos llegado a convenios y acuerdos de colaboración con distintas Universidades españolas con el objetivo de crear sinergias informativas en ambas direcciones, aprovecharnos como mutua fuente de conocimiento derivado de la investigación, así como para desarrollar nuestro planteamiento de un periodismo con enfoque de derechos humanos. De momento cinco universidades colaboran con periodismohumano: Universidad Autónoma de Barcelona, las facultades de Comunicación de Sevilla y de Málaga, la Universidad de Cádiz, así como la Cátedra de Cooperación Internacional y con Iberoamérica de la Universidad de Cantabria.

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Y para despedirnos queremos compartir con vosotros la explicación del Fiscal Jefe de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, de por qué es importante un periodismo humano.
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  • 1.100 de cada 100.000 mujeres mueren durante el parto en Burundi.
  • En el Día de la Mujer, Médicos sin Fronteras pone el foco en uno de los países más pobres del mundo.
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© François Dumont/MSF

En el 99º aniversario de la celebración del Día de la Mujer, a doce meses de cumplir el primer centenario, la igualdad en derechos de la mujer ha avanzado más en un siglo que en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, la vida de cientos de millones de mujeres sigue estando amenazada física, psicológica y sexualmente desde el día de su nacimiento en la mayoría de los países del mundo por el mero hecho de ser mujer.

La cuestión del género empieza a ser introducida en la jurisdicción de determinados crímenes contra la humanidad, como la violación como arma de guerra. La cooperación al desarrollo también ha introducido el empoderamiento de la mujer como uno de los motores fundamentales para la construcción de sociedades más justas. La situación de la mujer empieza a ocupar un papel fundamental en la percepción internacional que se tiene de los países. Y la salud de la mujer es ya entendida como uno de los flancos que debilitan y expolian las posiblidades de desarrollo de un país.

Éste último caso es el que subraya en su último informe la ONG Médicos Sin Fronteras en el caso de Burundi, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer.

Quedarse embarazada y dar a luz en Burundi conlleva graves riesgos para la mujer. Según la OMS 1.100 de cada 100.000 mujeres mueren durante el embarazo o el parto. Además, 41 de cada 1.000 niños nacidos vivos mueren antes de su primer año de vida. Una cifra muy alta incluso para tratarse de África y de uno de los países más pobres del mundo.

Hace una semana Mary Nicinanze, de 30 años, llegó al centro para urgencias durante el embarazo y el parto que desde 2008 Médicos Sin Fronteras gestiona en el sur del país, en la región de Burumbura, junto al lago Tanganika. Mary estaba en estado de desnutrición, con las piernas muy hinchadas y sin color en los labios.  Una ambulancia de la ONG la había traído desde el centro de salud local porque allí no tenían los medios necesarios para hacerle la transfusión de sangre que necesitaba. Su estado de salud era preocupante por lo que se quedó ingresada hasta dar a luz a una niña.

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© Sune Juul-Sorensen / MSF Nicizanye Mary junto a su bebé y su madre.

“La pequeña recién nacida está durmiendo en el regazo de su madre envuelta en una tela de colores que le han dado en la maternidad. Cuando nació estaba anémica y por debajo del peso normal y durante los dos primeros días tuvo muchos vómitos, pero poquito a poco ha ido recuperándose y ahora está mucho mejor”. Así explica el documento de MSF la situación del bebé.

“Si no hubiera venido al hospital mis hijos no tendrían madre”, explica Mary que tiene ya cinco hijos. Mientras, su propia madre hace lo que otras muchas abuelas en el centro, cuidar de su hija  y de su nieta y cocinar la comida que le ofrece el centro. Mary no sabe qué le ocurrirá cuando vuelva a su casa. Su marido no quiere saber nada de ella desde que enfermó por la desnutrición y ni siquiera sabe que ha tenido una hija.

Mientras, Mary sigue abrazando a Nduwakezan, que en Kirundi, la lengua local, quiere decir, Buena Noticia.

Más de 3000 asistencias en 2009

En Burundi, que arrastra las consecuencias de una guerra civil que se alargó desde 1996 hasta 2003, sólo la mitad de las mujeres cuenta con personal competente durante el parto. Los centros de salud locales a menudo carecen de servicios obstetricios o de urgencia. Por ello, Médicos Sin Fronteras cuenta con tres ambulancias que durante las 24 horas del día trasladan a las mujeres desde los ambulatorios a la maternidad de la organización.

© François Dumont/MSF  En Kabezi se atienden a cualquier hora del día los casos de urgencia provenientes de otros veinte centros de salud de la zona. El equipo dispone para ello de tres ambulancias, de un sistema de comunicación por radio y de personal médico cualificado.

© François Dumont/MSF En Kabezi se atienden a cualquier hora del día los casos de urgencia provenientes de otros veinte centros de salud de la zona. El equipo dispone para ello de tres ambulancias, de un sistema de comunicación por radio y de personal médico cualificado.

“Más de 200 bebés nacen aquí cada mes. El objetivo del proyecto es sobre todo reducir la mortalidad de las madres y de los recién nacidos” explica la comadrona de MSF Ann van Harver. ” La mayoría de las mujeres que mueren por las complicaciones del embarazo fallecen durante el parto o durante la primera semana después de éste”. Una cesárea a tiempo o una intervención rápida puede salvar en la mayoría de los casos la vida de la madre y del niño.

De hecho, otro de los sistemas que salva la vida de muchos niños prematuros es el método canguro: “se arropa bien al niño cerca de pecho de la madre para que el contacto corporal le aporte el calor que necesita. El efecto es parecido al que proporciona una incubadora y, al mismo tiempo, reconforta tanto a la madre y como al niño y estimula la producción de leche materna”, explica la comadrona.


A las 16 horas, 53 minutos y 8 segundos del 12 de enero los haitianos vivían en el infierno. Escombros, basura, aguas infectadas, pobreza, enfermedades, hambre y violencia en un país en el que no hay Gobierno. Los jóvenes juegan al fútbol en los descampados para olvidar el dolor. Un señor vende algo de agua por la calle, cargando con la garrafa sobre su cabeza. Sólo 2 de cada 10 personas tienen para comer. Sólo uno de cada dos niños tiene un colegio donde ir. Así era Haití el 12 de enero, a las 16 horas, 53 minutos y 8 segundos. Un segundo antes de que la tierra temblara.

“Una ventolera” sacudió el coche de Vicente. “Al cabo de unos segundos las paredes empezaron a caer una detrás de otra. Todo se cortó de repente”, cuenta en una carta a su familia, “pero pude hablar con el jefe de misión, que nos mandó volver al hospital, que es lo que estaba deseando”. Vicente Rey, pamplonés, es logista de Médicos Sin Fronteras y trabajaba en uno de los tres hospitales que la organización mantenía desde hace años en Puerto Príncipe.

“El hospital me pareció entero, aunque dentro se habían desmoronado las paredes. Una chica del equipo, completamente histérica, me consiguió decir entre los nervios que todos los pacientes habían sido evacuados y que estaban sacando a los últimos niños de la pediatría. Después de una corta conversación con el jefe de misión montamos las tiendas de emergencia para los que pudieran llegar”. Y llegaron.

http://www.msf.es/img/video/TerremotoHaitiaumentanoperaciones.flv

Mientras tanto, en los otros dos puntos de la ciudad también gestionados por la ONG, el centro de salud de Martissant y un hospital especializado en traumatología, la solución era parecida: destrozado el edificio, los pacientes fueron trasladados al exterior, donde se recibía además a un reguero confuso y malherido de personas que iba llegando desde el centro de la ciudad. Tres semanas después, en Martissant se siguen limpiando heridas y haciendo vendajes a 80 personas cada día. Entre sus camillas han nacido, desde el 12 de enero, 25 niños.

Los equipos se dispersaron también entre el resto de centros médicos de la ciudad y de las poblaciones cercanas. En el distrito de Carrefour, mientras los ingenieros especializados constataban que lo que había quedado en pie del hospital de esa zona podía caer en cualquier momento, se instalaron los equipos en una escuela cercana. Se realizaron 90 cirugías en apenas 24 horas. En otros barrios, como Delmas 77, las clínicas móviles hacen las veces de hospital de campaña.

Loreto Barceló estaba en China. “Acababa de participar en dos operaciones de emergencia en Sumatra y El Salvador y ya me tocaban vacaciones”. Tuvo que dejarlas cuando se constató que lo de Haití desbordaba el dispositivo local. Nos atiende por teléfono desde Puerto Príncipe a sus 8 de la mañana. “Acabamos de distribuir el trabajo; ya están los equipos en marcha”.

La ciudad es un problema. “Lo diferente para mí en este caso es el medio en el que se ha producido: un gran núcleo urbano”, cuenta Loreto. “En el campo, las áreas son abiertas, los accesos son más fáciles. En la ciudad no puedes ni hacer unas letrinas y los hospitales móviles están rodeados de edificios donde se está haciendo limpieza de escombros”.

“Trabajamos desde el minuto 1, porque estamos allí desde 1991″, nos cuenta Carlos Ugarte, portavoz de MSF. Es un error pensar en el médico sin fronteras como un hombre blanco, trabajador circunstancial y ajeno al país donde trabaja. En el momento del terremoto, de los 740 personas de MSF en Haití, 700 eran haitianos. Ocho de ellos murieron en el seísmo. “Seguimos sin saber nada de seis más”. Un grupo de cooperantes belgas hizo una pequeña comprobación entre las casas de 75 compañeros haitianos de MSF: solo uno seguía teniendo su hogar en pie. Loreto nos cuenta que “muchos compañeros locales han perdido a parte de su famila, o su casa, y siguen trabajando. Paradójicamente, a la vez que prestan ayuda, ellos también están siendo atendidos porque lógicamente la situación les está generando muchos problemas de salud mental”.

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Han pasado 21 días y, según Carlos Ugarte, “desde el punto de vista médico, la situación sigue siendo crítica. Seguimos en fase de cirujía, es decir, atendiendo a todas esas personas que deberían haber sido atendidas el mismo día de la catástrofe, porque requieren amputaciones u otro tipo de operaciones urgentes”. “Hay gente que está siendo operada por segunda vez”, apunta Loreto desde Puerto Príncipe, “ya que tienen fracturas o lesiones tan graves que les obliga a pasar de nuevo por quirófano”. Con material y formación, el equipo de Loreto está ayudando al personal del Ministerio de Sanidad de Haití a que se haga gradualmente responsable de la situación en los centros públicos. Pero el Gobierno no es capaz ni de proporcionar agua. “Todo depende ahora mismo de la ayuda internacional”, dice Ugarte. “Calculamos que estaremos unos 6 o 7 meses atendiendo a pacientes directamente afectados por la catástrofe”.

El problema logísto, aunque se ha reducido, no es menor. Todavía duelen las vidas que se hayan podido perder por la falta de coordinación en el reparto de ayuda y por las prioridades de Estados Unidos al gestionar la única pista de aterrizaje del aeropuerto de Puerto Príncipe. Médicos sin Fronteras ha denunciado que hasta 6 aviones cargados de material sanitario procedente de los centros logísticos de Panamá y Europa han sido desviados a República Dominicana, desde donde la carga tuvo que ser trasladada por carretera. Según Aitor Zabalgogeazkoa, director general de Médicos Sin Fronteras, “cinco personas murieron en uno de los hospitales gestionados por MSF por el síndrome de aplastamiento, una dolencia que puede tratarse con máquinas de diálisis que no llegaron a tiempo a Puerto Príncipe”.

Síndrome de aplastamiento

Niños con sarampión porque nunca fueron vacunados. Epidemias de meningitis, diarreas, difteria y problemas psicológicos muy graves. En Haití, el ‘milagro’ del rescate no termina cuando las personas salen vivas de entre los escombros, porque eso no le garantiza que vaya a poder vivir mucho más.

“Al salir de las ruinas con los músculos y los tejidos aplastados y dañados, muchas toxinas salen, por ejemplo, de la pierna y se acumulan en la sangre, tanto que a veces los riñones no pueden eliminarlas todas y la única solución pasa por la diálisis”, comenta desde Puerto Príncipe en su blog el nefrólogo Stefaan Maddens. Diálisis en un país en el que, un segundo antes del terremoto, la cobertura sanitaria gratuita no existía para el 95% por ciento de la población.

El equipo de Maddens, que con la logística de MSF puede atender a 35 personas al día, se sorprende de que “tantos días después del desastre todavía se encuentren pacientes aplastados. Hemos visto cómo una gran cantidad eran remitidos a nuestro centro con el síndrome varios días después del seísmo. Para la mayoría de estas personas, esto significa realmente la salvación“.

A las 16 horas, 53 minutos y 9 segundos, líquido inflamable cayó en forma de terremoto sobre el infierno de Haití. En ese mismo segundo, un grupo de personas ya sabía que cuando aquello dejara de moverse, podrían comenzar a ayudar. Porque ya estaban allí.

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Algunos datos

Con las aportaciones de los socios y de los donantes de emergencia, MSF, desde el día del terremoto:

  • ha tratado a más de 11.200 pacientes
  • ha realizado más de 1.320 intervenciones quirúrgicas.
  • ha desplegado un equipo de 1.125 haitianos y 360 extranjeros en 20 localizaciones diferentes.
  • ha enviado 31 aviones con 940 toneladas.
  • ha perdido a ocho cooperantes, fallecidos en el terremoto, y no saben nada de seis más.
  • ha contado con el apoyo de Greenpeace, que le ha cedido uno de sus barcos más grandes cargado de ayuda y combustible.

por Cristina F. Pereda. Washington D.C.

Un soldado norteamericano gesticula a un grupod de haitianos durante un reparto de ayuda huamnitaria.19 de Enero, 2010. (AP Photo / Jae C. Hong)

Un soldado norteamericano gesticula ante un grupo de haitianos durante un reparto de ayuda humanitaria.19 de Enero, 2010. (AP Photo / Jae C. Hong)

Haití no es Nueva Orleáns después del Huracán Katrina. Haití no pertenece a Estados Unidos. Pero la respuesta norteamericana a las consecuencias del terremoto bien podría equipararse a la que daría el gobierno de Obama ante cualquier catástrofe dentro de su territorio. O la que muchos exigieron a Bush tras el paso del huracán en 2005. Desde la donación inmediata de 100 millones de dólares a las promesas casi diarias de que Estados Unidos no abandonará a Haití una vez terminadas las labores de rescate y emergencia, Obama parece mirar a Haití como un Estado más. Y los medios americanos así lo contaron: “Haití, en todos los sentidos, se convirtió en el Estado número 51 el martes a las 4.53h de la tarde con el terremoto”, publicaba la revista Time bajo el título El ejército americano en Haití: Una invasión compasiva.

Una semana antes de que la tierra sacudiera Haití, Hillary Clinton comparecía en Washington para hablar sobre USAID, la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos. USAID es una agencia con el orgullo herido, atrapada entre la falta de fondos para ayudas y acusaciones de que las últimas respuestas en el tsunami de 2004 y los terremotos en China en 2008 no fueron suficientes. Una semana antes de la catástrofe, la Secretaria de Estado norteamericana anunciaba reformas en USAID para convertirla en un ejemplo a nivel internacional.

Pero el despliegue de ayuda no se ha visto con los mismos ojos dentro y fuera de Estados Unidos. Para los americanos, empujados por el lenguaje de los medios de comunicación, el ejército y los marines han dejado de imponer su imagen más dura para dedicarse a entregar agua y comida. Aunque vayan armados. En el extranjero, sobran las preguntas sobre por qué hacían falta 10.000 efectivos del ejército, un buque y la guardia costera mientras Haití clamaba por personal sanitario y medicamentos.

Aterrizaje de los marines ante el Palacio Presidencial de Haití (AP)

Aterrizaje de los marines ante el Palacio Presidencial de Haití (Ramón Espinosa/ AP)

Algunos editoriales defendieron que el terremoto en Haití no pone tanto a prueba a Estados Unidos como a Obama. Es la oportunidad de cumplir otra de sus promesas: que no dejarán sólo a ningún país o pueblo necesitado. Y de rebote, la posibilidad de mejorar la imagen de Estados Unidos en el extranjero. Pero Obama respondió igual que Bush durante Katrina. Cuando el estadio de Nueva Orleáns quedaba atestado de desplazados por el huracán a finales de Agosto de 2005 y los servicios de emergencia de Louisiana fallaron, Bush envió al personal de Blackwater, la agencia privada de seguridad que después manchó su nombre en Irak.

El diario Los Ángeles Times ha descrito el despliegue de medios de comunicación en Puerto Príncipe como el mayor desde el tsunami en Asia en 2004. Y parecieron trabajar al unísono. Mientras las televisiones estadounidenses mostraban imágenes de haitianos arañando el cemento para rescatar a familiares, los titulares dictaban la preocupación sobre la seguridad. A ningún locutor le chirriaba ese rótulo hablando del peligro en las calles de Puerto Príncipe, cuando su voz acompañaba escenas de heridos, desplazados, huérfanos y haitianos solidarios con desconocidos bajo los escombros. Las cámaras de la CNN tardaron varios días en encontrar escenas de gente en busca de comida entre los cascotes de los supermercados. Para entonces, la llegada de miles de marines parecía obedecer el dictado de los titulares: “La seguridad se convierte en la preocupación número uno”.

Un artículo de la revista online Slate titulado “Por qué Estados Unidos se centró en la seguridad en vez de ayudar a los haitianos” concluía la semana pasada que cualquier respuesta a esta pregunta es negativa para los americanos. O bien Estados Unidos tiene intereses en el país caribeño que sólo el tiempo va a revelar, “o no importa de qué color sea nuestro presidente. Incluso cuando esté haciendo las cosas bien, el gobierno americano puede ser racista y, aún en una operación civil y puramente burocrática, salvajemente cruel”.

Los rostros de los haitianos pidiendo ayuda han recordado a muchos a las víctimas afroamericanas de Katrina. Los mismos que se quejaron por el lenguaje utilizado en función del color de las víctimas del huracán Katrina -el adjetivo de saqueador siempre acompañaba a los afroamericanos, los blancos eran víctimas-, se preguntan estos días por qué después del tsunami en Asia o el terremoto en China los titulares no nombraron problemas de seguridad.

Las televisiones norteamericanas se dieron prisa por retratar a los marines como guardianes de la ayuda. Para apoyar esta teoría, todos los días llegaban imágenes del mismo rincón comercial de la ciudad. Grupos de haitianos escalando entre los escombros para conseguir cualquier cosa. Comida o una caja de cartón. Algo que pudieran vender. Los reporteros norteamericanos a veces tuvieron suerte y hasta encontraban imágenes de la policía intentando hacerse con el control. La estrella de la CNN Anderson Cooper (en sus peores cifras de audiencia antes de aterrizar en Puerto Príncipe) se topa con un adolescente desorientado. Le acaba de caer una pedrada en la cabeza. La imagen de Cooper llevando al joven ensangrentado hasta otra esquina alimenta el horario de la CNN durante toda la tarde.

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Un trabajador de una organización estadounidense de asistencia médica en catástrofes sostiene la mano de un niño herido (Gerald Herbert / AP)

En España Francisco Perejil nos contaba que para encontrar escenas como esta, bastaba con ir al mismo cruce de calles donde antes estaba la actividad comercial. En Estados Unidos nadie confesó que repetían localización a diario.

Las imágenes de Haití llegaban con los nombres y apellidos que los norteamericanos nunca ponen a sus víctimas nacionales. Sean soldados o civiles, sus heridas nunca llegan a la pantalla de televisión ni a las páginas de un periódico. Las de los haitianos aparecían después de dos mensajes. Uno, la advertencia de que podían herir la sensibilidad de algunos televidentes. Y dos, que los medios se veían obligados a mostrarlas porque “esa es la realidad ahora mismo”. Si los norteamericanos necesitaban ver el terremoto en directo desde dentro de un orfanato, esos 15 segundos de gritos en la oscuridad, o si de verdad hacía falta poner el micrófono del reportero de la CNN entre los escombros para escuchar a las víctimas pidiendo ayuda, no lo sabemos.

Este fin de semana los defensores del lector del New York Times y Washington Post dedicaron una columna a justificar el uso de estas imágenes. Para el Times, “resultó duro mirar algunas imágenes de sufrimiento y muerte, pero era imposible no publicarlas”. En el Washington Post, sin embargo, reconocen que los lectores esperaban ese tipo de imágenes, “pero no estaban preparados para ver durante días una representación tan gráfica de la muerte”.

Puede que sin esas imágenes no hubieran llegado millones de dólares a través de mensajes de texto. Aunque, seguramente, sin cada uno de esos fotogramas dedicado a una víctima el argumento de que el ejército estaba allí para ayudar no sería sostenible.

Rebecca Solnit, autora del libro “Un Paraíso Construido en el Infierno” sobre Nueva Orléans después de Katrina, estudia la reacción de las autoridades en catástrofes naturales. Según Solnit, desde el terremoto de San Francisco en 1906 las autoridades y las leyes que les amparan están más preocupados por la propiedad que por las vidas humanas. “En casos de emergencia”, escribe Solnit, “la gente puede y de hecho acaba muriendo por esas prioridades. O son disparados por pequeños robos o por robos imaginarios. Los medios no sólo empujan estos resultados sino que casi de forma repetitiva prepara el camino para que se dé esta reacción”.

Con ayuda de los medios o no, Estados Unidos ha conseguido crear una imagen de salvador en Haití. Sólo los marines podían garantizar la entrega de ayuda, por eso la custodiaron en el aeropuerto de la capital durante días, mientras las organizaciones internacionales en el terreno se quedaban sin palabras para explicar que necesitaban la entrada de personal sanitario y medicamentos. Sólo los marines podían garantizar la seguridad de aquellos que entregarían las botellas de agua y raciones de comida. Por eso esperaron los haitianos.

El buque hospital militar "Comfort" de EEUU, junto al barco de Greenpeace "Esperanza" con ayuda humanitaria para Médicos sin Fronteras, ambos atracados en Puerto Príncipe.Haití. 24 de Enero, 2010 (AP Photo/Gregory Bull)

El buque hospital militar "Comfort" de EEUU, junto al barco de Greenpeace "Esperanza" con ayuda humanitaria para Médicos sin Fronteras, ambos atracados en Puerto Príncipe. Haití. 24 de Enero, 2010 (AP Photo/Gregory Bull)

En casa, Obama ha vendido el mejor ejemplo de su prometida diplomacia humanitaria, la de la compasión y el diálogo. La compasión llegó en forma de dólares, buques y soldados. El diálogo aterrizó con Hillary Clinton, quien se sentó junto a René Préval, presidente de Haití. No hubo imágenes de Clinton sobrevolando la zona de la catástrofe en helicóptero. Llegó, escuchó y se marchó.

En el terreno, quedan los marines sin fecha de regreso.


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(AP Photo/Jorge Cruz)

Haití, 13 de Enero, 2010. (AP Photo/Jorge Cruz)

Carel Pedre, de Radio1 Haití, habla sobre el terremoto momentos después.

Haití, 13 de Enero, 2010. (AP Photo/Ricardo Arduengo)

Haití, 13 de Enero, 2010. (AP Photo/Ricardo Arduengo)

Haití ANTES del TERREMOTO

Patrick Farrell. Premio Pulitzer 2009

Patrick Farrell. Premio Pulitzer 2009

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Haití, terremoto y Ricardo por Ramón Lobo

Médicos Sin Fronteras,  con más de 800 trabajadores haitianos e internacionales en sus proyectos regulares y hospitales, solicita ayuda urgente