P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

Raji Sourani (Foto: Patricia Simón)

Raji Sourani (Foto: Patricia Simón)

Raji Sourani es el abogado palestino especializado en Derechos Humanos más reconocido internacionalmente. La primera vez que fue encarcelado por Israel, en 1979, pasó tres años en prisión por “actividades políticas”. Le siguieron dos encarcelamientos por ejercer como abogado defensor de las víctimas de la ocupación israelí. Sufrió torturas y Amnistía Internacional defendió su causa como preso político en 1988. Su independencia lo llevó a ser detenido durante 18 horas por la Autoridad Nacional Palestina por criticar la creación de unos tribunales propios. Es el fundador del Centro Palestino para los Derechos Humanos, promotor de la causa interpuesta ante la Audiencia Nacional española contra un ministro israelí y seis militares por un bombardeo a la casa de un miembro de Hamás que acabó con la vida de catorce civiles. La labor de Raji Sourani fue reconocida por la República Francesa con el Premio Derechos Humanos en 1995, dos veces por la Fundación Robert Kennedy, por la Asociación Internacional de Juristas de Londres en 2003, y hace apenas un mes por la Asociación ProDerechos Humanos de Andalucía.

¿Cuál es la situación en Gaza un año después del ataque?

Nada ha cambiado. De hecho, la situación es mucho peor porque todo sigue como entonces: la destrucción, no hay máquinas ni cemento para la reconstrucción y, por supuesto, el bloqueo ilegal de medicinas. El sitio continúa, estamos aislados. No tenemos agua potable, petróleo, gas para cocinar, medicinas, hospitales, quirófanos. No hay reciclaje de aguas ni residuos. Todo va al mar, que está absolutamente contaminado.Hay más de 5.000 discapacitados como consecuencia de esta guerra. Las heridas psicológicas y físicas siguen abiertas. La comunidad internacional no paraba de decir que iba a reconstruir Gaza después de la guerra, pero no lo han hecho. Y una de las cosas más peligrosas: los palestinos pensaban que podrían actuar legalmente contra los métodos ilegales de Israel, ya fuera a través de la Corte Penal Internacional, de la Corte Internacional de Justicia, del Informe Goldstone o a través de la justicia de países de la Unión Europea como la española. Pero ahora, que ven que no ocurre nada, se piensa que los ataques contra civiles se pueden repetir en cualquier momento. La gente tiene miedo del mañana.
En resumen, en Gaza hay dos máquinas de matar: una es el desastre humanitario y otra es que no hay Corte que juzgue contra esta impunidad.

Cuando nos encontramos con Raji Sourani está inmerso en una gira por toda España que ha organizado aprovechando la entrega del premio de la organización andaluza. En cada una de las ciudades se reúne con organizaciones  amigas de la causa palestina, ofrece conferencias y atiende a los periodistas. Lleva años denunciando internacionalmente la situación de los Territorios Ocupados de Palestina, explicando, repitiendo y contagiando del convencimiento, de la confianza que el tiene depositada en la legalidad, porque es lo único que le queda, “la única arma de los débiles”, como la define Luis García Montero. Su rostro desvela su cansancio, pero su amabilidad, su buena disposición son sólo la antesala de la capacidad de su discurso, y del tono de su voz para prevenirnos de panoramas aún más desoladores.

¿Cómo cree que va a afectar a Gaza la construcción del muro metálico bajo tierra en la frontera con Egipto?

El muro no va a ayudar a resolver el problema. Estamos en el mundo de internet donde no hay fronteras. Estamos en el mundo post-muro de Berlín. Del otro muro, el que separa Israel de Gaza, la Corte Internacional de Justicia, no sólo ha dicho que es ilegal sino que es un crimen de guerra y que debería ser castigado por la Comunidad Internacional. Este nuevo muro sólo va a provocar más aislamiento, y cuando digo aislamiento, quiero decir extremismo, sangre y destrucción. Esto nos sitúa en un panorama no muy lejano, en el que el 60%  de la población será menor de 18 años, en el que aparecería la primera generación de extremistas de élite, siguiendo la estela de Bin Laden.

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Israel deja de matar … de momento.

por Javier Bauluz. Publicado en PEG en domingo, enero 18, 2009

Hace dos minutos que la maquinaria de Israel ha dejado de matar en Gaza. De momento. Pero no se retiran y seguirá el conflicto. Es una buena noticia, sobre todo para quienes llevan semanas viviendo bajo el terror, encerrados en un campo de concentración o gheto de donde no pueden huir y donde pasan todo tipo de calamidades y necesidades básicas. El complejo de Scarlet O´Hara en “Lo que el viento se llevo” parece ser la única explicación al comportamiento inhumano de parte de los descendientes de los campos y ghetos nazis.

Afortunadamente para los palestinos ya tocaba cambiar de tercio, hoy o mañana, ante la venida del profeta negro Obama. Tenían que parar ya la fiesta gore para no aguar la celebración del ansiado cambio de ¿rumbo o sólo de Presidente? de los EEUU, el primo de Zumosol de Israel, amo y señor absoluto de los derechos humanos del planeta. Un patio ensangrentado y difícil para el nuevo líder del Imperio más odiado, junto a Israel, por una gran parte de los habitantes de este triste mundo donde los ricos van al cielo y los pobres se comen la miseria y su propia hambre.

Nadie en su sano juicio pensaría que ningún país puede hacer lo que hacen Israel y EEUU sin ser condenados y castigados por la famosa comunidad internacional que sólo actúa contundentemente cuando a aquellos les conviene. Patético. Tan patético como la triste figura del hipotético Presidente del mundo, el secretario general de la ONU, suplicando paz mientras a pocos kilómetros, al otro lado del infame muro de Israel, bombardeaban la cuarta escuela-refugio de la onu (con minúsculas). Una lluvia de fuego cayó sobre la escuela, sobre civiles, niños, mujeres, médicos y personal de la onu para celebrar el cercano fin de la orgía de sangre israelí.

“Afortunadamente” sólo murieros dos niños, su madre y otros cuatro palestinos “normalitos”, de esos a los que ya no impresiona a nadie que los maten, ya que ni siquiera son niños, aunque tal vez son padres, y pudiera ser que, tal vez, podrían ser conocidos de algún tipo que alguna vez saludó a su vecino de Hamás. Es decir, potenciales terroristas, de esos que tiran cohetes caseros que ya han matado a cuatro ciudadanos israelies, en los tiempos en que han asesinados más de 1.000 palestinos, sin el “ciudadanos”, por supuesto.

Entre ellos más de 300 niños que supongo que estarán en el limbo, felices al cesar su sufrimiento, terror y angustia propia de esos pequeños seres humanos que, como mi hijo y el tuyo, lo único que necesitan es sentirse protegidos y amados. Justo lo que los niños palestinos sienten cuando sus madres impotentes les abrazan en medio de las bombas cayendo.

“Si existe Dios estará llorando”, decía ayer un amigo israelí del médico y padre palestino que vió como mataban a tres de sus hijas y herían a otras dos en su propia casa, sólo unos momentos antes de entrar en antena de una televisión israelí a hablar de la necesidad de la coexistencia pacifica. Su llanto y sus gritos de dolor en directo angustiaron al periodista israelí y seguro que también a muchos israelíes de corazón limpio, de esos que se manifiestan contra la agresión mientras les llaman traidores en la calles, o de esos que se niegan a ser soldados que matan civiles.

También a aquellos judíos de todo el mundo que están horrorizados y avergonzados de lo que hacen sus hermanos con Gaza y que gritan a los cuatro viento !No en mi nombre¡. Esos otros judíos que tambien podrían ser acusados de antisemitas, igual que a quienes defienden los derechos humanos, por la perfecta maquinaria de propaganda israelí que manipula con eficacia germana los medios de comunicación y las almas de los crédulos.

Una vez más me siento orgulloso de pertenecer a la misma profesión que muchos de los colegas periodistas que han desafiado al miedo, la locura y tambien al dolor propio, ya que la mayoría de ellos son del pueblo palestino, para ser nuestros ojos y oídos dentro de ese campo de concentración de Gaza, al que Israel ha querido dejar sin testigos ni periodistas. Gracias, muchas gracias por vuestro coraje.

Ese periodismo con derechos humanos por el cual trabajamos y que queremos muchos periodistas y ciudadanos que ya firmamos el Manifiesto P+DH aunque, por miedo o interés, los grandes medios no quieran ni publicar las fotografías duras o las historias de los derechos de las personas anónimas que sufren las consecuencias de las decisiones de los que salen en portada encorbatados o encorbatadas.

Hoy he visto lo que para mí sería el próximo Premio Pulitzer. Las fotografías tomadas por Mohammed Abed bajo el fuego de los proyectiles israelíes que caían sobre su cabeza y las de los refugiados y médicos en la escuela de la onu. Creo que son el símbolo del coraje del periodista que necesita contar, a riesgo de su propia vida, lo que sucede a quienes se les niegan los derechos humanos.

Gaza: Un año después según MSF

Información sobre Gaza hoy


Imagen 11El New Writing publicó en 1948 el ensayo Shooting an Elephant, firmado por el británico George Orwell, autor entre otros clásicos, de 1984. Inspirados por este texto Alberto Arce y Mohammad Rujailah han puesto título al documental que recoge la última operación de Israel sobre la Franja de Gaza y que se ha estrenado en España en el Festival Internacional de Cine de Gijón. “Cuando disparas a un elefante puedes acertar a darle mil veces, pero solo morirá si le das entre los ojos”, señala Arce cuando se le pregunta por el nombre de la película, To Shoot an Elephant.

El documental recoge la experiencia de Arce y de su guía en Gaza, el palestino Mohammad Rujailah, como testigos de la Operación “Cast Lead” (Plomo Fundido) que Israel puso en marcha el 27 de diciembre de 2008 y que finalizó con una ‘tregua’ el 18 de enero – dos días antes de la toma de posesión de Barack Obama – tras dejar en el camino a al menos 1.100 civiles palestinos muertos por 13 militares israelíes fallecidos. “En lo que va de año y tras el compromiso adquirido por ambos gobiernos, han muerto 26 palestinos más y ningún israelí” señala Arce, “e Israel aprovechará cualquier error de Hamás para volver a poner en marcha una operación similar”.

To Shoot an Elephant es un documental contado sin las artimañas que permite el montaje, sin espectacularidad añadida, porque las imágenes que se muestran no necesitan de adornos. La película, organizada en diferentes capítulos, es “solo Imagen 9un 10% de lo que allí pasó durante esos días”. Los medios de comunicación no tuvieron permitido el paso de la frontera y trabajan desde ésta con la versión oficial del gobierno de Israel, difícilmente contrastable. Arce y Rujailah, empotrados en ambulancias, hacen un recorrido por los desastres de una guerra desigual donde se ataca a núcleos de población civil con F-16, tanques o con fósforo blanco con el que Israel llegó a incendiar, entre otros objetivos, un almacen de medicinas y alimentos de Naciones Unidas. También se muestran las consecuencias de estos ataques en la familia Hamlan, que pierde a sus tres hijos de 4, 6 y 10 años mientras estaban jugando en la puerta de su casa.
Hasta el momento, To Shoot an Elephant se ha visto en los festivales de Gijón, AmsterdamFlorencia, donde ganó el premio a la mejor dirección, y ha sido seleccionado en otras 17 muestras entre las que descatan las de EstocolmoDubai. El documental, registrado bajo licencia Creative Commons que permite copiar, distribuir, comunicar y crear obras derivadas de la original podrá verse y descargarse próximamente a través de Internet. El próximo 18 de enero, cuando se cumpla un año del fin de Plomo Fundido, se proyectará en varias ciudades del mundo a través de proyecciones organizadas. Además se ha editado un DVD con cuya compra se podrá apoyar el proyecto de difusión.
Alberto Arce / Foto: Antonio Rull

Alberto Arce / Foto: Antonio Rull

Este no es el primer documental del Alberto Arce. Ya en 2004 realizó Nablus, la ciudad fantasma y en 2005 Internacionales en palestina, co-dirigido con María Moreno. Dos años más tarde rueda para TV3 Al mesalla, pacifistas en Irak.