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Diakhoumba Gassama

Diakhoumba Gassama/ Ángeles Jurado

“Soy del sur de Senegal, pertenezco a la minoría étnica mandinca para la que una mujer es menos que una cabra. Mi padre consiguió muy joven una beca para estudiar fuera. Y nos contaba cómo sus hermanas de trece años desaparecieron para casarse con hombres de otros países de la misma etnia. Nos decía que como mujeres mandincas y africanas teníamos que estudiar y luchar, aprovechar que él había salido adelante como intérprete en Bélgica. Siempre pensé que esta suerte me había venido para algo y que no iba a quedarme en Europa como abogada, sino que iría a África“.

Diakhoumba Gassana tiene veintinueve años y desde que decidió completar sus estudios en Derecho realizados en Francia con un máster en Derechos Humanos en Sudáfrica, no ha pasado ni una década. Sin embargo, desde entonces ha trabajado en la Fiscalía del Tribunal Penal Internacional para el genocidio ruandés, ha sido reponsable del área para los derechos de las mujeres y cuestiones de salud y reproductivas del Directorio de Mujer, Género y Desarrollo y de la Unión Africana  y, en la actualidad, es la Coordinadora para África del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) y responsable del Secretariado de la Red de mujeres africanas y españolas por un mundo mejor, cuya sede está en Canarias. Ha sido una de las ponentes de las Jornadas sobre empoderamiento y liderazgo de las mujeres en las TIC que el Consejo de Juventud de España celebró el pasado fin de semana en Gijón.

¿Cuáles son los objetivos de la Red de Mujeres Africanas y Españolas para un mundo mejor?

Es una iniciativa novedosa que ofrece la oportunidad a África de demostrar lo que es capaz de hacer y de ofrecer, una nueva imagen más allá del continente del hambre y la guerra. El objetivo de la red es hacer un intercambio activo y práctico entre mujeres africanas y españolas que tienen el mismo objetivo: mejorar las condiciones de las mujeres. También queremos que las mujeres españolas se den cuenta de que hay unas soluciones básicas a sus problemas que se ha llevado a cabo en África con éxito.
Se trata de un nuevo modelo de cooperación porque es horizontal, no hay un dictamen de una parte a la otra. Hay una indepencia para elaborar estrategias porque el secretariado está a cargo de la ONU y nuestro primer objetivo es el de satisfacer las expectativas de las organizaciones de mujeres, de ofrecerles las herramientas para que puedan desarrollar sus programas.

Siendo senegalesa y habiendo vivido la mayoría de tu vida en Europa, ¿cómo valoras la situación del proceso de la inmigración en España?

Viviendo en Canarias es una realidad diaria. Fue una sorpresa porque yo crecí en Bélgica y trabajé como becaria en una oficina nacional para la gente que pide asilo. Por tanto desde muy temprano en mi vida he tenido que ver la realidad de estas personas y desde allí pensaba que España era el sitio con una mejor posición en este sentido. Pensaba que era respetuosa con los derechos humanos, que por lo menos intentaba escuchar a la gente antes de enviarla fuera de Europa. Y ahora, con las nuevas leyes que se están planteando creo que se puede dar un paso atrás. Entiendo perfectamente que España tiene la presión de Europa, pero también tiene una oportunidad que se va alejando más y más. España no tiene una historia de colonialismo y barbarie en África y con su involucración en la cooperación puede hablar con el continente, fomentar la prevención, apoyar los movimientos de democratización y modernización de estos países. Estoy segura de que bajaría el número de personas que vienen ilegalmente. España podría ahorrar muchos esfuerzos y cambiar la imagen de relación Norte-Sur cambiando las técnicas sobre inmigración. Hay países que trabajan la prevención pero uno no puede quedarse un su país donde no tiene agua.

Desde pequeña, Diakhoumba viajaba cada año a Senegal  “y me di cuenta de que sólo las mujeres trabajan y pensé que era porque ellas no habían tenido como yo la oportunidad de salir fuera y alguien como mi padre, el primer feminista de mi vida. Entonces pensé que tenía que intentar convencerles de que no pueden seguir viviendo así”. La palabra oportunidad está contínuamente presente en el discurso de esta mujer de casi un metro ochenta de altura, alegre, optimista y con una presencia muy fuerte que se refuerza y endurece cuando sacamos a relucir las violaciones públicas que se cometieron recientemente en Guinea Conakry durante una manifestación pacífica. “Lo que ha pasado nos ha dejado boquiabiertos. Si no hablamos de ello ahora mismo podremos ver las repercusiones porque signifcará que todo el mundo está de acuerdo, que si tenemos una dictadura militar pueden hacer lo que quieran con su población y nadie va a hacer nada. Y es el momento de cuestionar la verdadera eficiencia de las organizaciones de defensa de los derechos humanos en África y en el mundo. Como UNIFEM vamos a llevarlo lo más lejos que podamos dentro de la ONU porque tenemos que tener resoluciones y soluciones para que estas mujeres por lo menos sean recompensadas y vean a sus agresores condenados”.

¿Cómo valoras el hecho de que no haya tenido apenas repercusión en los medios de comunicación?

Es un silencio criminal. Lo hemos visto en todos los conflictos y es muy típico en las situaciones que afectan a África. A mi me parecía que el trabajo del periodista era honorable, como el del médico o como muchos trabajos que se dedican a la ciudadanía. Porque creo  que si te pasa algo y nadie lo oye, como en Guinea, es como una segunda violación. Los medios tienen la responsabilidad de sacar estas historias porque lo peor para estas mujeres es que nadie reconozca lo que les ha pasado. Y lo vimos en Ruanda, en Congo… También es el momento de reflexionar sobre la importancia del trabajo del periodista. Comprendo las complicaciones laborales pero estamos en 2009 y me parece loco que se puedan hacer cosas así, que se podrán ver incluso por satélites, y que no salgan a la luz.

¿Cómo ves el futuro de África?

Tenemos diez años críticos para  fomentar una ciudadanía activa, para quitarnos de encima los dictadores. Si nos ponemos cada uno de los millones de africanos que hemos tenido la suerte de estar fuera de nuestros países, de tener una situaciones económicas más o menos buenas, si nos ponemos en marcha por nuestro contienente es posible conseguirlo. Pero necesitamos el apoyo de otros, como España y los países nórdicos. El destino de África está en manos de los africanos pero también en nuestras manos porque no podemos ponernos al lado y mirar y disfrutar del espectáculo porque por desgracia la pobreza, la guerra se han convertido en el paisaje para muchas generaciones. Ha llegado el momento de decir nunca más, no lo aceptamos, porque tiene consecuencias más allá de las fronteras del continente y si África se hunde todos estamos en peligro.


  • El autor del vídeo de Barajas habla para P+DH desde Senegal
  • Las versiones policiales son contradictorias y niegan un trato indigno
  • Asociaciones profesionales de abogados están investigando el caso

Lydia Molina / Juan Luis Sánchez

Su vídeo se ha convertido en uno de los más vistos del día en los medios de comunicación, pero casi nadie le ha llamado desde España para saber qué ocurrió. Lamine Mbengue, productor audiovisal senegalés que vive y trabaja en España, grabó cómo la Policía Nacional reducía a un inmigrante al pie de un avión con unos métodos que han condenado varias organizaciones sociales.

Lamine se disponía a subir a ese mismo avión con destino Dakar el pasado martes 16 de junio. Antes de comenzar a embarcar, “vimos que la Policía intentaba meter a una persona en el avión, pero que éste no quería subirse. Nosotros podíamos ver a la Policía, pero ellos a nosotros no”. Lamine, como el resto del pasaje – “españoles, franceses, senegaleses” – observó “cómo uno de los policías le pegaba”. Y entonces “saqué mi cámara”.

“Le han pegado, le han metido una cosa en la boca para que no gritara, le han atado… le han tratado como a una oveja. No es normal”, comenta Lamine. “Nosotros sabemos que hacer volver a un senegalés así a su país es como matarlo, porque matas la esperanza de toda su familia”. Lamine niega que su compatriota mostrara una actitud agresiva: “no intentó pegarle a la Policía. Es solo un chico que no quería subir a un avión. ¡Ya está!”.

Surgió entonces “un movimiento de solidaridad con esta persona maltratada entre los pasajeros”, que no querían subir al avión para impedir que saliera con el inmigrante a bordo. Tras más de 8 minutos inmovilizándolo, la Policía subió al detenido a la furgoneta y le perdieron de vista.

Reacciones policiales contradictorias

Las declaraciones de las diferentes fuentes policiales no coinciden. Tanto el Sindicato Unificado de Policía (SUP) como la Conferación Española de Policía (CEP) han sostenido que el ciudadano senegalés es un inmigrante en situación irregular procedente del Centro de Internamiento de Extranjeros de Algeciras que “ha sido puesto en libertad instantes después del incidente” porque “el plazo para su repatriación”, tras el máximo legal de 40 días, “expiraba el martes”. Sin embargo, fuentes de la Policía Nacional han asegurado que el detenido es “un delincuente con antecedentes” que, al mostrar resistencia a ser deportado, “fue trasladado a dependencias policiales”.

Por otro lado, el sindicato mayoritario de policías reclama a las autoridades que les indique claramente hasta qué punto pueden ejercer la fuerza en estos casos. La respuesta está en las Normas de Actuación en las Repatriaciones (…) (pdf), aprobadas en septiembre de 2007 por el Ministerio del Interior, que establece que los expulsados que se resistan “podrán ser inmovilizados por medios que no pongan en peligro su dignidad e integridad física” (punto 4.3.8).

En el minuto 5:25 del vídeo se aprecia cómo uno de los agentes tapa la boca del detenido, ya inmovilizado en el suelo. La CEP acusa a una de las organizaciones que han denunciado los hechos de “mentir de forma temeraria al afirmar que a los inmigrantes ‘se les pone un bozal’”. Hace menos de un mes, el Defensor del Pueblo ha tenido que reclamar que “no se obstruyan las vías respiratorias”.

La Asociación de Abogados Europeos de Inmigración (ABEDIE) y la Asociación Profesional de Abogados de Extranjería de Madrid (APAEM) han confirmado a P+DH que están investigando el caso y que lo han puesto en conocimiento del Colegio de Abogados de Madrid.

Senegal, pendiente del caso

La noticia está ya en todos los medios senegaleses, según cuenta Lamine: “todo el país quiere saber dónde está el chico, si está vivo o muerto, si tiene problemas, si le han maltratado mucho y qué van a hacer con los policías que han hecho una cosa así. Si el Gobierno de España no dice nada, es que está de acuerdo con lo que ha hecho la Policía”.