P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

Una mujer sentada frente a las ruinas de un edificio tras el terremoto de 8,8  en Talca, Chile, Feb. 27, 2010. (AP Photo/Sebastian Martinez) #

Una mujer sentada frente a las ruinas de un edificio tras el terremoto de 8,8 en Talca, Chile, Feb. 27, 2010. (AP Photo/Sebastian Martinez)

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Recursos informativos por Ramón Salaverría


por Álvaro Vicente Palazón

Abordar al periodista Jon Lee Anderson en la puerta, a punto de dar una conferencia, con uno de sus libros, “La caída de Bagdad” (Anagrama), en la mano le hace sonreír. Creo que espera que le pida una firma. No ha reparado en que en mi otra mano sujeto una pequeña grabadora. Quiero una entrevista.

El idioma no será problema, Jon maneja un amplio español. Habla con la cadencia y el pulso de sus crónicas. De manera fluida, interrumpido por breves pausas que le permiten calcular las próximas palabras mientras deja espacio para asimilar la tensión de las escenas que narra. Un suave seseo, la entonación norteña y el espeto de algún que otro chévere delatan una precoz formación al otro lado del Atlántico a la que se mantiene fiel. Precisamente empezó como reportero en la redacción de “The Lima Times”. Es más, fue en Sudamérica donde Jon Lee Anderson se inició como periodista de guerra. Porque al fin y al cabo ha venido a eso, a hablar de guerra.

Soldados de EEUU de patrulla en Afganistán. (AP / David Guttenfelder)

Soldados de EEUU de patrulla en Afganistán. (AP / David Guttenfelder)

Más adelante, en la propia conferencia, recuerda los conflictos de El Salvador, Nicaragua y Centroamérica como las primeras guerras que cubrió. Desde entonces -han pasado ya 30 años- Anderson se ha revelado como un periodista ecléctico. Ha cubierto catástrofes (el huracán Katrina y más recientemente el devastador terremoto de Haití), ha radiografiado ciudades, aldeas y barrios (desde las favelas de Rio hasta Mogadiscio, capital de Somalia), ha cultivado el reportaje, la opinión, la biografía y un género en el que ha acuñado un método propio, la semblanza. Quizá explique esto su renuencia a etiquetarse como “periodista de guerra”, pero no puede evitar reconocer que su carrera periodística “se ha visto matizada por las guerras, con pausas para escribir libros periodísticos, biografías…”. No obstante, pausas relativamente poco frecuentes desde hace unos diez años en los que ha trabajado como corresponsal para “The New Yorker” en territorios como Irak o Afganistán.

Tras los atentados del 11 de septiembre enfocas tu carrera periodística en la crónica de guerra, ¿qué cambió aquel día?

Yo me marché a la guerra, sentí no solamente que el mundo iba a cambiar, sentí la compulsión de estar en un momento histórico y necesitaba acompañarlo, atestiguarlo.

Mi vida cambió. Ya ha vuelto a sus cauces, pero durante cinco años mi vida estuvo en guerra, no hice otra cosa que estar en guerra. Tenía una especie de sentimiento de obligación. No es que abandonara a mi familia, pero lo consideré de gran importancia. Cambió mi vida.

Supongo que tu primer contacto con la guerra, aunque como espectador lejano, fue durante el conflicto con Vietnam, ¿cómo lo viviste?
Yo era un niño cuando la guerra de Vietnam. Me ayudo a concienciarme, mi conciencia política, mi sensibilización social se despierta con Vietnam y con las luchas de derechos civiles de la población afroamericana en EEUU. Pero como periodista empiezo a curtirme en la posguerra de Vietnam, en esa primera generación posterior, abiertamente contraria a la política y a la conducta exterior norteamericana. Los de mi generación nos consideramos casi como los fiscales ambulatorios del gobierno norteamericano (ríe).

 Soldados de EEUU en Afganistán (AP / David Guttenfelder)

Soldados de EEUU en Afganistán (AP / David Guttenfelder)

Precisamente la Guerra de Vietnam marca un punto de inflexión en la cobertura mediática de los conflictos armados. No ha vuelto a repetirse la libertad de prensa, de movimiento… que las autoridades norteamericanas permitieron entonces.
Yo creo que es más bien un error de juicio, de percepción. La guerra de Vietnam, en cuanto a la intervención norteamericana en el país, duró trece años, desde mediados de los sesenta hasta mediados de los setenta. La mayoría de los periodistas que cubrieron Vietnam lo hicieron empotrados junto a las tropas, como en gran parte de las guerras anteriores en otros países. Ese modelo empezó a resquebrajarse en Vietnam, hubo algunos que hicieron reportajes sobre la sociedad vietnamita, pero la gran mayoría de los reporteros lo hizo junto a los soldados. No es que a partir de entonces se hayan vuelto más restrictivos, han seguido una política de mayor acercamiento, mayor tacto psicológico con el periodista. Es decir, hoy en día puedes ir a las guerras de Irak y Afganistán empotrado con las tropas norteamericanas o las de la OTAN y no te censuran. Piden que no reveles cuestiones de inteligencia militar que puedan amenazar la seguridad de la tropa, como el lugar exacto en el que escribes tu crónica. Que no avises de la muerte de algún soldado antes de que pueda ser notificado a sus familiares. O bien que si asistes a una reunión “clasificada” no la desclasifiques.

Soldados de EEUU transportan un compañero herido. (AP / David Guttenfelder)

Soldados de EEUU transportan un compañero herido. (AP / David Guttenfelder)

Ellos no necesitan censurarte, en la práctica caes en una especie de Síndrome de Estocolmo. Ocurre cuando uno anda diez días o dos semanas con unos soldados que arriesgan su vida para protegerte en un ambiente inhóspito, se crean lazos afectivos de grupo, sobre todo si son del país de uno, de su misma cultura, religión, idioma. Eso hace que uno se autocensure, sin que se lo pidan. Es muy envolvente.

Éste es, en concreto, el eje de la conferencia que imparte, invitado por la Obra Social La Caixa, en Madrid y Barcelona; “El reto de contar la verdad en plena guerra”. Anderson reconoce que “igual que la censura, cualquier imposición en nosotros duele y nos resentimos” pero aún así “buena parte de los nuevos periodistas no conocen otra forma de cubrir la guerra que no sea el empotramiento, nunca han sido free lance, deambulando solos entre ambos bandos”.

Hoy en día la cobertura de guerras como las de Irak o Afganistán procede casi en exclusiva de periodistas empotrados. Frente a esta forma de cubrir la guerra, el veterano periodista se muestra algo escéptico. “No es carente de ética hacerlo, y es más uno tiene todo a mano. Casi siempre le suministran comida, seguridad y transporte. En momentos difíciles viene muy bien a los periodistas, aunque acabas pasando las mismas penurias que las tropas; marchas nocturnas, peligros… Por supuesto hay un trueque, pero es implícito. A lo que voy es que no necesitan imponer una censura dura y draconiana porque entienden que ésta va implícita en la relación que establecen”. Y sentencia; “eso pende sobre toda la noticia. Es bueno tenerlo en cuenta.”

Sin embargo, reconoce que “muchas de las cosas que sabemos que han ocurrido en las guerras de la última década provienen de periodistas empotrados, los que supuestamente están bajo la sumisión del Pentágono o de uno de los ejércitos en guerra en el mundo con interés por ocultar sus verdades y sus desmanes.”

Acompañar a las tropas ofrece otra ventaja, la de conocer de primera mano el rumbo de la ofensiva, los próximos pasos de la campaña. La de estar ahí para contarlo desde el principio. Ya curtido en todo esto a fuerza de haberla enfrentado en años, Jon deshace mitos; “por más bien que preparas una operación militar… la guerra es como un virus que escapa del laboratorio, la violencia es como un organismo malévolo que busca clonarse, crea efectos que no puedes visualizar”. La crónica nunca puede escribirse antes de tiempo.

En cada uno de los conflictos a los que ha dado cobertura, también en el reciente caso de Haití, el reportero ha buscado “gente de confianza que conozca las hostilidades del terreno”. Ha acompañado a tropas de su propio país pero a menudo ha enfrentado el camino por cuenta propia, ha sentido la tierra bajo las uñas. Para Anderson convertirse  en “embedded reporter” de manera permanente, en un sempiterno periodista empotrado, “es uno de los muchos desafíos éticos que podríamos calificar de obstáculos para que se tenga información imparcial desde los conflictos”.

No es el único desafío del periodista de conflictos armados. Jon reconoce los compromisos, las obligaciones inherentes a su condición de relator de guerra.

 David Guttenfelder, 12º Premio Internacional de Fotoperiodismo "Ciudad de Gijón" 2008.  Guerra en Afganistán.

David Guttenfelder, 12º Premio Internacional de Fotoperiodismo "Ciudad de Gijón" 2008. Guerra en Afganistán.

La sociedad empieza a inmunizarse contra la barbarie, las noticias que llegan de Afganistán e Irak ya no sorprenden a nadie y parece que la atención que generan es cada vez menor. ¿Cómo conseguir desde el periodismo reestablecer el interés y combatir la apatía de la sociedad?

Sí, es un reto mayor y no sé si tengo la clave mágica. Creo que utilizando distintos géneros; documentales largometrajes con componentes de entretenimiento o de narrativa visual. También obras periodísticas gráficas como “Vals con Bashir” o “Persépolis” son formas de llegar a un público más amplio, educados en base a una manera distinta de recibir las noticias. Creo que hay que probar todos los medios posibles para que lo que pase en el mundo siga incidiendo. Yo estoy dispuesto a que, si veo que la gente no lee mis crónicas en “The New Yorker” y asimismo no son reproducidas en otros países como España, estoy dispuesto a trabajar con un dibujante y hacer un libro gráfico si de esa manera llega a más gente, a los jóvenes. Yo hago de todo. Si es creativo, ¿por qué no? Creo que estamos en momentos nuevos, interesantes, que implican ciertas dificultades pero nos ofrecen nuevas posibilidades.

La reciente comisión Chilcot en el Reino Unido, y otra paralela en Holanda ya conclusa, se han propuesto esclarecer los motivos que impulsaron a ambos gobiernos a participar en la invasión de Irak así como dictaminar si ésta fue legal o no. ¿Ha jugado la prensa este papel en los Estados Unidos?

(Calla, pensativo). Los mismos diarios se han encargado de fiscalizarse. “The New York Times” ha hecho unos mea culpa en público bastante desgarradores, lo único que no ha hecho es arrancarse los pelos del pecho. En EEUU la prensa es muy abierta y se ha encargado de fiscalizarse. Aún así no se ha llegado a hacer lo que están haciendo en Inglaterra ahora y yo creo que sí, hay que hacerlo. Quizá no sea éste el momento, pero sí, es bueno que lo hagan. No sólo por la motivación de la guerra de Irak, por muchas cosas. Para mí Bush ha de ser enjuiciado y Cheney debe ir a la cárcel. Que un ex-vicepresidente de los EEUU sea más conocido por sus argumentos a favor de la tortura es una vergüenza, ha de ser amonestado por lo menos. Sí, es una deuda pendiente que tienen con nosotros.

Y a todo esto me surge una breve pregunta que languidece ya antes de escaparse, ¿cuando será el momento? Pero para entonces Jon es requerido por los encargados del Caixa Fórum y dejo que mi pregunta se apague.


A las 16 horas, 53 minutos y 8 segundos del 12 de enero los haitianos vivían en el infierno. Escombros, basura, aguas infectadas, pobreza, enfermedades, hambre y violencia en un país en el que no hay Gobierno. Los jóvenes juegan al fútbol en los descampados para olvidar el dolor. Un señor vende algo de agua por la calle, cargando con la garrafa sobre su cabeza. Sólo 2 de cada 10 personas tienen para comer. Sólo uno de cada dos niños tiene un colegio donde ir. Así era Haití el 12 de enero, a las 16 horas, 53 minutos y 8 segundos. Un segundo antes de que la tierra temblara.

“Una ventolera” sacudió el coche de Vicente. “Al cabo de unos segundos las paredes empezaron a caer una detrás de otra. Todo se cortó de repente”, cuenta en una carta a su familia, “pero pude hablar con el jefe de misión, que nos mandó volver al hospital, que es lo que estaba deseando”. Vicente Rey, pamplonés, es logista de Médicos Sin Fronteras y trabajaba en uno de los tres hospitales que la organización mantenía desde hace años en Puerto Príncipe.

“El hospital me pareció entero, aunque dentro se habían desmoronado las paredes. Una chica del equipo, completamente histérica, me consiguió decir entre los nervios que todos los pacientes habían sido evacuados y que estaban sacando a los últimos niños de la pediatría. Después de una corta conversación con el jefe de misión montamos las tiendas de emergencia para los que pudieran llegar”. Y llegaron.

http://www.msf.es/img/video/TerremotoHaitiaumentanoperaciones.flv

Mientras tanto, en los otros dos puntos de la ciudad también gestionados por la ONG, el centro de salud de Martissant y un hospital especializado en traumatología, la solución era parecida: destrozado el edificio, los pacientes fueron trasladados al exterior, donde se recibía además a un reguero confuso y malherido de personas que iba llegando desde el centro de la ciudad. Tres semanas después, en Martissant se siguen limpiando heridas y haciendo vendajes a 80 personas cada día. Entre sus camillas han nacido, desde el 12 de enero, 25 niños.

Los equipos se dispersaron también entre el resto de centros médicos de la ciudad y de las poblaciones cercanas. En el distrito de Carrefour, mientras los ingenieros especializados constataban que lo que había quedado en pie del hospital de esa zona podía caer en cualquier momento, se instalaron los equipos en una escuela cercana. Se realizaron 90 cirugías en apenas 24 horas. En otros barrios, como Delmas 77, las clínicas móviles hacen las veces de hospital de campaña.

Loreto Barceló estaba en China. “Acababa de participar en dos operaciones de emergencia en Sumatra y El Salvador y ya me tocaban vacaciones”. Tuvo que dejarlas cuando se constató que lo de Haití desbordaba el dispositivo local. Nos atiende por teléfono desde Puerto Príncipe a sus 8 de la mañana. “Acabamos de distribuir el trabajo; ya están los equipos en marcha”.

La ciudad es un problema. “Lo diferente para mí en este caso es el medio en el que se ha producido: un gran núcleo urbano”, cuenta Loreto. “En el campo, las áreas son abiertas, los accesos son más fáciles. En la ciudad no puedes ni hacer unas letrinas y los hospitales móviles están rodeados de edificios donde se está haciendo limpieza de escombros”.

“Trabajamos desde el minuto 1, porque estamos allí desde 1991″, nos cuenta Carlos Ugarte, portavoz de MSF. Es un error pensar en el médico sin fronteras como un hombre blanco, trabajador circunstancial y ajeno al país donde trabaja. En el momento del terremoto, de los 740 personas de MSF en Haití, 700 eran haitianos. Ocho de ellos murieron en el seísmo. “Seguimos sin saber nada de seis más”. Un grupo de cooperantes belgas hizo una pequeña comprobación entre las casas de 75 compañeros haitianos de MSF: solo uno seguía teniendo su hogar en pie. Loreto nos cuenta que “muchos compañeros locales han perdido a parte de su famila, o su casa, y siguen trabajando. Paradójicamente, a la vez que prestan ayuda, ellos también están siendo atendidos porque lógicamente la situación les está generando muchos problemas de salud mental”.

http://www.msf.es/img/video/HaitiTerremoto.flv

Han pasado 21 días y, según Carlos Ugarte, “desde el punto de vista médico, la situación sigue siendo crítica. Seguimos en fase de cirujía, es decir, atendiendo a todas esas personas que deberían haber sido atendidas el mismo día de la catástrofe, porque requieren amputaciones u otro tipo de operaciones urgentes”. “Hay gente que está siendo operada por segunda vez”, apunta Loreto desde Puerto Príncipe, “ya que tienen fracturas o lesiones tan graves que les obliga a pasar de nuevo por quirófano”. Con material y formación, el equipo de Loreto está ayudando al personal del Ministerio de Sanidad de Haití a que se haga gradualmente responsable de la situación en los centros públicos. Pero el Gobierno no es capaz ni de proporcionar agua. “Todo depende ahora mismo de la ayuda internacional”, dice Ugarte. “Calculamos que estaremos unos 6 o 7 meses atendiendo a pacientes directamente afectados por la catástrofe”.

El problema logísto, aunque se ha reducido, no es menor. Todavía duelen las vidas que se hayan podido perder por la falta de coordinación en el reparto de ayuda y por las prioridades de Estados Unidos al gestionar la única pista de aterrizaje del aeropuerto de Puerto Príncipe. Médicos sin Fronteras ha denunciado que hasta 6 aviones cargados de material sanitario procedente de los centros logísticos de Panamá y Europa han sido desviados a República Dominicana, desde donde la carga tuvo que ser trasladada por carretera. Según Aitor Zabalgogeazkoa, director general de Médicos Sin Fronteras, “cinco personas murieron en uno de los hospitales gestionados por MSF por el síndrome de aplastamiento, una dolencia que puede tratarse con máquinas de diálisis que no llegaron a tiempo a Puerto Príncipe”.

Síndrome de aplastamiento

Niños con sarampión porque nunca fueron vacunados. Epidemias de meningitis, diarreas, difteria y problemas psicológicos muy graves. En Haití, el ‘milagro’ del rescate no termina cuando las personas salen vivas de entre los escombros, porque eso no le garantiza que vaya a poder vivir mucho más.

“Al salir de las ruinas con los músculos y los tejidos aplastados y dañados, muchas toxinas salen, por ejemplo, de la pierna y se acumulan en la sangre, tanto que a veces los riñones no pueden eliminarlas todas y la única solución pasa por la diálisis”, comenta desde Puerto Príncipe en su blog el nefrólogo Stefaan Maddens. Diálisis en un país en el que, un segundo antes del terremoto, la cobertura sanitaria gratuita no existía para el 95% por ciento de la población.

El equipo de Maddens, que con la logística de MSF puede atender a 35 personas al día, se sorprende de que “tantos días después del desastre todavía se encuentren pacientes aplastados. Hemos visto cómo una gran cantidad eran remitidos a nuestro centro con el síndrome varios días después del seísmo. Para la mayoría de estas personas, esto significa realmente la salvación“.

A las 16 horas, 53 minutos y 9 segundos, líquido inflamable cayó en forma de terremoto sobre el infierno de Haití. En ese mismo segundo, un grupo de personas ya sabía que cuando aquello dejara de moverse, podrían comenzar a ayudar. Porque ya estaban allí.

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Algunos datos

Con las aportaciones de los socios y de los donantes de emergencia, MSF, desde el día del terremoto:

  • ha tratado a más de 11.200 pacientes
  • ha realizado más de 1.320 intervenciones quirúrgicas.
  • ha desplegado un equipo de 1.125 haitianos y 360 extranjeros en 20 localizaciones diferentes.
  • ha enviado 31 aviones con 940 toneladas.
  • ha perdido a ocho cooperantes, fallecidos en el terremoto, y no saben nada de seis más.
  • ha contado con el apoyo de Greenpeace, que le ha cedido uno de sus barcos más grandes cargado de ayuda y combustible.

Reproducimos íntegramente, con su permiso, el mail que el cooperante Óscar Serrano ha enviado desde Haití a sus compañeros de Acción contra el Hambre en España. Óscar es nutricionista y uno de los 20 especialistas en emergencias que esta ONG tiene en estos momentos en Puerto Príncipe.


Enviado el: martes, 19 de enero de 2010 5:25
Para: Alicia G …..

Asunto: Haiti con el corazón en un pañuelo

Hola Alicia…

Por fin he conseguido parar por hoy… Después de 16 horas del tirón, comiendo en media hora con el plato en la mano, espero resultar suficientemente coherente…

Estoy en nuestra oficina provisional. La real se hundió con mucho de nuestro personal dentro, afortunadamente estaban en la planta primera, que de repente se convirtió en la planta baja. Sólo tenían contusiones o un susto de muerte… pero mucho de nuestro personal no ha aparecido aún, otros no han venido a trabajar porque estaban rescatando o llorando a su familia. Nuestros empleados locales han perdido la casa y algún ser querido, y cuando salen de aquí duermen en la calle como otros miles de personas, y luego se presentan aquí a las 8 para empezar su jornada laboral. Un equipo especial de psicólogos de Acción contra el Hambre va a entrevistarles y hacer lo que puedan para ayudarles a recuperarse del golpe en la medida de lo posible.

Nosotros también estamos en tiendas de campaña, porque no se puede entrar a la casa de expatriados vistas las fisuras y destrozos que ha sufrido. La oficina está bajo un plástico y funcionamos con generador y baterías.

 Angie Dumee de diez años aprieta la mano de su padre, Pierre Dumee, mientras es curado. Haití (AP Photo/Julie Jacobson)

Angie Dumee, de diez años, aprieta la mano de su padre, Pierre, mientras es curado. Haití (AP Photo/Julie Jacobson)

Hoy ha sido el día de visitar los campos, de avisar a la gente para las pruebas de reclutamiento de personal de mañana. Tan complicado es el tema, que nuestra mejor fuente de personal de salud son los campamentos de damnificados… Por eso, tendré que ir uno por uno y hacer los test 4 veces, ocupando todo el día.. Necesitamos enfermeros, o lo más parecido para formarlos y poder abrir cuanto antes las tiendas de acogida para madres lactantes y pequeños huérfanos que han perdido a su mamá, y su fuente de alimento o supervivencia, como lo quieras ver.

Por su lado, los de agua y saneamiento han podido posicionar 6 puntos de distribución de agua en dos de los campamentos. Cada una de las vejigas contiene 10000 l., pero el agua se acababa en una o dos horas.

La población está desesperada. La gente se protege bajo plásticos, sábanas, sacos, tumbados, si tienen suerte, sobre los colchones que han recuperado de sus casas, y esperan… Hemos visitado un orfanato que estaba un poco tocado, pero ha resistido a pesar de haber perdido 3 niños de entre los adolescentes durante el terremoto. Media ciudad está en ruinas… Las Naciones Unidas han retirado entre ayer y hoy 80000 cadáveres de las calles, que van directos a fosas comunes para reducir los riesgos de enfermedad y epidemia..

Cuando vemos a la gente por la calle, parece una ciudad normal, van y vienen ocupados en sus cosas. La diferencia es que mientras hacen eso, tienen aún a sus seres queridos atrapados ( y muertos) bajo los escombros de lo que fue su casa, se tapan la nariz con mascarillas y otros inventos para evitar el olor de los cuerpos en descomposición y, sobre todo las enfermedades que temen se les peguen al respirar… Y buscan sin descanso comida, agua, ayuda para su familia, luz o alguien que les escuche. En cada esquina hay letreros escritos sobre sabanas que piden ayuda en varios idiomas “Necesitamos Agua y Comida!”

Para terminar, os cuento la historia de Germaine, la estudiante de enfermería que hoy nos acompaño para traducir cuando hablamos con los representantes de las comunidades o campamentos. Estaban en clase cuando tembló la tierra y su aula cayó 5 plantas. De 81 estudiantes solo sobrevivieron 12, ella completamente ilesa pero atrapada toda la noche en bajo los escombros. Menos suerte tuvo su hermana, también estudiante, que murió en su clase de derecho. Y aún le cuesta levantar la vista cuando conducimos por la ciudad.

Ahora si que me tengo que ir a dormir!!

Un abrazo y no te acostumbres a estas parrafadas!! Necesitaba poner un poco las cosas en contexto

Óscar


por Leila Nachawati

Tras el terremoto del 12 de enero, que ha dejado unos 100.000 muertos, todo el mundo habla estos días de Haití, país que se describe rutinariamente como “el más pobre de Latinoamérica”.

El bombero español Óscar Vega coge en brazos Redjeson Hausteen, un niño de dos años que fue rescatado de una casa derrumbada por el terremoto en Puerto Príncipe, Haiti (AP Photo/Gerald Herbert)

El bombero español Óscar Vega coge en brazos Redjeson Hausteen, un niño de dos años que fue rescatado de una casa derrumbada por el terremoto en Puerto Príncipe, Haiti (AP Photo/Gerald Herbert)

Para hablar con propiedad, más que pobre deberíamos decir que Haití es un país empobrecido, ya que no le han faltado recursos ni capacidades sino que ha sido llevado a la pobreza. En el Máster en Cooperación al Desarrollo y Gestión de ONG en la Universidad de Granada vimos en detalle las dimensiones de conceptos como pobreza-empobrecimiento y de otros relacionados con la cooperación y la ayuda al desarrollo que encajan perfectamente con el contexto de Haití y que me gustaría explicar en esta entrada.

Al hablar de Haití, decir que no se ha hecho lo suficiente para paliar las consecuencias de un desastre natural más que anunciado es quedarse muy corto. La historia de Haití es la de una miseria deliberada, fomentada por las potencias occidentales.

Haití fue el primer país en rebelarse contra la esclavitud. Desde que la isla fue invadida por Cristóbal Colón y se convirtió en el mayor proveedor de esclavos a las colonias españolas en América, su historia ha sido la de la lucha contra la esclavitud, de la que nunca ha logrado librarse del todo. Cada paso que el país ha dado hacia su autonomía política y económica ha sido aplastado por intereses occidentales. A la colonización española siguió la de Francia, que supuso la tala indiscriminada de bosques y la sobreexplotación de los recursos naturales de la isla. Los enfrentamientos entre España, Francia e Inglaterra por el control de Haití fueron aprovechados por el revolucionario François Dominique Toussaint-Louverture, que organizó el levantamiento de la población contra los ocupantes.

EEUU, que ahora anuncia a bombo y platillo los millones destinados a ayuda humanitaria, invadió la isla en 1915 y ha mantenido una intervención constante en los cambios políticos que se han ido sucediendo. Apoyó militar y económicamente al dictador François Duvalier, Papa Doc, al que sucedió su hijo. Respaldó después a Jean-Bertrand Arisitide, elegido presidente democráticamente, hasta que giró hacia políticas más izquierdistas. Entonces apoyó un golpe de estado contra él.

El intervencionismo político ha ido unido a una imposición de modelos económicos liberales que no responden a las necesidades de la isla y que han asfixiado su economía. Estos son algunos de los instrumentos que han secuestrado el desarrollo de Haití:

  • El libre comercio: En teoría consiste en eliminar o rebajar los aranceles que protegen bienes o servicios entre países. En la práctica, entre países en situaciones económicas desiguales tiene a menudo muy poco de comercio y nada de libre. La competencia entre países desarrollados y en desarrollo suele ser desleal y poco transparente, lo que con frecuencia se traduce en inundar países empobrecidos de productos occidentales cubiertos por subvenciones estatales con las que las que los locales no pueden competir. El arroz es el alimento básico y la principal fuente de actividad en Haití, que cuenta con productores bastante eficientes, pero en la última década su producción se ha visto secuestrada por la liberalización del sector, que ha producido enormes beneficios a Estados Unidos y ha hundido en la miseria a los pequeños agricultores haitianos. En un estudio publicado en el Observatorio de Economía Latinoamericana se analizan en detalle la producción de arroz en Haití, el proceso de liberalización comercial y sus devastadoras consecuencias
  • Los créditos FAD, también llamados “créditos concesionales”: Consisten en otorgar préstamos a países en desarrollo a condición de que los fondos se destinen a proyectos que debe aprobar el país que los presta. Además, las empresas que llevan a cabo los proyectos también deben ser del país que concede el crédito. Según el ICEX estos créditos permiten “la penetración de empresas españolas en nuevos mercados y el conocimiento de sus productos, otorgando para sus proyectos unas condiciones de financiación muy ventajosas, que hacen su oferta más competitiva.” Es decir, un chollo para el país del primer mundo, que además de recibir la devolución del dinero se asienta comercialmente en el país al que supuestamente dice ayudar. Lo más escandaloso de estos créditos es que forman parte de las políticas de Ayuda Oficial al Desarrollo, cuando no hacen más que secuestrar las economías de los receptores. Plataformas como 2015 y más, que lucha por que se cumplan los Objetivos de Desarrollo del Milenio, promueven campañas para cancelar este tipo de “ayudas”.
  • La deuda externa: A través de créditos FAD, que les resulta imposible devolver, y de la dependencia que crea la imposición de productos extranjeros, los países empobrecidos acumulan una deuda a la que no pueden hacer frente. La deuda se convierte en un cáncer para estas economías maltrechas y boicotea su desarrollo. Iniciativas como Quién debe a quién reclaman desde hace años a los gobiernos la condonación de la deuda externa de países como Haití, que debe 30 millones de euros solamente a España.

Condonar la deuda, sustituir los créditos FAD por verdaderos mecanismos de ayuda y establecer intercambios comerciales justos que fomenten el desarrollo serían buenas iniciativas para intentar reparar el daño causado y reaccionar al desastre humanitario en el que está sumido Haití. De momento, y como de costumbre, la única reacción es poner parches en forma de grandes despliegues económicos bien publicitados. No dejan de ser irónicas las palabras de la Secretaria de Estado de EEUU, Hilary Clinton, en rueda de prensa ayer: “Estaremos en Haití hoy, mañana y siempre”.

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Actualización 20, 40h

Médicos Sin Fronteras denuncia que den prioridad a los aviones con militares


La solidaridad económica en tiempos globales también tiene aranceles. Hacer una transferencia de 50 euros a una cuenta gestionada por una ONG que esté trabajando en Haití puede dejar en manos de tu banco un mínimo de 3 euros. Hay formas de evitarlo, pero algunas entidades no lo están poniendo fácil.

Hacemos la prueba y comenzamos por el caso más voluntarioso, el del BBVA. Llamamos al teléfono de atención al cliente:

[audio:http://pmasdh.periodismohumano.com/files/2010/01/llamada-BBVA-info.mp3]

“Es un desastre humanitario y si se da un donativo, no se va a cobrar…”

En el BBVA sí se ha dado orden de que no se cobren comisiones sobre las donaciones y, para los usuarios que estén alerta, se comprometen a devolver aquellas que se carguen “por error”. Por error quiere decir por falta de previsión y de reacción: por un lado, los sistemas informáticos no siempre están preparados para excepciones y, por otro, la información no llega a las sucursales. Llamamos a una oficina cualquiera del BBVA, en Segovia. No saben nada.

[audio:http://pmasdh.periodismohumano.com/files/2010/01/llamada-oficina-BBVA.mp3]

“Que yo sepa, eso no es así. Las transferencias son gratis solo si tienes la nómina con nosotros”

El ‘efecto sorpresa’ o la confusión que podría alegarse quedan anulados por la magnitud de la tragedia y, sobre todo, por la experiencia. En 2004, tras el tsunami del Índico en el que murieron más de 200.000 personas, varias organizaciones de consumidores y humanitarias se quejaron del beneficio que los bancos estaban sacando de la solidaridad posterior a la tragedia. La mayoría de las entidades bancarias rectificaron y retiraron sus comisiones. Entonces argumentaron que no se habían visto en una así y que todo se debió a la “falta de experiencia”.

(Photo United Nations, Logan Abassi)

Haití , 14 Enero 2010 (Photo United Nations, Logan Abassi)

Han pasado más de 5 años y en el teléfono del Banco Santander nos dicen que “esto es como los préstamos o las hipotecas; dependiendo de la relación con el cliente, de la confianza depositada, te pueden quitar la comisión en tu sucursal. Si la haces por Internet o teléfono, no podemos hacer nada”. Ni rastro de que haya una orden parecida a la del BBVA. Todo depende de la voluntad de quien maneja tu oficina de cabecera.

El problema, en el lado de las sucursales, es encontrar una persona que quiera – o sienta – que puede ejercer su autonomía y quitarte esa comisión. “Nosotros no hemos recibido notificación ninguna de que podamos condonar ese recargo”, dice una trabajadora de una sucursal de La Caixa, elegida al azar en Cáceres. En sus oficinas centrales de Barcelona argumentan que, a pesar de que no se hayan eliminado las comisiones, en la práctica no tiene por qué haberlas. “Si realizas una transferencia a una cuenta dentro de La Caixa no hay cargo”, señala un portavoz oficial, “y todas las ONG en Haití tienen una cuenta de La Caixa”, en referencia a este listado.

Solidaridad libre de comisiones

“Para la gran mayoría de bancos y cajas, el terremoto financiero que sacude sus balances debe enjugarse con dinero recaudado como sea”, dice Paco Sanz, de la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas de Ahorros y Seguros (ADICAE), “y la normativa no pone límites en absoluto al cobro de comisiones”. La política lo ha intentado por las buenas, pero sin éxito: el Parlamento Europeo en 2004 y el Congreso español en 2005 pidieron formalmente a los bancos que se comprometieran a eliminar las comisiones en periodos inmediatamente posteriores a una catástrofe natural o humanitaria.

Gunsly Milsoit consuela a su cuñado Leo Pierre tras la muerte de Milsoit Kelly, su hermana y esposa de Leo, embarazada de tres meses durante el terremoto. (Gerald Herbert / AP)

Gunsly Milsoit consuela a su cuñado Leo Pierre tras la muerte de Milsoit Kelly, su hermana y esposa de Leo, embarazada de tres meses. (Gerald Herbert / AP)

La Coordinadora de ONG al Desarrollo de España confirma que desde el tsunami de 2004 “las cosas no han cambiado”. “Sabemos que algunos bancos negocian a nivel particular con algunas ONG para eliminar ciertos recargos, o que negocian los los clientes a título personal, pero no hay un compromiso oficial ni colectivo”, afirman los portavoces de la Coordinadora, que piden a los donantes que, al hacer su transferencia, “exijan moralmente al personal del banco que elimine todo recargo”.

Actualización (15/01 | 13.20h)

En declaraciones a P+DH, la organización de usuarios y consumidores FACUA, a través de su portavoz Rubén Sánchez, se une a la Coordinadora de ONG y pide a los bancos “que desarrollen un protocolo que garantice realmente que estas transferencias sean libres de comisiones”. Además, también hacen un llamamiento “a todos los donantes para que, si creen que les han cobrado, exijan que se lo reembolsen”.

Ausbanc acaba de hacer público un comunicado sumándose a la petición “a las entidades bancarias para que no cobren las transferencias a las ONG y, en el caso de haberlo hecho, que reintegren el dinero”.

Los lectores de P+DH aportan sus casos Actualización (17.00h)

Los lectores de P+DH están compartiendo desde esta mañana sus experiencias en nuestra página de Facebook y en meneame.net:

  • Nuria: “Desde el Banco Popular haciendo un traspaso a la cuenta del banco popular de la Cruz Roja me cobran 1,04 €uros. Repito es un traspaso de mi cuenta del Banco Popular a la cuenta de la Cruz Roja del mismo banco. INDIGNANTE y VERGONZOSO”.
  • Jellheimn: “Sí, habrá un desastre pero esas entidades financieras tienen que mantener muchos puestos de trabajo cada día. Para hacer una transferencia hay personal que se encarga de tramitarlo, supervisarlo, cuadrar… son empleados con nómina”.
  • Xabi: “Ayer mismo, tras hacer una transferencia, escribí una queja a mi banco diciéndoles que me parecía fatal que sacaran ganancia de una donación a una ONG. Lo busqué bien y no tenían ningún lugar específico para realizar donaciones, ni en su página principal ni en la de gestión de mi cuenta…Me han respondido diciendo que no tienen medios técnicos para saber si la transferencia es una donación a una ONG… ja!”
  • Cristina: “Hice una transferencia a la cuenta de Triodos Bank de MSF desde la web de Barclays (…) Me han cobrado 2,63 euros (…) Automáticamente he mandado un mensaje a Barclays pidiéndoles que o bien me devuelvan la comisión o, al menos, den ese dinero a la ONG. (…) Esta es la respuesta del banco:

Estimado Sr.[sic]: Le informamos que Barclays, en colaboración con las organizaciones Cruz Roja y Unicef, pone a disposición de sus clientes la siguiente cuenta destinada a la captación de fondos para contribuir a los trabajos de recuperación por el terremoto de Haiti: 0065 – 0100 – 15 – 0001581749 Puede ordenar un traspaso totalmente gratuito a esta cuenta. Si requiere de más información le rogamos contacte con el Servicio de Banca Telefónica en el número de teléfono 901 14 14 14. Atentamente, Barclays.

A lo que Cristina responde “¿Por qué tienen que elegir ellos a qué ONG doy mi donativo?”.

Cómo evitarlo

  1. Llama a tu sucursal de confianza y no al teléfono de información general. Puede que tengas que convencer al banquero de que no te cobre comisión.
  2. Realiza tus donaciones a través de las webs que algunas entidades han creado específicamente para este caso. Por ejemplo, La Caixa tiene en portada de su web un enlace a un sistema de donaciones sin comisión. El BBVA ha creado colaboraconhaiti.com
  3. Busca una cuenta bancaria de destino que “cuadre” con tus condiciones. Si te salen gratis las transferencias desde donde domicilias tu nómina, busca una cuenta que la ONG de destino tenga en esa misma entidad.
  4. Cambia de banco. Hay entidades que no cobran nunca comisiones por transferencias, como ING Direct, y otros que practican la banca ética, como Tríodos.
  5. Y, por supuesto, no te fíes de extraños intermediarios.

Actualización (16 de enero): La banca admite errores y el Gobierno pide una solución

¿Has hecho un donativo? ¿Cómo? ¿Sabes si has pagado comisión?

Cuéntanoslo en los comentarios o en nuestra página de Facebook.


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(AP Photo/Jorge Cruz)

Haití, 13 de Enero, 2010. (AP Photo/Jorge Cruz)

Carel Pedre, de Radio1 Haití, habla sobre el terremoto momentos después.

Haití, 13 de Enero, 2010. (AP Photo/Ricardo Arduengo)

Haití, 13 de Enero, 2010. (AP Photo/Ricardo Arduengo)

Haití ANTES del TERREMOTO

Patrick Farrell. Premio Pulitzer 2009

Patrick Farrell. Premio Pulitzer 2009

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