P+DH – el blog de la redacción de periodismohumano

Un soldado iraqiuí es registrado al llegar a votar durante la votación temprana del ejército. Marzo de 2010. Ramadi, Irak.  AP Photo/Khalid Mohammed)

Un soldado iraqiuí es registrado al llegar a votar durante la votación temprana del ejército. Marzo de 2010. Ramadi, Irak. AP Photo/Khalid Mohammed)

por Alberto Arce

“El parlamento iraquí actual es mejor que el anterior y el que resulte elegido el 7 de marzo será mejor que el que nos gobierna hoy. Estamos aprendiendo poco a poco y sin experiencia previa. La democracia no nace de la nada. En Europa hay gobierno y oposición, en Irak es más complicado, aquí tenemos una división sectaria que lo condiciona todo”. Abdel Latif Al Hassany, Presidente de la región de Muthanna, una de las más tranquilas, situada al sur de Irak, resume con dicho tópico la naturaleza del proceso político que atraviesa su país bajo la tutela de una ocupación extranjera en retirada y una sociedad civil harta de una clase política y un estado que no garantizan la electricidad, el agua potable o la atención sanitaria para la población de un país devastado y convertido, tras siete años de guerra en un auténtico basurero. Al Hassany insiste en transmitir normalidad y garantizar seguridad. Su objetivo último, evidente, invitar a empresas extranjeras para que construyan en su región.

Las elecciones legislativas del 7 de marzo giran, aparentemente, en torno al debate sobre una serie de candidatos a los que se acusa de pertenecer al ilegalizado Baath, partido único del régimen derrocado hace siete años y abrumadora mayoría sunita. Según la explicación del Gobernador de Muthana y en vista de la tensión generada por la prohibición de concurrir a las elecciones que se les ha impuesto, sería fácil asegurar que el gobierno iraquí, de mayoría chiíta, con apoyo kurdo, trataría de profundizar la política de división sectaria, léase actual exclusión de la minoría sunita, que tan crueles consecuencias ha tenido para los iraquíes tras la invasión norteamericana.

Si a eso le suman una serie de atentados suicidas cuyas cifras de fallecidos se convierten en rutinariamente elevadas, recurrentes pesadillas de decapitaciones de familias completas o ejecuciones extemporáneas que ya nadie se esperaba como la de Ali “el químico”, Ex Ministro de Defensa del régimen de Saddam que ordenó la limpieza étnica de los kurdos, nos encontraríamos ante el mismo relato de la realidad iraquí que viene repitiéndose cual inevitable bucle desde hace varios años. El único resultado posible de este peligroso cóctel es la continuación de la violencia. Una violencia que, de desbordarse, justificaría la permanencia de las tropas extranjeras con fecha de abandono del país a lo largo del año 2011.

 Carteles electorales en las calles de Bagdad. (AP Photo/Khalid Mohammed

Carteles electorales en las calles de Bagdad. (AP Photo/Khalid Mohammed

No obstante, en una tertulia de hombres de mediana edad que se reúne prácticamente a diario en el kiosko de prensa de Abu Salwan, situado junto al garaje del parten los taxis en Al Ahlam, al sur de Bagdad, se amplía y normaliza el relato. Un poco de historia, recordada por Basil Abdelkarim, nos permite comprender que, si bien es cierto que la violencia es la lamentable característica que define gran parte de la realidad iraquí, su origen se remontaría a 1958, fecha en la que el ejército se hizo cargo de la situación bajo diferentes formas y, por tanto, la realidad actual no presenta demasiadas diferencias de fondo respecto de los últimos 50 años. Tampoco el sectarismo. Antes una minoría sunita controlaba el país en lo que muchos iraquíes califican como una auténtica dictadura totalitaria, ahora una mayoría chiíta lo hace con apoyo kurdo y formas relativamente democráticas. Se ha dado la vuelta a la tortilla. Sin más. Nada nuevo bajo el sol o las tormentas de arena iraquíes. Leer más


por Álvaro Vicente Palazón

Abordar al periodista Jon Lee Anderson en la puerta, a punto de dar una conferencia, con uno de sus libros, “La caída de Bagdad” (Anagrama), en la mano le hace sonreír. Creo que espera que le pida una firma. No ha reparado en que en mi otra mano sujeto una pequeña grabadora. Quiero una entrevista.

El idioma no será problema, Jon maneja un amplio español. Habla con la cadencia y el pulso de sus crónicas. De manera fluida, interrumpido por breves pausas que le permiten calcular las próximas palabras mientras deja espacio para asimilar la tensión de las escenas que narra. Un suave seseo, la entonación norteña y el espeto de algún que otro chévere delatan una precoz formación al otro lado del Atlántico a la que se mantiene fiel. Precisamente empezó como reportero en la redacción de “The Lima Times”. Es más, fue en Sudamérica donde Jon Lee Anderson se inició como periodista de guerra. Porque al fin y al cabo ha venido a eso, a hablar de guerra.

Soldados de EEUU de patrulla en Afganistán. (AP / David Guttenfelder)

Soldados de EEUU de patrulla en Afganistán. (AP / David Guttenfelder)

Más adelante, en la propia conferencia, recuerda los conflictos de El Salvador, Nicaragua y Centroamérica como las primeras guerras que cubrió. Desde entonces -han pasado ya 30 años- Anderson se ha revelado como un periodista ecléctico. Ha cubierto catástrofes (el huracán Katrina y más recientemente el devastador terremoto de Haití), ha radiografiado ciudades, aldeas y barrios (desde las favelas de Rio hasta Mogadiscio, capital de Somalia), ha cultivado el reportaje, la opinión, la biografía y un género en el que ha acuñado un método propio, la semblanza. Quizá explique esto su renuencia a etiquetarse como “periodista de guerra”, pero no puede evitar reconocer que su carrera periodística “se ha visto matizada por las guerras, con pausas para escribir libros periodísticos, biografías…”. No obstante, pausas relativamente poco frecuentes desde hace unos diez años en los que ha trabajado como corresponsal para “The New Yorker” en territorios como Irak o Afganistán.

Tras los atentados del 11 de septiembre enfocas tu carrera periodística en la crónica de guerra, ¿qué cambió aquel día?

Yo me marché a la guerra, sentí no solamente que el mundo iba a cambiar, sentí la compulsión de estar en un momento histórico y necesitaba acompañarlo, atestiguarlo.

Mi vida cambió. Ya ha vuelto a sus cauces, pero durante cinco años mi vida estuvo en guerra, no hice otra cosa que estar en guerra. Tenía una especie de sentimiento de obligación. No es que abandonara a mi familia, pero lo consideré de gran importancia. Cambió mi vida.

Supongo que tu primer contacto con la guerra, aunque como espectador lejano, fue durante el conflicto con Vietnam, ¿cómo lo viviste?
Yo era un niño cuando la guerra de Vietnam. Me ayudo a concienciarme, mi conciencia política, mi sensibilización social se despierta con Vietnam y con las luchas de derechos civiles de la población afroamericana en EEUU. Pero como periodista empiezo a curtirme en la posguerra de Vietnam, en esa primera generación posterior, abiertamente contraria a la política y a la conducta exterior norteamericana. Los de mi generación nos consideramos casi como los fiscales ambulatorios del gobierno norteamericano (ríe).

 Soldados de EEUU en Afganistán (AP / David Guttenfelder)

Soldados de EEUU en Afganistán (AP / David Guttenfelder)

Precisamente la Guerra de Vietnam marca un punto de inflexión en la cobertura mediática de los conflictos armados. No ha vuelto a repetirse la libertad de prensa, de movimiento… que las autoridades norteamericanas permitieron entonces.
Yo creo que es más bien un error de juicio, de percepción. La guerra de Vietnam, en cuanto a la intervención norteamericana en el país, duró trece años, desde mediados de los sesenta hasta mediados de los setenta. La mayoría de los periodistas que cubrieron Vietnam lo hicieron empotrados junto a las tropas, como en gran parte de las guerras anteriores en otros países. Ese modelo empezó a resquebrajarse en Vietnam, hubo algunos que hicieron reportajes sobre la sociedad vietnamita, pero la gran mayoría de los reporteros lo hizo junto a los soldados. No es que a partir de entonces se hayan vuelto más restrictivos, han seguido una política de mayor acercamiento, mayor tacto psicológico con el periodista. Es decir, hoy en día puedes ir a las guerras de Irak y Afganistán empotrado con las tropas norteamericanas o las de la OTAN y no te censuran. Piden que no reveles cuestiones de inteligencia militar que puedan amenazar la seguridad de la tropa, como el lugar exacto en el que escribes tu crónica. Que no avises de la muerte de algún soldado antes de que pueda ser notificado a sus familiares. O bien que si asistes a una reunión “clasificada” no la desclasifiques.

Soldados de EEUU transportan un compañero herido. (AP / David Guttenfelder)

Soldados de EEUU transportan un compañero herido. (AP / David Guttenfelder)

Ellos no necesitan censurarte, en la práctica caes en una especie de Síndrome de Estocolmo. Ocurre cuando uno anda diez días o dos semanas con unos soldados que arriesgan su vida para protegerte en un ambiente inhóspito, se crean lazos afectivos de grupo, sobre todo si son del país de uno, de su misma cultura, religión, idioma. Eso hace que uno se autocensure, sin que se lo pidan. Es muy envolvente.

Éste es, en concreto, el eje de la conferencia que imparte, invitado por la Obra Social La Caixa, en Madrid y Barcelona; “El reto de contar la verdad en plena guerra”. Anderson reconoce que “igual que la censura, cualquier imposición en nosotros duele y nos resentimos” pero aún así “buena parte de los nuevos periodistas no conocen otra forma de cubrir la guerra que no sea el empotramiento, nunca han sido free lance, deambulando solos entre ambos bandos”.

Hoy en día la cobertura de guerras como las de Irak o Afganistán procede casi en exclusiva de periodistas empotrados. Frente a esta forma de cubrir la guerra, el veterano periodista se muestra algo escéptico. “No es carente de ética hacerlo, y es más uno tiene todo a mano. Casi siempre le suministran comida, seguridad y transporte. En momentos difíciles viene muy bien a los periodistas, aunque acabas pasando las mismas penurias que las tropas; marchas nocturnas, peligros… Por supuesto hay un trueque, pero es implícito. A lo que voy es que no necesitan imponer una censura dura y draconiana porque entienden que ésta va implícita en la relación que establecen”. Y sentencia; “eso pende sobre toda la noticia. Es bueno tenerlo en cuenta.”

Sin embargo, reconoce que “muchas de las cosas que sabemos que han ocurrido en las guerras de la última década provienen de periodistas empotrados, los que supuestamente están bajo la sumisión del Pentágono o de uno de los ejércitos en guerra en el mundo con interés por ocultar sus verdades y sus desmanes.”

Acompañar a las tropas ofrece otra ventaja, la de conocer de primera mano el rumbo de la ofensiva, los próximos pasos de la campaña. La de estar ahí para contarlo desde el principio. Ya curtido en todo esto a fuerza de haberla enfrentado en años, Jon deshace mitos; “por más bien que preparas una operación militar… la guerra es como un virus que escapa del laboratorio, la violencia es como un organismo malévolo que busca clonarse, crea efectos que no puedes visualizar”. La crónica nunca puede escribirse antes de tiempo.

En cada uno de los conflictos a los que ha dado cobertura, también en el reciente caso de Haití, el reportero ha buscado “gente de confianza que conozca las hostilidades del terreno”. Ha acompañado a tropas de su propio país pero a menudo ha enfrentado el camino por cuenta propia, ha sentido la tierra bajo las uñas. Para Anderson convertirse  en “embedded reporter” de manera permanente, en un sempiterno periodista empotrado, “es uno de los muchos desafíos éticos que podríamos calificar de obstáculos para que se tenga información imparcial desde los conflictos”.

No es el único desafío del periodista de conflictos armados. Jon reconoce los compromisos, las obligaciones inherentes a su condición de relator de guerra.

 David Guttenfelder, 12º Premio Internacional de Fotoperiodismo "Ciudad de Gijón" 2008.  Guerra en Afganistán.

David Guttenfelder, 12º Premio Internacional de Fotoperiodismo "Ciudad de Gijón" 2008. Guerra en Afganistán.

La sociedad empieza a inmunizarse contra la barbarie, las noticias que llegan de Afganistán e Irak ya no sorprenden a nadie y parece que la atención que generan es cada vez menor. ¿Cómo conseguir desde el periodismo reestablecer el interés y combatir la apatía de la sociedad?

Sí, es un reto mayor y no sé si tengo la clave mágica. Creo que utilizando distintos géneros; documentales largometrajes con componentes de entretenimiento o de narrativa visual. También obras periodísticas gráficas como “Vals con Bashir” o “Persépolis” son formas de llegar a un público más amplio, educados en base a una manera distinta de recibir las noticias. Creo que hay que probar todos los medios posibles para que lo que pase en el mundo siga incidiendo. Yo estoy dispuesto a que, si veo que la gente no lee mis crónicas en “The New Yorker” y asimismo no son reproducidas en otros países como España, estoy dispuesto a trabajar con un dibujante y hacer un libro gráfico si de esa manera llega a más gente, a los jóvenes. Yo hago de todo. Si es creativo, ¿por qué no? Creo que estamos en momentos nuevos, interesantes, que implican ciertas dificultades pero nos ofrecen nuevas posibilidades.

La reciente comisión Chilcot en el Reino Unido, y otra paralela en Holanda ya conclusa, se han propuesto esclarecer los motivos que impulsaron a ambos gobiernos a participar en la invasión de Irak así como dictaminar si ésta fue legal o no. ¿Ha jugado la prensa este papel en los Estados Unidos?

(Calla, pensativo). Los mismos diarios se han encargado de fiscalizarse. “The New York Times” ha hecho unos mea culpa en público bastante desgarradores, lo único que no ha hecho es arrancarse los pelos del pecho. En EEUU la prensa es muy abierta y se ha encargado de fiscalizarse. Aún así no se ha llegado a hacer lo que están haciendo en Inglaterra ahora y yo creo que sí, hay que hacerlo. Quizá no sea éste el momento, pero sí, es bueno que lo hagan. No sólo por la motivación de la guerra de Irak, por muchas cosas. Para mí Bush ha de ser enjuiciado y Cheney debe ir a la cárcel. Que un ex-vicepresidente de los EEUU sea más conocido por sus argumentos a favor de la tortura es una vergüenza, ha de ser amonestado por lo menos. Sí, es una deuda pendiente que tienen con nosotros.

Y a todo esto me surge una breve pregunta que languidece ya antes de escaparse, ¿cuando será el momento? Pero para entonces Jon es requerido por los encargados del Caixa Fórum y dejo que mi pregunta se apague.


Israel deja de matar … de momento.

por Javier Bauluz. Publicado en PEG en domingo, enero 18, 2009

Hace dos minutos que la maquinaria de Israel ha dejado de matar en Gaza. De momento. Pero no se retiran y seguirá el conflicto. Es una buena noticia, sobre todo para quienes llevan semanas viviendo bajo el terror, encerrados en un campo de concentración o gheto de donde no pueden huir y donde pasan todo tipo de calamidades y necesidades básicas. El complejo de Scarlet O´Hara en “Lo que el viento se llevo” parece ser la única explicación al comportamiento inhumano de parte de los descendientes de los campos y ghetos nazis.

Afortunadamente para los palestinos ya tocaba cambiar de tercio, hoy o mañana, ante la venida del profeta negro Obama. Tenían que parar ya la fiesta gore para no aguar la celebración del ansiado cambio de ¿rumbo o sólo de Presidente? de los EEUU, el primo de Zumosol de Israel, amo y señor absoluto de los derechos humanos del planeta. Un patio ensangrentado y difícil para el nuevo líder del Imperio más odiado, junto a Israel, por una gran parte de los habitantes de este triste mundo donde los ricos van al cielo y los pobres se comen la miseria y su propia hambre.

Nadie en su sano juicio pensaría que ningún país puede hacer lo que hacen Israel y EEUU sin ser condenados y castigados por la famosa comunidad internacional que sólo actúa contundentemente cuando a aquellos les conviene. Patético. Tan patético como la triste figura del hipotético Presidente del mundo, el secretario general de la ONU, suplicando paz mientras a pocos kilómetros, al otro lado del infame muro de Israel, bombardeaban la cuarta escuela-refugio de la onu (con minúsculas). Una lluvia de fuego cayó sobre la escuela, sobre civiles, niños, mujeres, médicos y personal de la onu para celebrar el cercano fin de la orgía de sangre israelí.

“Afortunadamente” sólo murieros dos niños, su madre y otros cuatro palestinos “normalitos”, de esos a los que ya no impresiona a nadie que los maten, ya que ni siquiera son niños, aunque tal vez son padres, y pudiera ser que, tal vez, podrían ser conocidos de algún tipo que alguna vez saludó a su vecino de Hamás. Es decir, potenciales terroristas, de esos que tiran cohetes caseros que ya han matado a cuatro ciudadanos israelies, en los tiempos en que han asesinados más de 1.000 palestinos, sin el “ciudadanos”, por supuesto.

Entre ellos más de 300 niños que supongo que estarán en el limbo, felices al cesar su sufrimiento, terror y angustia propia de esos pequeños seres humanos que, como mi hijo y el tuyo, lo único que necesitan es sentirse protegidos y amados. Justo lo que los niños palestinos sienten cuando sus madres impotentes les abrazan en medio de las bombas cayendo.

“Si existe Dios estará llorando”, decía ayer un amigo israelí del médico y padre palestino que vió como mataban a tres de sus hijas y herían a otras dos en su propia casa, sólo unos momentos antes de entrar en antena de una televisión israelí a hablar de la necesidad de la coexistencia pacifica. Su llanto y sus gritos de dolor en directo angustiaron al periodista israelí y seguro que también a muchos israelíes de corazón limpio, de esos que se manifiestan contra la agresión mientras les llaman traidores en la calles, o de esos que se niegan a ser soldados que matan civiles.

También a aquellos judíos de todo el mundo que están horrorizados y avergonzados de lo que hacen sus hermanos con Gaza y que gritan a los cuatro viento !No en mi nombre¡. Esos otros judíos que tambien podrían ser acusados de antisemitas, igual que a quienes defienden los derechos humanos, por la perfecta maquinaria de propaganda israelí que manipula con eficacia germana los medios de comunicación y las almas de los crédulos.

Una vez más me siento orgulloso de pertenecer a la misma profesión que muchos de los colegas periodistas que han desafiado al miedo, la locura y tambien al dolor propio, ya que la mayoría de ellos son del pueblo palestino, para ser nuestros ojos y oídos dentro de ese campo de concentración de Gaza, al que Israel ha querido dejar sin testigos ni periodistas. Gracias, muchas gracias por vuestro coraje.

Ese periodismo con derechos humanos por el cual trabajamos y que queremos muchos periodistas y ciudadanos que ya firmamos el Manifiesto P+DH aunque, por miedo o interés, los grandes medios no quieran ni publicar las fotografías duras o las historias de los derechos de las personas anónimas que sufren las consecuencias de las decisiones de los que salen en portada encorbatados o encorbatadas.

Hoy he visto lo que para mí sería el próximo Premio Pulitzer. Las fotografías tomadas por Mohammed Abed bajo el fuego de los proyectiles israelíes que caían sobre su cabeza y las de los refugiados y médicos en la escuela de la onu. Creo que son el símbolo del coraje del periodista que necesita contar, a riesgo de su propia vida, lo que sucede a quienes se les niegan los derechos humanos.

Gaza: Un año después según MSF

Información sobre Gaza hoy


Las organizaciones de derechos humanos sospechan que “pudo haber al menos dos muertos más” en los altercados de aeropuerto hondureño de Tegucigalpa

El tumulto, las tensiones, los disparos, los heridos y los muertos. “Todo pasó en una hora terrible y angustiante” pero previsible. Y de hecho prevista, según Mery Argucia, portavoz de una de las principales organizaciones de derechos humanos en Honduras, COFADEH . “Hubo un aviso previo a todos los médicos forenses y a los funcionarios de la morge para que estuvieran preparados. A los que no estaban en turno, les pidieron que estuvieran localizables en casa. Alguien previó que esa noche iba a haber trabajo“.

Los manifestantes se acercan a la barrera formada por soldados en el aeropuerto de Tegucigalpa (Foto: James Rodríguez)

Los manifestantes se acercan a la barrera formada por soldados en el aeropuerto de Tegucigalpa (Foto: James Rodríguez)

“Yo estuve en el aeropuerto. Fue algo multitudinario y pacífico. Pero de repente un avión pasó por encima del aeropuerto y la gente pensó que se trataba del avión del presidente Zelaya. Los manifestantes, sobre todo los jóvenes, se acercaron mucho a los militares, que cortaban el paso hacia las pistas de aterrizaje. Los militares se pusieron nerviosos y empezaron a disparar indiscriminadamente. El pánico se propagó rápidamente. Muchos corrimos para ponernos a salvo”.

En este vídeo publicado por la BBC se aprecia cómo el Ejército comienza a disparar, mientras que los manifestantes gritan a varios metros de distancia desde la valla, donde se han abierto algunos agujeros.

Casquillos de bala recogidos por los manifestantes (Foto: James Rodríguez)

Casquillos de bala recogidos por los manifestantes (Foto: James Rodríguez)

“El Ejército dice que no disparó balas convencionales sino de goma, pero dispararon ambas cosas. Hemos documentado la recogida de 20 casquillos de balas convencionales”, comenta Argucia. Las fuerzas de seguridad hondureñas niegan que se disparara con fuego real y, por tanto, niega que una de esas balas acabara con la vida de Isis Obed Murillo, el único muerto confirmado en la manifestación. Pero las organizaciones de derechos humanos sospechan que Isis no fue la única víctima mortal de la tarde del domingo.

Luis R. A. tiene 21 años y afirma que mientras a él le limpiaban las heridas sufridas en la manifestación en un hospital de Tegucigalpa, a su lado murió una mujer que sangraba abundantemente por la garganta. Es el testimonio que intenta contrastar Mary Argucia y su equipo, que no ha encontrado rastro de esta mujer en ningún registro hospitalario ni en las morgues de la ciudad. Tampoco hay rastro de un niño de 8 años al que varios testigos en la manifestación “dicen haber visto caer al suelo herido mortalmente en la cabeza, mientras trataba de huir en una estampida. Otro testigo que lo cargaba en sus brazos dijo que estaba muerto. Lo hemos estado buscando en todas las áreas de cirujía en los hospitales infantiles y no lo hemos encontrado.”

Las organizaciones hondureñas han recibido apoyo exterior. Una delegación de activistas humanitarios procedentes de Guatemala, y encabezados por la Premio Nobel Rigoberta Menchú, se han sumado a las denuncias y reprocha al Gobierno hondureño “la militarización del país y el uso indiscriminado de la fuerza sin control, que ha derivado en la violación de derechos humanos tan elementales como el derecho a la vida”. Además de las producidas durante la manifestación, se culpa al entorno golpista del asesinato del periodista Gabriel Fino Noriega, ametrallado el pasado 3 de julio “por enemistades personales” según la versión oficial. Además, se han producido “180 detenciones vinculadas con el toque de queda” que rige en todo el país a partir de las 9 de la tarde.
Repasa la cobertura en directo de P+DH de los acontecimientos del domingo.

Las fotografías de este artículo pertenecen al reportaje Tragedia en Toncontin’ de James Rodríguez, periodista gautemalteco que está haciendo un excelente trabajo sobre el terreno.

Texto: Patricia Simón. Entrevistas: Lydia Molina y Jessica Romero. Fotos: Javier Bauluz   (c) PIRAVÁN
A principios de año el gobierno israelí recomendó a sus militares no viajar a España, Francia, Reino Unido y los países nórdicos porque podrían ser detenidos y juzgados por crímenes de guerra, tal como le sucedió en 1997 al dictador Pinochet. Si la reforma de la Justicia Universal española prospera los culpables de crímenes contra la humanidad podrán seguir paseando su impunidad por el mundo. Contra la propuesta del PP y del PSOE se han alzado más de 100 organizaciones sociales.

La recomendación del gobierno israelí  tuvo lugar el 25 de enero, apenas una semana después de que acabase la ofensiva israelí contra Gaza que asesinó 1400 palestinos en poco más de veinte días. Era la respuesta a las denuncias de numerosos organismos internacionales y de defensa de los derechos humanos contra la comisión de crimenes contra la humanidad y que exigían la apertura de procesos judiciales en los tribunales internacionales y nacionales.

El gobierno israelí también  anuncia una resolución para regir la protección legal y política de los militares que fuesen denunciados fuera del país por crímenes de guerra.

Palestino golpeado y esposado por soldados israelíes durante la primera Intifada.    (c) Javier Bauluz /PIRAVÁN

Palestino golpeado y esposado por soldados israelíes durante la primera Intifada. (c) Javier Bauluz /PIRAVÁN

Cuatro días después, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu acepta a trámite una querella por los ataques israelíes que se produjeron sobre Gaza en el año   2002   y que mataron a 14 personas (un presunto líder de Hamás y el resto civiles), imputando al ex ministro de Defensa Benjamín Ben-Eliezer junto a seis militares israelíes.

Inmediatamente, la entonces ministra de Exteriores de Israel, Tzipi Livni, que en esos momentos encabezaba candidatura en plena campaña electoral israelí, realiza unas declaraciones en la que dice que su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos, le ha prometido reformar el sistema judicial para evitar este tipo de acciones. A su vez Moratinos en una entrevista radiofónica reconoce la existencia de la gestión y asegura que se hará lo posible para modificar la normativa española.

-  En marzo, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón pide a la Fiscalía que le informe de si debe investigar la querella interpuesta contra seis abogados norteamericanos considerados los “responsables jurídicos” de la creación del centro de detención de Guantánamo. Tras la negativa de la Fiscalía, el caso es asumido por el juez Eloy Velasco quien remite una rogatoria a Estados Unidos en la que pide ser informado si ha realizado alguna investigación en relación a la cárcel de Guantánamo. Paralelamente, ante la desclasificación de los documentos elaborados por los asesores de la Administración Bush, en los que se definía el marco legal para que la CIA empleara la asfixia y el ahogamiento simulados y otras prácticas coercitivas en interrogatorios, el presidente Barack Obama prometía que los ejecutores de las torturas no serían juzgados, aunque dejaba la puerta abierta para los responsables políticos.

El 27 de abril, Garzón abre  una causa para investigar a los posibles “autores materiales, inductores, cooperadores necesarios y cómplices” de los delitos de torturas cometidos en el centro de detención norteamericano de Guantánamo basándose en la desclasificación de los mencionados documentos en los que “se constata lo que antes se intuía: un plan autorizado y sistemático de tortura y malos tratos sobre personas privadas de libertad sin cargo alguno y sin los elementales derechos de todo detenido”, apunta el magistrado en el auto.

La noticia tiene gran impacto en Estados Unidos, se convierte en portada de los principales periódicos, es aplaudida por las organizaciones de derechos humanos y rechazada por numerosos representantes del partido republicano, pero también del demócrata, un sector del cual quiere cerrar este asunto del que estaban al tanto durante el mandato de Bush.
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Siete parlamentarios laboristas de Gran Bretaña y 10 líderes sindicales de ese país, estadounidenses y canadienses se declararon en “estado de shock” tras su visita a Colombia, según informó Constanza Vieira (IPS). Entre los parlamentarios  se destaca el ex ministro de Defensa y ex portavoz del gabinete británico Peter Kilfoyle, quien renunció en 2000 por considerar que el entonces primer ministro Tony Blair no estaba cumpliendo el mandato del Partido Laborista. 

En un fuerte comunicado  leído en plena sede del parlamento colombiano, la misión parlamentaria y sindical acusó al gobierno del derechista Álvaro Uribe de ser presunto “cómplice en delitos de lesa humanidad”. “No tenemos dudas, dadas las evidencias recibidas, de que el gobierno colombiano de Álvaro Uribe y la fuerza pública son cómplices de abusos de derechos humanos”, dice el comunicado leído por la parlamentaria Sandra Osborne, del gobernante Partido Laborista e integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña.  “Además, estamos convencidos de que las actividades asesinas de los paramilitares son aprobadas y activamente apoyadas por el gobierno y el ejército“, leyó Osborne en referencia a las milicias de ultraderecha.

Foto Javier Bauluz/ Piraván

Foto Javier Bauluz/ Piraván

Según un informe de octubre de 2008 de Amnistía Internacional, en 2007 fueron asesinados fuera de combate 1.400 civiles. En 2006 los asesinados fueron 1.300. En el primer semestre de 2008, cerca de 270.000 personas huyeron de sus hogares, lo que constituyó un aumento del desplazamiento forzado de 41 por ciento respecto de 2007.  Además, desde mediados de 2002 han sido asesinados al menos 1.200 civiles indefensos para ser presentados como bajas de la guerra contrainsurgente, es decir éxitos militares. Y adema Amnistía Internacional dice que el Presidente Álvaro Uribe, debe cesar sus acusaciones falsas y peligrosas contra grupos de derechos humanos que critican a su gobierno

Por otra parte, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) aseguró que en 2008 se registraron al menos 1.610 violaciones del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en Colombia, perpetradas por “todas las partes” en el marco del conflicto interno de este país. Entre estas violaciones se produjeron al menos 300 casos de ejecuciones sumarias, 289 desapariciones …“.

Yves Heller dedicó un capítulo especial a la situación de los desplazados entre los 2,5 y los cuatro millones, más de la mitad son menores de 18 años. “Son niños, con las consecuencias que se pueden esperar para el desarrollo económico y social del país”, afirmó Heller. Aparte, advirtió, “más del 70 por ciento de los desplazados no pueden volver nunca a sus casas”, con lo que pasan de ser campesinos con tierras propias para ganarse la vida por sí mismos a pobres necesitados de la ayuda humanitaria en las ciudades, advirtió. “Los desplazados son el grupo de población más pobre de Colombia”, explicó.

Por otra parte Human Rights Watch y otras siete organizaciones pidieron al gobierno colombiano respetar y retractarse de declaraciones gubernamentales que ponen en riesgo a defensores de los derechos humanos.